Hitler ha vuelto camuflado en un profesor de waterpolo e historia. Y, con él, un grupo de jóvenes súbditos traspasa la barrera de un experimento de clase. O, por lo menos, eso es lo que evoca La Ola del alemán Dennis Gansel (Napola, 2004; Tres días, 2008), quien retoma los sucesos ocurridos en una escuela californiana del 67 para hacer una reflexión sobre la facilidad del surgimiento de una dictadura con el apoyo de las nuevas generaciones.
En la Alemania actual todavía genera profundas sensibilidades dictar la materia de Autocracia y hacerla sorprendentemente divertida se convierte en la obsesión de Rainer Wenger, un docente de educación física que asume el reto, mientras su fama entre los alumnos crece de manera descomunal. El papel es interpretado por el versátil Jürgen Vogel, quien es una celebridad consagrada debido a su capacidad para transformar sus emociones en locos personajes creíbles.
Uno de los mayores atractivos de la cinta es, en definitiva, la metamorfosis del maestro desprestigiado por sus compañeros de trabajo que alcanza la gloria cuando sus alumnos se convierten en una masa uniformada que lo sigue como si fuera una estrella de rock y por el que son capaces de hasta asesinar.
El filme va mucho más allá de exponer lo que sucede en un salón de clases. Sí, existen diferencias sociales, se entra en discusión por ideas contrarias, el chico tímido busca la aceptación de los rebeldes vendiéndoles droga y la mejor amiga de la más popular desea secretamente a su novio, quien es, además, un deportista con problemas familiares.
Entonces, ¿qué diferencia a La Ola de las producciones para adolescentes? Hace sumergir al espectador en un ambiente de tensiones que revive la Alemania nazi y siembra incertidumbre sobre un posible retorno de la figura del Fürher. Además, enfoca la mirada en el poder que tienen los jóvenes para modificar los patrones de comportamiento, valiéndose de las nuevas tecnologías, de una sociedad que es sensible a recaer en uno de los regímenes más crueles de la historia.
¿Crees que una dictadura no es posible hoy? Es el interrogante que plantea Wenger a sus alumnos desordenados y cansados del tema del Tercer Reich. Es, también, la frase incitante a conformar una unidad regida por la camisa blanca, los jeans y la ola de color rojo, el logo de identificación que alude a la esvástica. Aunque el resultado es previsible, la cinta de Dennis Gansel impresiona, justamente, porque fija esa posibilidad de renacimiento, en la que el aprendizaje sobre el pasado es nulo. Ese es, tal vez, su único gran mérito en la narrativa.
La Ola es un acierto decente para el director que anteriormente había demostrado interés por el impacto del totalitarismo en la juventud y que esta vez exhibe las consecuencias del fanatismo ideológico, al que se llega por medio de trampas como la aceptación grupal. “En nuestra naturaleza está tanto el deseo de pertenecer a un grupo y de someternos algunas veces a líderes, como por otra parte el deseo de independizarnos y de estar solos. Y eso de formar parte de un grupo y someternos a un líder no tiene por qué ser necesariamente negativo. En el punto de partida de todos los sistemas autoritarios está el aprovecharse precisamente de este aspecto de la naturaleza humana”, dijo el cineasta al diario El País, de españa.
Una producción en la que se destaca el talento de los protagonistas y con la que el espectador saldrá cuestionándose sobre la rapidez de la pérdida de libertad.