Un diálogo orgullosamente femenino

En el libro Virginia&Co, uno de los primeros publicados en Colombia por la editorial canadiense Lugar Común, se dan cita mujeres de distintas procedencias geográficas y rangos de edad.

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Antonia Caro
10 de abril de 2019 - 10:11 p. m.
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Quien se acerque a este cuentario encontrará una escritura profunda y orgullosamente femenina. Para darle un panorama más amplio al lector, entrevisté vía mail a varias autoras incluidas en la antología. Al final cierra el diálogo con la editora y prologuista.

Según su experiencia de lectura y escritura, ¿existe una sensibilidad femenina que se refleje en temas, géneros literarios y registros de escritura?

Indira Córdoba Alberca: Creo que sí existe esa sensibilidad, talvez en la manera de detallar las sensaciones, de hablar de su propia realidad y creo que eso tiene que ver con el hecho de haber callado por tanto tiempo. Claro, en cada texto se da con diferente intensidad.

Se ha producido una explosión editorial femenina: concursos para mujeres, antologías, estudios y reediciones de autoras poco visibles. ¿Cree que hoy a la hora de escribir una mujer cuenta con más caminos que las escritoras del pasado? ¿Ese foco en las mujeres las beneficia o las perjudica?

Liliana Guzmán: Es innegable la visibilidad que brindan los concursos, antologías y editoriales dedicadas exclusivamente a contenidos escritos por mujeres.  Sin duda es un gran logro encontrar una vía hacia los lectores que parecía bastante accidentada en la escena tradicional literaria. No tener que pelear contra la corriente da un respiro. Sin embargo, serán nuestro talento como escritoras, nuestro oficio y nuestra manera particular de entender y narrar el mundo los que se encarguen de abrir un camino duradero en esa manigua de prejuicios y obstáculos. De aquí en adelante, aprovechar el camino abierto y hacerlo más transitable y visible, es responsabilidad nuestra.

Hablemos de cuentistas referentes, ¿qué autoras lee con frecuencia? ¿Cuáles le ayudaron a encontrar su voz?”

Nohora Viviana Cardona: Recuerdo las historias familiares que me contaban mis tías, con las que me ayudaban a entender el mundo en el que crecía. En sus cocinas, comedores o salas siempre había palabras. Cada cuita amorosa, cada rememoración de lo que había sido su trasegar de la provincia a la ciudad, cada paraíso perdido de la infancia iba dando forma a mi pasado y a aquello que vivía en el presente. Con el tiempo, se volvió difícil determinar dónde finalizaba la polifonía de sus voces y dónde empezaba la mía, ese giro que yo aportaba a los hechos y a la pintura de los personajes. Después, vino la academia más tradicional y canónica, con sus maravillosos Juan Rulfo, Julio Cortázar, Felisberto Hernández, Roberto Arlt, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez y Horacio Quiroga. Me hipnotizaban aquellos balcones que se suicidaban por amor, los personajes que levitaban en el aire y las letras, las flores de obelisco tornadas en alimento y las muñecas que se humanizaban para hablarnos. También en la academia, gracias a los trabajados syllabi de las que fueron mis profesoras y colegas, llegaron a mis manos los textos brillantes de María Luisa Bombal, Elena Poniatowska, Silvina Ocampo, Luisa Valenzuela, Graciela Speranza, Ana María Matute, Marvel Moreno y Rosario Ferré. Solo después de haber leído sus relatos de altísima factura poética, entendí que había una manera de narrar que, además de goce estético, me ofrecía espejos generacionales, es decir, una suerte de antecesoras espirituales, que me invitaban a cuestionar y a resignificar todo cuanto había aprendido sobre ser mujer, lectora y escritora. De la mano de todos y todas, se me fue creando un sustrato de arquetipos, símbolos y transposiciones poéticas de la realidad que, sin duda, hacen parte de los relatos que me nutrieron y que son ahora materia de lo que yo alimento con mi trabajo escritural.

En su opinión, ¿hasta qué punto la escritura de las mujeres debe responder o adecuarse a las luchas feministas de hoy? ¿Toda escritora tiene obligación de ser feminista?

Annabelle Manjarrés Freyle: Toda escritora sabe que hoy en día puede escribir y ser publicada gracias a la lucha feminista. El feminismo hizo posible que superáramos las condiciones en las que las mujeres publicaban en siglo XIX: usando pseudónimos, como en el caso de George Eliot, y preferiblemente, abordando los temas que tenía como referencia en la “literatura universal”; escrita, en su mayoría, por hombres. Es por eso que, a mi juicio, el objetivo del feminismo no es esperar que una escritora deje entrever desde una primera línea que es una militante acérrima, sino darle esa libertad que le fue negada tanto tiempo de poder explorar su mundo, sus pasiones, sus inquietudes intelectuales y sus obsesiones. Es decir, lo que la oprime y lo que la libera, tal como libremente lo han hecho los hombres escritores.

En su calidad de editora, ¿qué tipo de obras y de narrativa encontró en la selección de Virginia&Co?

Angélica Hoyos Guzmán: Lo que yo quiero resaltar es la gran calidad literaria de estas autoras, que, desde el género del cuento, transmiten su manera de escuchar el mundo, como define Walter Benjamín a ese narrador que se va perdiendo con la modernidad. Es en ese escuchar y transmitir la experiencia, en donde encuentro que hay unos aportes que merecen atención, porque le contestan inteligentemente a los lugares comunes sobre la escritura femenina y sobre las identidades y los temas del mundo en general.

No estamos hablando aquí de escrituras militantes de “ideologías de género” ni prejuiciosas sobre el mundo masculino o del patriarcado, pero sí estamos asistiendo en cada relato a una experiencia contada desde la escucha atenta ante el mundo, de una narradora que nos tiene algo qué decir, desde su experiencia femenina.

Un ejemplo es el relato “El niño de ají”, donde encuentro una compasión inmensa para un personaje que se nos presenta con su primera persona más cándida y que, como en el Tambor de Hojalata de Gunter Grass, se va transformando a causa de la violencia vivida, de los abusos del mundo que no entiende, en la enfermedad que padece, en la violencia simbolizada por el picor del ají, como en algunas tradiciones amerindias donde el ají representa la violencia.

También podemos ver esto en Lugares para no olvidar, aquí el cuerpo es el eje del relato, esa frontera entre lo público y lo íntimo. El mito judeocristiano de la María Magdalena apedreada es revisitado a través de un relato lleno de fluidos, erotismo y moral expuesta y contada. Aquí, hay una voz femenina, que cuenta abiertamente, trasparente y públicamente, que lee a los otros para sí, y los sabe interpelados.

En el cuento La perrera, con una prosa envolvente, encuentro un relato de relaciones familiares, el motivo es el asesinato de un perro. El relato de una joven y su primo que se encaminan en esta tarea, desafiantes, envalentonados, la prosa vertiginosa y angustiante y la experiencia de acabar con la vida, de un animal enfermo, se nos vuelve cercana y palpitante, frente a otras maneras de las identidades, se descubre allí lo movedizo de lo masculino y lo femenino, desde la condición humana capaz de dar muerte.

La narrativa contemporánea cuenta con unas voces vigorosas que en la compilación de narrativa escrita por mujeres Virginia & Co., dan cuenta de lenguajes contemporáneos que escuchan el mundo y se permiten la riqueza del arte verbal de narrar, de las historias memorables. Para completar el tejido, basta ahora una comunidad de oídos atentos, quienes escuchen a las narradoras frente al fuego que invocamos a través de Virginia Woolf, para seguir contando historias desde las múltiples miradas que proponen las escritoras.

 

Por Antonia Caro

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