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Hay personas que llegan a la fama sin haberla buscado. Y hay personas que, cuando la fama llega, siguen siendo exactamente lo que eran antes.
Ubeimar Ríos es las dos cosas.
Es profesor de filosofía. Lleva más de treinta años en las aulas. Es gestor cultural en el Oriente antioqueño, amante de la poesía y, según él mismo, no un conocedor de la literatura, sino un gustador de la misma.
Le sugerimos escuchar todos los capítulos de El refugio de los tocados:
-Carlos Torres y las capas de su vida: una conversación desde “El origen”
-Un sacerdote con sus dudas sobre Dios: Luis F. Múnera responde desde su vida y su rutina
Y un día, casi por accidente, se convirtió en el protagonista de Un poeta, la película del director colombiano Simón Mesa Soto que ganó el Premio del Jurado en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes. Una película sobre un escritor desencantado, fracasado en literatura, que vive en casa de su madre y que encuentra en una estudiante una razón para seguir. Un personaje que se llama Óscar Restrepo, que ama la poesía de José Asunción Silva y que, en muchos sentidos, se parece demasiado a Ubeimar.
Este capítulo lo grabamos en la Feria del Libro de Bogotá. Y para hablar de sí mismo, Ubeimar eligió un poema. No cualquiera: eligió a Arthur Rimbaud. Específicamente, Noche en el infierno, parte de su obra más célebre, Una temporada en el infierno.
Rimbaud tenía diecisiete años cuando empezó a escribirla. Diecinueve cuando la terminó. Y a los veintiún años abandonó la poesía para siempre. Nunca más escribió un verso. Se fue a África a trabajar como comerciante y murió a los treinta y siete. En ese brevísimo período produjo una de las obras más radicales de la literatura occidental: un texto que es a la vez confesión, delirio, crisis espiritual y declaración de guerra contra todo lo establecido. Noche en el infierno es su momento más oscuro y más honesto. El poeta habla de su propia condenación, de Dios, del sufrimiento, de la imposibilidad de salvarse.
Ubeimar Ríos lo eligió para hablar de sí mismo. E incluso hizo su propia versión del poema.
Desde ahí hablamos de la fatalidad en la poesía, de los poetas malditos y de lo que esa figura significa para él. De sus fracasos, que reconoce sin pudor. De la fama que llegó sin haberla planeado y de lo que sintió durante los ocho minutos de aplausos en Cannes. De Dios. Y de su resistencia, honesta y casi obstinada, a reconocerse como poeta.
Este es El refugio de los tocados. Y hoy, el refugio es de Ubeimar Ríos.