La idea fue de Claudia Elena Vásquez, ex reina de Colombia y esposa del cantante Carlos Vives. Vásquez anhelaba que su hija, quien en ese entonces no había nacido, pudiera conocer a Rin rin renacuajo, a La pobre viejecita y a Juan Matachín, pero en la voz de su papá y sus colegas. Fue entonces cuando junto a la Fundación Rafael Pombo y a la marca Familia crearon un proyecto que hoy es una realidad: un Cd de 14 canciones con las fábulas cantadas de Rafael Pombo. El disco fue liderado por el samario Carlos Vives, quien canta tres de las canciones del disco.
Los ritmos de las canciones, al igual que los intérpretes, son muy variados. Desde champeta y vallenato hasta funk y balada, pasando por la salsa y el joropo llanero. Muy majos estuvieron Andrea Echeverri, Iván Benavides, el Grupo Batuta y Carlos Vives convirtiendo en bambuco moderno el poema del renacuajo paseador. Ese mismo poema le trae gratos recuerdos al bogotano Fonseca, quien lo recitaba una y otra vez en el colegio. Al cantante le correspondió trasladar los versos de El robanidos a una melodía de vallenato pop. “Nadie debe divertirse con los dolores ajenos”, es la última estrofa de este poema y la preferida del cantante. “Me encantó esa historia porque tiene un mensaje positivo, hace un llamado de atención a los niños y también a los adultos. Los valores que presenta Pombo en sus cuentos no pierden vigencia y eso es lo más importante de su obra”, comentó Fonseca.
Lo mismo piensa la cantante de vallenatos Adriana Lucía respecto a la obra del poeta. “Pombo era muy inteligente para decir las cosas. Logró camuflar en sus versos no sólo valores, sino mensajes sobre el cuidado de la naturaleza”.
Es el caso de El niño y la mariposa, el poema que entona la costeña. Ella es la mariposa y los niños del dúo Huellas hacen de ellos mismos. Esta fue la primera canción del Cd que estuvo lista. Cuando Carlos Vives la invitó al proyecto, ella recordó de inmediato la canción que le enseñó su abuela y pidió que esa fuera la suya. “El niño y la mariposa es como la cerecita del Cd, es la canción más dulce”.
Y si a Adriana Lucía le correspondió la melodía más tierna, a Julio Nava le adjudicaron el tema más controversial: Juan Matachín.
“Lo que hice fue una mezcla entre ska y reggae. Como el poema es muy corto y no tiene coro, le metimos una marcha militar en la mitad para hacer alusión a la sátira política de la historia”, comenta el caleño.
Fan de La pobre viejecita y del Gato bandido, Nava no dudó en participar en esta iniciativa liderada por Vives, pues “no podía desaprovechar la oportunidad de transmitirles a los niños por medio de la música la obra del poeta infantil más importante de Colombia”.
La adaptación que hizo Nava de Juan Matachín se parece mucho a la onda musical que él maneja, contrario a lo que le sucedió al compositor Santiago Cruz. El poema lo conocía de inicio a fin: Simón el bobito. Lo que sí desconocía Santiago Cruz era el género musical en el que debía realizar la adaptación de la historia: la champeta. Sin embargo, esto mismo fue lo que lo motivó a participar del proyecto, “quería realizar algo diferente a lo que generalmente hago, que son canciones de rock y pop”.
El dinero que se recoja de las ventas del disco, que reúne las voces de 24 cantantes nacionales, se destinará a la Fundación Rafael Pombo, que se encarga de promover valores a la niñez colombiana.
Rafael Pombo, poeta de menores
Ingeniero de profesión, pero poeta de corazón, Rafael Pombo nació en Bogotá en 1833. A los once años ingresó al seminario, donde aprendió latín, lo cual le permitiría desempeñarse posteriormente como traductor de obras clásicas.
Sus primeros escritos, publicados en el periódico de la Sociedad Filotémica, los firmó bajo el seudónimo de Firatelio. Después viajó a Popayán, de donde era su familia, y fue allí donde escribió dos de sus poemas como adulto más conocidos: La copa de vino y Mi amor. En 1854 escribió la obra que le dio más reconocimiento en su carrera como poeta: Los cuentos pintados. El libro era una selección de poemas sobre diferentes personajes, animales y humanos, entre ellos El renacuajo paseador, La pobre viejecita, El gato bandido, Juan Matachín, La pastorcita, entre otros. Pombo murió el 5 de mayo de 1912 en Santa Fe de Bogotá.