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Un libro de un olvidado

Se puede asegurar que la posición ocupada por Juan Filloy en la literatura latinoamericana no es la que merece.

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Manuel Osorio
25 de diciembre de 2008 - 10:00 p. m.
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No podría afirmarse que es un desconocido en nuestras letras, pero sí que es uno de los más evidentes enigmas literarios de la lengua castellana. Fuente de inspiración para Cortazar, Marechal, Borges, Bioy Casares; el escritor y crítico mexicano Alfonso Reyes sostuvo que era "el progenitor de una nueva literatura latinoamericana".

Muestra de su ingenio se manifiesta en “Yo, yo y yo: monodiálogos paranoicos", extraña obra que no veía edición desde 1935. Más que una novela es un libro de sus fobias y manías, un torbellino psíquico en el que vuelan y se convulsionan, entrelazándose. Un texto donde la memoria fácil, la riqueza de las ideas, la conexión disparatada, la locuacidad vehemente y la exaltación morbosa del yo juegan un papel principal.  Yo, yo y yo está compuesto por siete "monodiálogos" jocosos: Yo y el Arquitecto, Yo y la Madre Patria, Yo y los Anónimos, Yo y Walt Disney, Yo y el Mundo Subterráneo, Yo y los Intrusos y Yo y la Oratoria.

Filloy compone y recompone el lenguaje, lo dilata, lo inflama: las palabras, con él, son móviles y mutantes. El discurso es subversivo, vive cada palabra, y sus oraciones son estruendos que persisten. Es descaradamente erudito, descarga frases en latín, hebreo o francés sin mediar aclaración o disimulo. Este discurso está capacitado, entre otras cosas, para alterar a algunos lectores desprevenidos y también a otros demasiado prevenidos. Es único no sólo por la crudeza del léxico, sino porque Filloy es, a la vez, aristócrata y paria. El presente libro juega con la deformación de la lengua eslava hasta las diatribas contra Walt Disney, desde las cavernas de Sudamérica hasta la obra de Dante o Humbolt, la realidad parece inclinar su cabeza frente a Filloy, y adentrarse, rendida, en las fauces de este hambriento insaciable corruptor del lenguaje.

El resultado de ese voraz juego son estos monodiálogos, dignos de un jocoso blasfemador, un exótico cruce de François Rabelais y León Bloy. Filloy es una leyenda que creció en la medida en que era un escritor casi secreto, enigmático y peculiar.

 Pero el mejor calificativo lo construye él, al promediar el exordio: Filloy, “La neurosis colectiva se compacta día a día en magma de múltiples alienaciones. Mas, entre ellas, coexiste una locura lúcida: la paranoia, cuya comprensión recaba "intelleto di amore" como ninguna. Ofrece una singularidad curiosa. Mientras no se despiertan sus impulsos duerme tranquila en la normalidad como si la conciencia fuera su mejor almohada. Si, cada paranoico es el monje solitario de un convento endiablado”.

Cuentos breves para leer en el bus

Poe, Twain, Maupassant, Kafka,  Stevenson, Melville, Wilde, entre otros, nos cautivan con algunos de sus mejores relatos.   Esta antología contiene cuentos no tan conocidos, pero cada uno de ellos muestra la inteligencia y maestría de cada uno de los autores.  Es un libro que nos permite recuperar la imaginación, la emoción y la pasión por la buena literatura.

Por Manuel Osorio

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