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Un melodrama protagonizado por la élite antioqueña

"Bajo el cielo antioqueño", película producida por Gonzalo Mejía, reconocido industrial quien en 1927 impulsó la creación de Cine Colombia.

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Érika Martínez Cuervo
13 de mayo de 2016 - 01:11 p. m.
Fotograma de la película “Bajo el cielo antioqueño” (1925), dir. Arturo Acevedo Vallarino, Compañía Filmadora de Medellín. En la imagen, doña Alicia Arango de Mejía y don Gonzalo Mejía.  / Archivo “Cromos”, ed. 10 octubre de 1925.
Fotograma de la película “Bajo el cielo antioqueño” (1925), dir. Arturo Acevedo Vallarino, Compañía Filmadora de Medellín. En la imagen, doña Alicia Arango de Mejía y don Gonzalo Mejía. / Archivo “Cromos”, ed. 10 octubre de 1925.
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"Bajo el cielo antioqueño" (1925) es un melodrama silente que cuenta la historia de una joven recién salida del internado donde terminó sus estudios de secundaria y quien, en contra de los deseos de su padre, se enamora de un vividor de la época. La cinta hace un calco de la sociedad de élite de la Antioquia de comienzo del siglo XX. Los actores son los familiares y amigos del equipo de producción. La protagonista, Alicia Arango de Mejía, es la esposa del productor, Gonzalo Mejía, reconocido industrial, quien por aquel entonces decidió que el cine sería otro de sus prósperos negocios y quien, además, interpretó a Bernardo, un padre moralista y adinerado. Lina, personaje central, es una jovencita que con cierta rebeldía insípida hace todo lo posible para seducir a su padre y convencerlo de ceder a su amorío. La película evidencia el sistema de valores y el espíritu conservador de los años veinte. Es el espejo de un grupo elitista que imita costumbres europeas. Expresaba Óscar Acevedo en el programa de televisión “En cine nos vemos”, dirigido y conducido por Julián David Correa, que “‘Bajo el cielo antioqueño’ es una película que nos muestra el mismo país de ahora, pero ambientado en escenarios de hace ochenta años”.

Es importante destacar los esfuerzos en términos de producción, pues la película revela un lenguaje cinematográfico que está a la altura del momento histórico en el que se rodó. Diego Rojas, director e investigador, quien participó en la restauración de la cinta en 1997, manifiesta que “el vestuario, las locaciones y la utilería pertenecían a los ricos de aquel momento. Gonzalo Mejía entendió muy bien que el cine era otra industria y había que darle un tirón comercial, para ello convocó a los adinerados antioqueños e hizo una producción de calidad, hazaña que los condujo a la creación de Cine Colombia en 1927”.

erika.martinez.cuervo@gmail.com

Por Érika Martínez Cuervo

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