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Un mítico saxofón

Las secuelas de un derrame cerebral sufrido el sábado pasado acabaron con su vida. Se fue el alma de la E Street Band, el amigo de Bruce Springsteen, un hombre verdaderamente grande.

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Isabella Portilla
20 de junio de 2011 - 10:36 a. m.
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Tratamientos médicos, varias operaciones craneales y numerosos intentos por devolverle la estabilidad resultaron infructuosos. El lado izquierdo de su cuerpo quedó paralizado, así que sus fans y sus amigos de la E Street Band ya lo sabían. 

Era grande, sin duda. Lo apodaban “Big man”. Medía 1,95 metros y pesaba 122 kilogramos. Nació en Virginia, Estados Unidos. Allí creció oyendo las predicaciones de su padre, un ministro baptista, mientras instruía inconscientemente su oído en música secular.

A la edad de nueve años recibió como regalo un objeto que cambiaría para siempre su existencia: un saxofón al que bautizó “Jerome”.

Sus familiares hicieron todo lo que tuvieron a su alcance para que el niño se formara en música gospel, pero Clarence sentía más placer escuchando a Elvis Presley,  King Curtis y a Otis Redding que interpretando himnos cristianos de swing africano y coros salvajes.

Entonces, como los artistas que desean consagración, hizo de su arte su mejor compañía. Empezó a tocar en bandas de jazz mientras combinaba sus estudios escolares y se entretenía en su tiempo libre jugando fútbol americano.

Clarence se destacó notablemente en el campo de juego, tanto que alcanzó una beca deportiva para estudiar en la Universidad de Maryland, en donde consiguió éxito y reconocimiento dentro del circuito universitario.

Pudo haber sido Tom Brady o Lawrence Taylor, pudo alcanzar la gloria con una pelota elipsoide en la mano, pero a su carrera llegó un Time out que lo sacó del juego. Un accidente automovilístico hizo que nunca pudiera volver a jugar profesionalmente.
 
Encuentro crucial

Decidido a la música, Clemons conoció un día de 1972 a Bruce Springsteen: el rockero de letras poéticas que adoraba a su natal New Jersey. Entonces se percató de la calidad musical del gran saxofonista y lo invitó a unirse a la E Street Band. Springsteen encontró en el negro gigantesco y de aura misteriosa  la ocasión para aderezar su rock, para ataviar de espiritualidad sus letras, para vitalizar la rabia de su voz.
 
En ese momento Clemons entendió que el accidente automovilístico debió ocurrir para que fuera él el sello característico de la banda. Saxofón tenor, soprano, barítono. Instrumentos de percusión: todo lo manejaba con una maestría inigualable, por lo que se hizo forzosamente vital para su grupo.

Greetings from Asbury Park, el primer álbum de la banda lanzado en 1973, nunca hubiera sido igual sin el espíritu y la anchura de garganta de Clemons. Sin él, el crítico Ken Emerson nunca habría escrito en la revista Rolling Stone que el debut de la E Street Band era como Subterranean Homesick Blues puesto a 78 revoluciones por minuto.

Fue siempre el último músico de la banda en ser presentado a la hora de un concierto. El público lo reconocía y lo ovacionaba antes, durante y después del show.

Sin dejar a un lado a sus amigos y al tiempo que seguía siendo parte clave de la E Street Band, en 1982 el músico decidió formar su propia banda: The Red Bank Rockers. No fue tanto su resplandor y sin embargo logró reconocimiento con el álbum Rescue, con el que se fundió entre el soul y el funk.

Colaboró con Jackson Browne, Aretha Franklin, Carl Perkins y The Temple of Soul. Apareció en New York, New York, el musical de Martin Scorsese, prestó su voz para un episodio de Los Simpsons, y entre sus últimas apariciones se recuerda una en el video The Edge of Glory de Lady Gaga.

Un derrame cerebral acabó con su vida dejando llanto y recuerdos gratos entre cientos de seguidores. Muchas celebridades lo recordaron como una persona y un artista espléndido. Ahora todos saben que la E Street Band no volverá a ser la misma porque le faltará su alma: un señor saxofón llamado Clarence Clemons.

Por Isabella Portilla

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