Hoy el papa León XIV bendecirá en Barcelona la torre de Jesucristo de la Basílica de la Sagrada Familia. Con este acto, la iglesia está un paso más cerca de estar finalmente terminada, pues su construcción ha tardado más de 140 años. El arquitecto responsable de este edificio que se coronó como el templo católico más alto del mundo, con 172,5 metros de altura, fue el catalán Antoni Gaudí, quien falleció el 10 de junio de 1926 y cuyos restos descansan dentro de la iglesia que diseñó.
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Nacido en junio de 1852 en Reus, la arquitectura barcelonesa se vio marcada por la visión y ejecución del arquitecto. Entre formas geométricas e inspiración de la naturaleza, Gaudí creó múltiples diseños que mostraron su estilo característico. El Parc Güell, la Casa Batlló, el Palacio Güell y la Casa Milà fueron algunos de sus proyectos que fueron nombrados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Sin embargo, la Sagrada Familia, que, además, se ganó el apodo de “interminable”, se convirtió en la obra maestra de Gaudí. Su compromiso y devoción por el catolicismo fueron reconocidos en abril de 2025, cuando fue nombrado como “venerable” y, por otro lado, a él se han referido como “el arquitecto de Dios”.
A través de esta estructura, el arquitecto también honró a varias de las figuras y personajes clave de la religión católica como los apóstoles Marcos, Mateo, Lucas y Juan, autores del Nuevo Testamento, entre otros múltiples detalles que revelan la devoción a su credo.
La iglesia fue, originalmente, idea del filántropo Josep Maria Bocabella, quien deseaba que ese fuera un templo expiatorio dedicado al culto de la Sagrada Familia. Tras su concepción en 1881, Bocabella compró al año siguiente un lote a las afueras de Barcelona para este proyecto. “Creó una fundación para gestionar las obras y designó al arquitecto Francisco de Paula Villar y Lozano. Su visión era un edificio de estilo neogótico. Sin embargo, Lozano solo llegó a construir los cimientos y la cripta antes de que los desacuerdos públicos sobre el sistema constructivo y la financiación llevaran a la fundación a pedirle a Gaudí que se hiciera cargo del proyecto”, detalló Josep Maria García-Fuentes, profesor de arquitectura en Newcastle University para The Conversation.
La construcción del templo comenzó en 1883 y, a diferencia de las demás catedrales góticas en Europa, el catalán se propuso crear algo revolucionario. Con un estilo profundamente ligado al modernismo, Gaudí utilizó una serie de técnicas nuevas para idear la iglesia que hoy se erige sobre el horizonte barcelonés.
Por un lado, creó arcos con cuerdas y a ellas ató pesos para que los mantuvieran en su lugar. Luego, tomó una fotografía del modelo de arcos catenarios y sobre ella pintó un primer boceto de lo que se convertiría en la iglesia. Este mismo mecanismo lo utilizó cuando diseñó la Cripta de la Colonia Güell.
El arquitecto catalán a lo largo de su vida y carrera fue influenciado por diferentes movimientos arquitectónicos como el neogótico y el orientalismo. Sin embargo, un elemento clave del gótico fue uno que Gaudí rechazó: los arbotantes. Consideraba que estos muros que se elevaban para sostener el peso de las paredes eran “muletas” para un edificio que no era capaz de soportar su propio peso. Por esta razón acudió a los arcos catenarios para las columnas de la nave y al art nouveau, con sus curvas e inspiración en el mundo natural para crear un edificio al que no aplicaran las reglas austeras del pasado.
Más allá de los elementos góticos, el arquitecto acudió a la naturaleza para su obra. En la Sagrada Familia esto se evidencia en las columnas, que han sido escritas por algunos como un bosque, pues sus “ramas” actúan como las arbotantes que rechazó.
“Gaudí nunca se interesó por la estructura en sí misma. Buscaba presencia. Las columnas ramificadas logran ambas cosas simultáneamente, distribuyendo la carga con precisión matemática y creando un espacio orgánico, casi vital. Claraboyas circulares salpican las bóvedas superiores; las vidrieras, que abarcan toda la altura de las paredes, se niegan a ofrecer una superficie sólida donde la vista pueda posarse”, escribió el arquitecto Thomas Schielke para Arch Daily.
De Gaudí se han creado varios mitos; uno de ellos dice que “la naturaleza fue su única maestra”. Sin embargo, es una afirmación que su biografía refuta, pues recién llegado a Barcelona se inscribió en la recién inaugurada Escuela Técnica Superior de Arquitectura de esta ciudad. De donde se graduó en 1878. Apenas cinco años más tarde comenzó la construcción de su obra maestra, aunque su primer proyecto fue más pequeño: las farolas de la plaza real. Tras exhibir su visión en la Exposición Universal de París de 1878, comenzó una relación de amistad y mecenazgo con el industrial Eusebi Güell para quien creó varios proyectos por los que aun se recuerda a Gaudí.
Uno de los detalles que más llama la atención sobre esta iglesia es que ha estado en construcción por más de cien años. Detrás de este elemento se encuentran múltiples historias. Por un lado, según describió García-Fuentes, el ambiente sociopolítico en España hizo que, tras la muerte de Gaudí en 1926 y mientras Barcelona se encontraba en medio de movimientos anarquistas, el lugar de la construcción fuera vandalizado. Esto ocasionó que, por los valores religiosos que Gaudí profesaba, su taller con todos sus bocetos y diseños se perdiera en un incendio provocado por grupos anarquistas en 1936.
Posteriormente, la construcción de la iglesia se reanudó. Sin embargo, sin la guía del arquitecto, los responsables a cargo comenzaron a interpretar la obra de Gaudí según sus agendas. La construcción continuó por pedazos, con los restos de las maquetas y modelos originales como único recurso para seguir adelante.
Aunque el arquitecto tampoco dejó instrucciones para los vitrales de la iglesia, que hoy llenan de luz el recinto. Estos fueron diseñados por el artista Joan Vila-Grau. “Siguiendo un único principio extraído de la visión más amplia de Gaudí: colores más oscuros y ricos en la base, que se aclaran progresivamente a medida que las ventanas se elevan, hasta llegar al vidrio blanco en la parte superior. Abajo, el vidrio de color enriquece y modula la luz incidente. Arriba, el vidrio blanco de diferente textura la refracta. La atmósfera interior cambia con cada variación en la posición del sol”, escribió Schielke. Sin embargo, la luz natural que ilumina el interior no se logró solo con los vitrales de Vila-Grau. Gaudí añadió a su diseño 280 tragaluces hiperboloides, lo que resalta el “bosque” de columnas al dar el efecto de dosel.
El 7 de junio de 1926, Antoni Gaudí fue atropellado por un tranvía mientras iba de camino a la iglesia. Falleció tres días después en un hospital barcelonés. Al momento de su muerte solo una de las torres había sido completada. Cuando la basílica termine su construcción, contará con 18 torres cónicas y cada una de sus entradas estará dedicada a un pasaje de la vida de Jesús.
Durante años, la Basílica de la Sagrada Familia ha sido sinónimo de la arquitectura modernista, la belleza y la luz, con millones de turistas que la visitan cada año. Sin embargo, se espera que el adjetivo “interminable” deje de estar asociado con el templo en el futuro cercano.
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