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La mamá y la hermana de Tennessee Williams (el autor) se turnaban la psicosis. Un día de la década de los 50 Miss Edwina, su madre, lo llamó a las Islas Vírgenes, donde él estaba y le dijo:
¿A que no adivinas dónde estoy? ¿No estás en casa? –Preguntó él- ¡No, me internaron! Cuando el médico de la casa la escuchó diciendo que los negros estaban planeando una sublevación en los Estados Unidos y que se comunicaban por señales golpeando los tarros de basura, la internó de inmediato.
Su hermana Rose (hija de Miss Edwina) empezó a derrumbarse mentalmente, según él, cuando el joven extremadamente apuesto que ella amaba, y con el que se veía día de por medio, dejó un día de llamarla.
Tal vez Rose, entre muchas otras, fue una de las bases para la creación de Blanche du Bois, el personaje sobre el que gira todo el Tranvía… O la animalidad y el gusto por el juego de Kowalski, puede venir de los “amigos” de su padre, jugador de cartas, al que le arrancaron una oreja en una pelea de póker.
Sin querer hacer un paralelo ligero entre el autor y su obra ni definir una cosa por la otra, es importante escucharlo cuando él mismo relaciona su vida real con la ficción. “No quiero realismo, no digo la verdad, sino lo que tendría que ser verdad” dice Blanche.
No es extraño que los personajes de las obras de este dramaturgo estén siempre al límite de la cordura. Él conoce de primera mano esos límites.
Un clásico
Un Tranvía Llamado Deseo, no sólo es considerada una de las obras maestras del teatro norteamericano del siglo XX, sino un texto fundamental de la literatura mundial.
Stanley Kowalski y su esposa Stella viven una vida básica, simple, y sin mayores lujos; no hay ostentación, se acogen a la vida real. Pero llega de visita Blanche, la hermana de Stella, con maletas cargadas de un universo que ella se ha inventado, sostenido en un pasado remoto de esplendor, pero ocultando el pasado reciente de escándalos y fracasos.
El choque es inmediato, sobre todo entre la recién llegada y el marido de su hermana. Kowalski es un obrero fuerte, rudo y elemental, que no soporta los refinamientos que Blanche exhibe en cada cosa que hace. Stella trata de mediar, y en la tarea de defender el amor por su hermana y por su esposo, termina siendo una de las más afectadas.
La versión 2014
Benedict Andrews, director australiano, es el encargado de hacer esta versión.
Es inevitable, al enfrentarse a este clásico, tener el fantasma de Marlon Brando en la película de Elia Kazan de 1951. Sin embargo, desde el principio se desliga del referente obligado, y podemos entrar en una puesta con carácter propio.
La disposición del espacio es generosa, un escenario que gira imperceptiblemente durante casi toda la representación, como la metáfora de una historia que no se detiene, que no para. Cada espectador puede ver la obra en 360 grados, desde todos los ángulos.
La actuación es contundente, brusca, sin artificios. Los elementos que aparecen sobre el escenario son exactos, necesarios, para el uso, tienen un fin dramático, teatral. Nada está ahí para ambientar, todo tiene un destino y un sentido.
Obligación
Por lo general para la gente de Teatro ver los espectáculos grabados en formato cinematográfico genera crisis, “algo” se pierde. Esta vez no. Las obras del National Theatre de Londres que trae Cineco Alternativo tienen un respeto total por el hecho teatral. No son adaptaciones para cine. La sensación es la de estar en la sala de Teatro. Ahí.
Si no tiene pensado ir a Londres pronto, no deje de ver esto.
Al salir uno quiere ver más.
Más Teatro.
Por Fabio Rubiano Orjuela
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