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Un virtuoso mantiene con vida la música afgana lejos de los talibanes

Homayoun Sakhi cierra los ojos mientras los manos bailan entre las cuerdas de su rubab, un instrumento de madera con incrustaciones de nácar. “Me siento como si tuviera a mi Afganistán entre las manos”, asegura el virtuoso.

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Ana Malpas - AFP
25 de enero de 2022 - 11:06 p. m.
El músico afgano Homayoun Sakhi toca el rubab durante una prueba de sonido en el Barbican antes del concierto benéfico "Songs of Hope" para Afganistán en Londres el 22 de enero de 2022. - Homayoun Sakhi cierra los ojos y pasa los dedos por el largo cuello de su instrumento de madera con incrustaciones de nácar. "Siento que tengo mi Afganistán en la mano", dice Sakhi, una de las intérpretes más famosas del mundo del instrumento nacional del país, el rubab.
El músico afgano Homayoun Sakhi toca el rubab durante una prueba de sonido en el Barbican antes del concierto benéfico "Songs of Hope" para Afganistán en Londres el 22 de enero de 2022. - Homayoun Sakhi cierra los ojos y pasa los dedos por el largo cuello de su instrumento de madera con incrustaciones de nácar. "Siento que tengo mi Afganistán en la mano", dice Sakhi, una de las intérpretes más famosas del mundo del instrumento nacional del país, el rubab.
Foto: AFP - JUSTIN TALLIS
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Considerado uno de los mejores intérpretes del instrumento nacional afgano, Sakhi hace sonar por todo el mundo la música de su tierra, considerada como un pecado por los talibanes.

Acude a su cita con AFP en Londres todavía bajo los efectos del desfase horario. Acaba de llegar de California para actuar en el centro Barbican londinense en un concierto solidario para recoger fondos para su país natal.

Afganistán se encuentra en medio de una crisis humanitaria y su rica cultura también está amenazada desde el regreso en agosto de los talibanes, que en su primer régimen entre 1996 y 2001 prohibieron la música profana.

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Aunque los nuevos dirigentes no han legislado sobre esta cuestión, todavía consideran que escuchar música no religiosa contraria a su visión del islam.

Numerosos músicos huyeron del país y videos ampliamente compartidos en redes sociales mostraron a los seguidores del movimiento islamista rompiendo y quemando instrumentos.

“En este momento, no hay música en Afganistán”, asegura Sakhi. “Es verdaderamente difícil porque no hay conciertos, no hay música, y (para los músicos) es muy duro estar sin dinero y sin trabajo. Por ello intentan ir a otras partes a tocar”, explica.

“En casa”

En los últimos veinte años de intervención occidental, la música estaba permitida en Afganistán. La televisión local incluso difundía un concurso en el que se buscaban nuevos talentos de la canción.

Pero tras el regreso de los talibanes, la música tradicional afgana sobrevive solo a través de sus apasionados artistas instalados en el extranjero.

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Entre ellos destaca Homayoun Sakhi, que ha regalado una nueva juventud al rubab, un instrumento de cuerdas cuyo origen se remonta a miles de años.

Nacido en Kabul, el virtuoso dejó Afganistán con su familia y se dirigió a Pakistán en 1992, en el caótico periodo que siguió a la retirada soviética.

Después se instaló en Fremont, una ciudad de California conocida por su gran comunidad afgana. Allí creó una academia para enseñar a tocar el rubab.

“Cada vez que toco, estoy en casa. Siento que estoy en Afganistán”, asegura.

El sábado participó en el concierto bautizado “Songs of Hope” (Canciones de esperanza) organizado en el Barbican por Afghanistan International TV, una cadena con sede en Londres creada por la sociedad de medios Volant, que también gestiona una cadena en persa para los iraníes.

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En marzo está prevista la difusión de un documental de este concierto.

Patrimonio cultural

En la primera mitad, Sakhi interpretó fragmentos de clásicos afganos y después transitó hacia la música folk.

Lo acompañaron el británico Shahbaz Hussain con la tabla, un instrumento de percusión, y el iraní Abib Rostami con el kamanché, un instrumento de cuerda.

Este concierto “es la única cosa que podía hacer como músico”, dice Rostami, organizador del evento y periodista para Volant.

Para él, la situación actual de los músicos bajo el régimen de los talibanes es “un regreso a los años 1990″. “La mayoría de músicos intenta dejar el país”, explica.

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En diciembre, un grupo de alumnos y profesores de una escuela nacional de música de Kabul llegaron como refugiados a Portugal tras la toma del poder de los talibanes.

La primera orquesta femenina de Afganistán, Zohra, creada en 2016 y bautizada en honor a la diosa persa de la música, hizo las maletas en dirección Catar.

Aunque “la música esté actualmente prohibida en Afganistán, no pueden prohibirla a la gente de todo el mundo”, asegura Rostami. “Tenemos que intentar como músicos, como melómanos, de encontrar un modo de preservar este patrimonio cultural para el futuro”, confía.

Por Ana Malpas - AFP

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