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El título de su disco, Mediocre, no le hace justicia en ningún sentido a lo que se encuentra al escucharlo. Ximena Sariñana entra a la escena musical como una buena sorpresa, como un puñado de suerte, como un oasis en medio de los productos y las personas prefabricadas.
Singular, particular, natural, honesta y sin arandelas, así es Ximena, y también lo es su propuesta. “Su disco no tiene desperdicio, es una vuelta a lo sencillo, lleno de fuerza”, afirmó Miguel Bosé sobre esta artista que acaba de descubrir y a quien invitó el año pasado a abrir uno de los conciertos de su gira española. No en vano ganó el premio MTV como Mejor Artista Revelación, fue nominada en varias categorías en los Grammy Latino y como Mejor Álbum Latino Rock Alternativo en el Grammy Americano.
Sin embargo, toda esta avalancha de éxitos no le han nublado la cabeza. Con los pies en la tierra, asegura que es circunstancial que todo esto le haya tocado a ella con tan sólo 23 años. “Me siento muy halagada y contenta de todo lo que sucede, pero tampoco le presto mucha atención porque en mi cabeza sigo siendo la persona que soy y siento que tengo mucho por evolucionar y resolver”. En efecto, su seguridad no nace del reconocimiento ni de los premios, proviene del gusto por el proceso artístico y de la responsabilidad de expresarlo.
Las voces femeninas suelen ser tan insondables como sus personajes. Sin embargo no es suficiente tener una buena voz para sobresalir en el mundo musical, en las propias palabras de Ximena, se necesita algo para decir. La intención del trabajo era mostrarse a sí misma. Las letras y la música fueron el vehículo para desahogarse a manera de un ejercicio de autoterapia. Y ahí está reflejada su personalidad más íntima, que indaga en las emociones que producen las relaciones de pareja y las traduce en ironía y bellas melodías.
Sin querer encasillarse en un estilo, describe su música como “canciones que tienen un poco de pop, rock, jazz y una pizca de electrónica”.
Es refrescante encontrarse con una producción que suena diferente y, sobre todo, que está exenta de vacío. También es sorprendente encontrar a alguien que va en contra de la corriente en un medio donde a veces la imagen sobrepasa el contenido. “Siempre fui medio torpe con las manos como para aprender a maquillarme o a peinarme. Es parte de mi búsqueda de la honestidad y no quiero forzar nada. Me maquillo cuando quiero y me visto bien cuando quiero”, confiesa.
La infinita curiosidad y la avidez intelectual de Ximena fueron seguramente alimentadas por una familia —su padre es el cineasta Fernando Sariñana— que en las sobremesas celebraban la pasión por las artes. Es por esto que no es extraño verla saltar de Cortázar a libros de historia y de la alegría de la samba brasileña al nostálgico piano de Michael Nyman.
A pesar de que la faceta de actriz surgió primero por hechos circunstanciales y de que hace poco debutó en el doblaje de la película de animación Coraline haciendo la voz de la protagonista, es en la música donde está metida de cabeza. Este año rodará Noche sin cielo —la primera película de ciencia ficción mexicana—, pensará en su segundo proyecto musical y se adentrará en la práctica del yoga. Le esperan varias giras porque su disco y su voz merecen llegar a muchos más lugares.