Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
La 33 no cumple con el imaginario de una orquesta de salsa. Es más, su formato no está diseñado para el baile. Aunque sí lo está para el goce porque en cada una de sus presentaciones se derrocha energía y se entiende el significado de la palabra diversión.
A sus seguidores no les llama mucho la atención bailar con el acompañamiento de su sonido en vivo y en directo... para eso está el disco. Sus conciertos están diseñados para cautivar oídos y conquistar ojos. Por eso, La 33, es toda una propuesta sonora y audiovisual en la que prima la salsa y el sabor... el sabor capitalino porque tiene el sello bogotano por todas partes. Incluso, su nombre, es un homenaje a la calle en la que está ubicada la casa materna de sus dos líderes y fundadores: Santiago y Sergio Mejía.
“La 33 lo que trata de hacer es revivir ese momento de la salsa dura. Nosotros vamos al origen y desde ahí desarrollamos nuestro propio estilo. Un día un melómano nos dijo que los salseros estaban esperando nuestro primer disco unos 30 años porque la salsa de los 60 y 70 siguió sonando, pero se dejó de hacer y había un vacío grande. Por fortuna llegamos nosotros para apropiarnos de ese espacio”, comentan los hermanos Mejía.
Ambos recuerdan cómo su estadía en Canadá les hizo cambiar el rumbo y dejaron de lado el rock para adentrarse en un estilo más caliente, masivo y popular. Comprendieron que por su venas no corría sangre jazzística, ni anglosajona y que debían sintonizarse con sus genes. Lo hicieron y ni ellos mismos esperaban la acogida que tiene su propuesta en toda Colombia y en el exterior.
Tres giras por Europa y una decidida aceptación en los Estados Unidos han marcado el camino exitoso de esta agrupación que comenzó su vida discográfica con La 33 y después arrasó con Gózalo, confirmando su estilo innovador y poniéndole rostro a un fenómeno sonoro llamado La pantera mambo.
“La 33 se ha construido el espacio sola. Con el primer disco surgieron solamente buenos comentarios, pero antes de eso había cuatro o cinco años de trabajo. Somos un proyecto sólido y hemos ido conquistando escenarios paso a paso”, comentan los cerebros de esta banda que un día tuvo la intención de vender más de veinte mil copias de un álbum y lo logró. Después quiso tener un toque cada semana y, ahora, tiene la agenda llena de presentaciones. Su más reciente reto chuleado es consolidarse internacionalmente y por eso tiene giras pendientes por Europa y todo el continente americano.
El año 2008 termina bien para La 33 y sus integrantes, repartidos entre músicos empíricos y de academia, tienen el sueño de hacer de la salsa un sonido que irradie buena energía, aunque sus pintas sean más rockeras que guapachosas.