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Una carta sin respuesta (Cuentos de sábado en la tarde)

“Pienso que no vas a responder, porque el amor es una búsqueda, en la que la brújula pierde su norte fácilmente y yo no siquiera he llegado al sur. Sabes, anoche soñé con tus rizos moviéndose con el viento en aquella plazoleta universitaria, llena de canciones de Sabina y Milanés, dónde nos sobraban los motivos para compartir más de 500 noches.”

Carlos Andrés Martínez Buelvas

02 de abril de 2022 - 01:00 p. m.
"La ilusión de amar está en los bosques, en las vocales que hacen de tu nombre el título de una canción y en el silencio de una luna enamorada del astro rey, pero que no le comenta nada por temor al rechazo y que no la visite más nunca en un eclipse"
Foto: Pixabay
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Barranquilla, 10 de enero del 2018.

Hola, soy consciente que nunca he sido correspondido por ninguna. Sin embargo, te agradezco la ilusión abstracta de sentir como se conjuga el verbo amar en todas las formas verbales posibles. El amor va más allá de la sensación de la unión de dos bocas amantes y tal vez por eso, la soledad canta en su agonía, lo mucho que te anhela mi cama.

El amor puede llamarse de distintas formas, llevar el nombre del shampoo que usas para perdurar el recuerdo de pensarte y que no estés o puede llamarse café como el color de tus ojos, cuya denominación permita llevarte presente o como el tinto sin azúcar que bebo diariamente. Pero igual, el amor puede llamarse “Miel”, como aquella sustancia ancestral que, combinada con limón, sana la gripe y que decir de “Soledad” cómo nombre de una amante, como el negro de la noche cuando el fluido eléctrico se ausenta a causa de supuestos racionamientos de Electricaribe, si, esos actos de esa empresa también pueden llamarse amor por recordarme a ti en distintas maneras, al igual que lo hace el silencio de mis noches.

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No voy a decirte que eres tú lo único existente en esta ciudad llena de edificios y de parques, pero sí eres el teatro que ha desaparecido por extrañas decisiones, estás en cada día de nostalgia, cuya única compañía es una Budweiser o un vino. Te preguntarás: ¿Por qué no una Corona o una Heineken? Porque su sabor no es poético ni asombra como la inolvidable música con que hablas y que evoco cada tanto.

Por esas cosas, pienso que el amor es una ilusión incapaz de responder mis cartas y mis interrogantes, pero que siente la necesidad de impedir que te olvide. Y es que no miento, el nombre del amor -tu nombre- y sus ilusiones me aparecen en los recibos del agua, en la publicidad política, en las series de Netflix, en los correos no deseados que si anhelo que lleguen sin importar las consecuencias y que me dejan una zozobra masoquista. Sabes, no quiero claudicar en esta inefable ilusión de conjugar contigo un verbo en cuyas oraciones siempre estuvo el sujeto en primera persona del singular, pero el predicado y los demás pronombres le fueron siempre esquivos.

La ilusión de amar está en los bosques, en las vocales que hacen de tu nombre el título de una canción y en el silencio de una luna enamorada del astro rey, pero que no le comenta nada por temor al rechazo y que no la visite más nunca en un eclipse. Eso es, la ilusión de amar, un tipo o una chica que conocen a alguien, pero las chances de tocar el cielo de la boca deseada son tan improbables cómo que tú me respondas estas líneas. A mí me sucede, tengo la ilusión de sentir que te amo: ahora tú qué sientes y ¿Por qué no lo dices?

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Pienso que no vas a responder, porque el amor es una búsqueda, en la que la brújula pierde su norte fácilmente y yo no siquiera he llegado al sur. Sabes, anoche soñé con tus rizos moviéndose con el viento en aquella plazoleta universitaria, llena de canciones de Sabina y Milanés, dónde nos sobraban los motivos para compartir más de 500 noches. Sin embargo, cuando desperté solo vi un estante lleno de libros, un cuadro de Saint Seiya junto al banderín del equipo que soy hincha y no estabas tú ni un mensaje tuyo en mi celular.

Atte: Pablo Salcedo

Por Carlos Andrés Martínez Buelvas

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