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Una fundación para artistas

El 23 de octubre, en el contexto de la Semana del Arte, se inaugura oficialmente en Bogotá la fundación Misol, que apoya el trabajo de artistas y curadores latinoamericanos.

Sara Malagón Llano

17 de septiembre de 2014 - 10:56 p. m.
‘La cabeza de Goliath’ (2014), de Eduardo Basualdo, Palais de Tokyo, París. Que la obra se expusiera allí fue posible gracias a la alianza entre Misol y SAM Art Projects. / Aurélien Mole
Foto: Aurelien MOLE
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La Fundación Misol para las Artes comenzó a trabajar en proyectos desde finales del año pasado. Fue creada con el objetivo de apoyar el arte de América Latina desde una sede en Colombia, y aunque en octubre cumple un año de existencia, se inaugura oficialmente en su país en el marco de la Semana del Arte. En el momento de su creación se formó un comité internacional de expertos en arte latinoamericano que se compone de 24 curadores, críticos y artistas. Ellos definieron la base de participación para las becas que entrega la fundación. Las becas rotan año tras año en diferentes enfoques: un programa de residencias que se desarrolla a partir de alianzas con diferentes organizaciones internacionales y un proyecto pedagógico autónomo destinado a explorar y potenciar procesos formativos relacionados con el arte.

Las becas que la fundación tiene planteadas hasta ahora son para artistas, y se propone estimular la actividad artística en frentes que tienen poco soporte institucional: proyectos de performance, de instalaciones específicas de sitio, de arte público y arte sonoro. También apoya el trabajo de curaduría, pues los curadores son los motores de interacción e indagación en el arte, la producción artística, el medio, la ciudad, el público, el contexto. En el futuro, la fundación buscará hacer proyectos de publicaciones y más adelante apoyar la formación de artistas latinoamericanos en países distintos a su país de origen, sin perder su enfoque, que consiste en trabajar siempre de la mano de otras iniciativas para ampliar mucho más su capacidad de acción. Así se pueden llevar a cabo proyectos que no serían posibles sin el trabajo conjunto de dos o más fondos de recursos.

“La misión de Misol es servir como una plataforma para los artistas y el arte latinoamericano. Es una forma de señalar nuestra riqueza en materia de arte, que por fortuna se ha sostenido históricamente. Colombia ha canalizado muchos de sus conflictos y de sus problemáticas históricas y culturales a través de una enorme actividad creativa que muchas veces es analítica, crítica o humorística frente a las situaciones que le sirven de base. El trabajo artístico tiene la ventaja de que su objetivo final es darle otra mirada a la realidad que comparten personas distintas al artista que presenta su propia postura”, afirma Jaime Cerón, curador, crítico e investigador vinculado a la fundación.

Las primeras residencias fueron en París, junto a la fundación SAM Art Projects, y la tercera fue en Guayaquil, con el proyecto de arte público Librespacio, del brasileño Marlon de Azambuja. “En Colombia, lamentablemente, las obras de arte públicas tienen poco espacio y patrocinio. Pasan entre cinco y diez años para que se inaugure una nueva. Por eso, por lo general, cuando se abren escenarios, muchos artistas desaprovechan la opción, o fallan de escala o de materiales, por la falta de experiencia. Eso es común en otros países de América Latina, no sólo en Colombia”, dice Cerón.

Misol tiene una página web que se alimenta de contenido producido por distintos escenarios artísticos. La idea es visibilizar proyectos curatoriales de gran envergadura, la actividad de los museos (que casi siempre es de carácter público) y lo que proviene de los espacios independientes, donde los jóvenes, recién expulsados de las facultades, se forman como artistas. “Si no estoy mal, en el año 2008 había sólo un espacio independiente en Bogotá. Hoy en día hay cerca de cincuenta en el país, veinte o treinta de ellos sólo en Bogotá. Es una cifra que fluctúa porque son espacios frágiles, pero queremos tener información también de ese tipo de espacios, y que en la página circule la mayor cantidad de actividad artística relevante que tenga lugar en cualquier país latinoamericano”.

El lanzamiento formal es en Bogotá el 23 de octubre. Se presentarán las obras de los primeros ganadores de las becas de creación joven y curaduría, que esta vez se concedieron en Colombia por ser colombiana la fundación, aunque su fundadora sea la venezolana Solita Mishaan, reconocida coleccionista de arte contemporáneo desde hace veinticinco años. La beca para artistas es un incentivo económico que le permite a un artista concentrarse en su obra. “Muchos artistas viven haciendo todo tipo de maromas para ganarse la vida. Un ingreso por un lapso de tiempo permite que descarguen su horario y pasen más tiempo en el estudio desarrollando las piezas que luego son expuestas”, dice Cerón. Los ganadores de las becas este año son Erika Ordosgoitti, quien hace performance, video e instalación, y Alejandro Martín: “Es importante recordar que la curaduría es una práctica que fortalece el campo artístico, porque los curadores son puentes, eslabones que conectan el proceso creativo, que muchas veces demanda cierto aislamiento (por ser un proceso reflexivo, a veces intuitivo, que implica en ocasiones escritura, lectura, trabajo de campo y casi siempre tiempos largos de trabajo), y los museos, las galerías, el público, la prensa, los coleccionistas”. Además, y sobre todo, el trabajo curatorial trata de crear un tejido de sentidos y una narrativa que hacen comprensibles las piezas, yendo más allá de las expectativas iniciales del artista. Una buena curaduría hace repensar una obra por el contexto en el que la inserta, la hace dialogar con otras obras, con la historia misma del arte.

La curaduría propone sentidos, propone lecturas, propone relaciones, conexiones a veces inesperadas, hace las obras accesibles y, operacionalmente, conecta a los artistas con otros eslabones de la cadena productiva del arte. “Entre más proyectos de curaduría haya, más activa es la carrera del artista”, afirma Cerón, que también dice que esta práctica no tiene tantos estímulos dentro del mundo del arte.

En la inauguración ofrecerá exposiciones en El Faro del Tiempo, el espacio aliado de la fundación. Y el 24 de octubre se presentarán los resultados del proyecto pedagógico Misol de este año, que se desarrolla actualmente en el barrio San Felipe. El propósito es levantar la memoria oral viva de los habitantes del barrio, quienes han sido testigos de la transformación de un sector residencial en uno semiindustrial y, ahora, en uno que está por convertirse en centro artístico. La idea es revisar cómo se han dado esos procesos en talleres con los habitantes del sector (desde el panadero hasta la señora de la tienda, los residentes, los celadores, los mecánicos), aun cuando los resultados no sean halagadores, para construir un tejido de voces de diferentes generaciones y posiciones que den cuenta de las transformaciones, guiados por artistas que tienen taller en el barrio. En los talleres se armará un fanzine y se imprimirán 1.500 ejemplares que se les entregarán a los habitantes. Esa será su forma de vivir la Semana del Arte, de apropiársela, en su sector.

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En eso consiste el gran lanzamiento de la fundación, que marcará la pauta de lo que será el proyecto Misol. “Hemos desarrollado tres proyectos internacionales, pero esta es la manera de presentarle la fundación a Colombia, para que conozca cómo es y lo que se proyecta a futuro”.

 

 

saramalagonllano@gmail.com

@saramala17

Por Sara Malagón Llano

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