Una humilde propuesta para el siglo XXI (Opinión)

Carta en tono humorístico, con tintes reales, como todo buen humor, que el colectivo La cuarta raya del tigre le dirige a la sociedad colombiana.

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La cuarta raya del tigre
09 de marzo de 2020 - 06:46 p. m.
Una de las versiones de El grito, del artista noruego Edward Munch, obra finalizada en 1893.  / Edward Munch
Una de las versiones de El grito, del artista noruego Edward Munch, obra finalizada en 1893. / Edward Munch
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Dirigida al excelentísimo y queridísimo rector de la Universidad Noroccidental de Bogotá:

Por medio de esta carta quiero exponer ante usted una posible solución para que las carreras de arte de la universidad aporten económicamente al país. Es hora de hacer caso al pálpito de algunos honorables padres que se ven obligados a torcer los ojos cuando un adolescente, en medio de su total ignorancia de la vida, les llega con esa idea ridícula de que quiere “estudiar” algo relacionado con las artes. 

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Este muchacho tan conocidísimo y honradísimo, J Balvin, la Diosa Shakira (hasta logró casarse con Piqué), el mechudo de Juanes (un paisa berraco, echao pa´lante), nunca hicieron un pregrado en Música para ser los mejores en eso, solo fueron emprendedores. 

Un estudio reciente, que me llegó por Whatsapp, demuestra que este tipo de carreras no genera un ingreso mayor al 5% para nuestra universidad, porcentaje que podría ser destinado para suplir necesidades importantísimas como la compra de papel doble hoja o jabón líquido para los baños. Las ingenierías, por el contrario, nos dejan con un jugoso 95%. 

¿Para qué necesita Colombia artistas? ¿Cuál es la función de este 5% en medio de la situación  económica, social y política del país? ¿Qué puede hacer este 5% frente al calentamiento global? ¿Para qué las manos de un 5% en la guerra? ¿Cómo puede un 5% incrementar las ganancias per cápita y disminuir la inflación? Para este 5% no hay empleo, pero el gobierno, cada año, sagradamente, invierte en unas tales “políticas culturales” que no son más que alcahuetería para gente que no ha aceptado que lo que hay que hacer es entender las cifras, valorarlas y ponerse del lado de las más convenientes, porque la situación económica del país no es la mejor. Si no tienes, ¿para qué sirve lo que eres? 

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Durante cuatro años, mis colegas y yo realizamos una investigación llamada La improductividad de la emoción en la que demostramos que todos aquellos sujetos que se basan en la emoción como centro de trabajo son menos productivos para el sistema; su atención es más limitada, carecen de conocimientos en áreas básicas como las matemáticas, desconocen Excel; dejan sus trabajos por la depresión y cuando se les pregunta por qué no dan resultados aducen la falta de inspiración. El 5%: escritor, músico, cineasta o actor es un sujeto que no aporta económicamente al país porque está centrado en su mundo interior. 

En el 2019 el nivel de desempleo en Colombia fue de 10,4 y gracias a nuestro 5%, esa cifra, que nos hace quedar tan mal, va en aumento, pues la mayoría de estas personas nunca desempeñan una actividad relacionada con lo que estudió: terminan en las calles como estatuas, escribiendo versitos a máquina o tocando la guitarra en Transmilenio. Parece que se graduaron para ser desempleados. Adicional a esto, el DANE no puede incluir dentro de su estudio los “empleos” que estos personajes se inventan, pues no están registrados, no existen. ¿Quién dijo que enseñar a respirar a otro o a hacer piruetas es un trabajo? ¿Cómo alguien puede pensionarse por escribir metáforas? ¿De qué sirve que alguien sepa ubicar las notas en un pentagrama si el país necesita puentes y vías?

Ese 5% puede que nos transforme el alma y nos desarrolle sensiblería, pero genera pérdidas económicas, impulsa el desempleo y casi hace de la vagancia una epidemia nacional. La verdad es que el 5% en Colombia tampoco aprovecha los espacios que el gobierno les da, pues podría volverse la cara visible de nuestra economía gracias al plan piloto, Economía Naranja, pero se niega a ocupar ese honorable puesto. Yo no pretendo acabar con las carreras de arte en la universidad, no espero que se me malentienda, mi objetivo es buscar la manera en la que esa imagen de parásito revolucionario bueno para nada cambie a la de actor principal del poderosísimo, hermosísimo y sagradísimo plan piloto, Economía Naranja.

Un estudio, de alguna universidad de Latinoamérica, dice que la música es valiosa cuando los empresarios hacen millonarios eventos o se ponen a favor de las marcas y generan estrategias que aportan al movimiento de la economía de las ciudades, poniendo en escenarios a estos personajes que mueven dinero e influencias sin siquiera haber estudiado música. Como puede ver, a la empresa le importa el espectáculo, no su contenido, y más ahora que se puede posicionar una opinión en las redes con relativa facilidad si se tienen los contactos adecuados. El arte es un hobby, está comprobado, lo dicen el diccionario, el Papa, la NASA y la Federación Colombiana de Fútbol, no tiene nada que ver con la academia. ¿Qué tan difícil puede ser rasgar un palo, soplar una corneta o bailar mientras se canta?

Así las cosas, lo lógico es que asumamos el 5% como el margen de error que es y busquemos cómo sacarle el mejor rendimiento. Por eso le propongo que aprovechemos la amplia variedad de pisos térmicos que alcanza nuestro país y mandemos nuestro porcentaje a los sitios donde se da la naranja, usémoslos como mano de obra para aportar, en grados significativos, a la gobernabilidad y el desarrollo económico. El objetivo es subsidiar, limpiamente, el jugo de naranja de los verdaderos trabajadores en el Alto de Patios y la Ciclovía de los fines de semana. Mejorar las relaciones diplomáticas ofreciendo mermelada (de naranja, obviamente) a gobiernos aliados. Volvamos los ojos a la industrialización de la naturaleza que tanto provecho y manjar nos ha proporcionado: aún queda tierra por explotar y la estamos desperdiciando. Claramente ellos pueden seguir haciendo su aporte a nuestro entretenimiento en sus muchas horas para el hobby, pues ya sabemos que con dos horas laborales al día es más que suficiente en Colombia. Con el adelanto tecnológico también pueden mostrarnos sus creaciones desde las redes sociales, expresándose según lo que indiquen las tendencias sobre los gustos de los consumidores. La economía naranja es una verdadera posibilidad para quienes no deciden estudiar carreras valiosas y prefieren el ocio. Así, la academia saca su mejor provecho a las cifras, que aunque insignificantes, nos ponen en déficit.

Es interesante ver cómo, al final de todo, las preguntas planteadas al inicio se resuelven de otro modo: el 5% no podrá acabar con la guerra ni con la muerte sistemática de sus compatriotas, mucho menos con el calentamiento global, pero sí podrá aportar a un crecimiento económico en el país. En otras palabras, generará la plata que se necesita para acabar con todos nuestros malestares sociales. La academia, una vez más, saca su mejor provecho a las cifras, que, aunque insignificantes, nos ponen en déficit.

Comienzo a creer que sí es verdad cuando dicen que el arte puede transformar una sociedad. Y pensar que aún hay gente que no cree que la cultura, ni el 5%, pueden impulsar socialmente y económicamente una región.

Está en sus manos, señor rector, decidir de qué manera aportará a su país.

Atentamente: Jorge Luis Navajas Cervantes, Magister en Economía.

Escrito por: La Cuarta Raya del Tigre

 

Por La cuarta raya del tigre

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