Cultura

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29 Jan 2021 - 2:21 a. m.

Una masacre, un poema

¿Se puede contar una masacre como la de El Salado en un poema? Es decir, encontrar la palabra precisa, la imagen más contundente, el ritmo de lluvia, el crecer de manigua, los escombros de belleza tras el horror. Sí, se puede y el resultado no solo es un poema, sino un relato y un testimonio histórico: La mata (Laguna Libros), de Eliana Hernández, con ilustraciones de María Isabel Rueda.
En El Salado, corregimiento del Carmen de Bolivar, fueron asesinadas más de 60 personas entre el 16 y el 21 de febrero del año 2000 por 450 paramilitares del Bloque Norte y el Bloque Montes de María / Archivo El Espectador.
En El Salado, corregimiento del Carmen de Bolivar, fueron asesinadas más de 60 personas entre el 16 y el 21 de febrero del año 2000 por 450 paramilitares del Bloque Norte y el Bloque Montes de María / Archivo El Espectador.
Foto: El Espectador

Este es un libro para leer de corrido, pero lento, o varias veces, y en el que se explora, como por entre el matorral, lo sucedido en aquellos días de profunda violencia en nuestro país.

En este trabajo, ganador de la beca para la publicación de libros de autores colombianos del Ministerio de Cultura, vamos más allá del número de víctimas y nos detenemos en los nombres Pablo y Ester, en las “bolsas bajo los ojos como almendras”, en “las manos torpes, gruesas de trabajar la tierra”, en las labores del monte y en aquellos objetos que luego quedaron solos: “Quedan con sus capas las cosas / plegándose unas sobre otras”.

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Sus personajes se saben bajo amenaza, pero prefieren no pensar y seguir con las tareas cotidianas: “Habría que amontonar la maleza (…) / amar las casas oscuras que son los montes, / los huesos que soportan lo mismo / que la noche soporta”. Luego caen los panfletos y empiezan a llegar aquellos innombrables sin que nadie pueda (o quiera) detenerlos. Las balas se confunden con agua lluvia, con música alegre, con el tren. Gracias a la pluma de Eliana Hernández vemos cómo “la mata” cobra vida, cómo se hace hombre y mujer: “El pelo del monte se enmaraña entigrecido / chasquean / las barbas colgantes de liquen chasquean”.

¿Por qué la mata? Porque nace de la tierra y la tierra son ellos, seremos nosotros: “Lo que alguna vez fueron: / lunares, masas / luego humus, tierra, simple tejido / que con el peso de los días / se vuelve poco a poco / una capa de tierra transparente”. La mata como las mujeres que regresan a El Salado y se unen: “Racimos abundantes, /retoñadas de sí”.

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La ilustración de María Isabel Rueda empieza por la oscuridad (“pero en el monte / nunca es de día”) y un trozo de casa. En la imagen la historia parece transcurrir al revés: se va haciendo la luz y la luz enciende el matorral que llena de vida lo que ha sido muerto. Crece La mata hasta que se desborda de la página y alcanza las palabras para darle paso al silencio. La editorial Laguna pensó en la experiencia de libro: pasamos las páginas para comprobar que la imagen se mueve. Y mientras recorremos las hojas a distintas velocidades percibimos el olor del papel y de la tinta a tierra fresca, a mata.

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