“Para mí lo importante de la narrativa es que tiene que ver con el arte del ilusionismo, que la lógica que está detrás de una ficción no es la lógica habitual del sentido común, mucho menos la del pensamiento científico”, confiesa Guillermo Martínez, el escritor argentino celebrado por su libro sobre Borges y la matemática y por su novela Crímenes imperceptibles. Ahora Martínez conquista las librerías del país con su nueva novela La muerte Lenta de Luciana B.
Dice que si en la solapa de sus libros no posara la etiqueta de ser matemático y lógico, quizás ningún lector notaría y ningún periodista preguntaría en qué forma se entrelazan estos dos pensamientos que parecen tan disímiles. Pero lo cierto es que, gracias a esa mezcla extraña, este escritor ha podido profundizar de manera particular en la obra de Jorge Luis Borges.
“En la universidad empecé a adentrarme en algunas ideas en matemáticas que fueron las mismas que interesaron a Borges: la manera de diferenciar los infinitos, la noción de límite, las paradojas lógicas”, explica el escritor que escribió todo un libro para desvelar las relaciones con la matemática que había en la obra del afamado escritor argentino.
“Lo que intento es mostrar cómo la lógica numérica no sólo ha sido el origen de ciertas ficciones, sino que también ha determinado el modo en el que él escribe”, cuenta Martínez, quien está convencido de que Borges concibe sus cuentos de una manera similar a como lo que hacen los matemáticos cuando estudian ejemplos: “él cada vez que escribe un cuento de un modo convoca o alude a diferentes variaciones que ha tenido esa idea en las distintas tradiciones literarias”, explica el escritor que ganó el Premio Planeta en el año 2003.
Después de aventurarse a navegar por las laberínticas letras de su compatriota más respetado y famoso del mundo de la escritura, Martínez se arriesgó a decir que el cuento borgiano tiene una especie de doble vida: “como ejemplo particular y como ilustración de una teoría más general que lo abarca”, de tal forma que el cuento no es sólo el cuento en sí, sino que hace referencia a una teoría por detrás.
Martínez encuentra que Borges tiene algo así como una gramática de la ficción, que siempre se imagina con base en ciertos patrones que se van variando de a poco, “esa es la manera en la que generalmente proceden los matemáticos; cuando estudian un ejemplo lo hacen con la idea de poder extraer de él algunas propiedades críticas que se puedan abstraer luego en forma de teoría, ésa es la vinculación más importante que hago en el libro”.
Pero su cercanía a la lógica exacta además le hace reconocer que, en general, al momento de un escritor darle forma a su obra siempre hay algo fríamente calculado en la manera en que se esconde información, en la que busca ciertos equilibrios, que hace que se exageren situaciones o se exacerbe la crueldad.
Esta convicción se devela plenamente en su última novela, una historia sobre la pérdida de lo más amado y la necesidad de la venganza. Guillermo Martínez, en La muerte lenta de Luciana B, cuenta una muerte que puede ser vista de tres formas diferentes: la primera, como accidente fatal que es una manifestación del azar, la segunda, como un crimen planeado por alguien y la tercera, la posibilidad de que haya sido cometido por espíritus primitivos del mal.
Las tres formas se muestran verosímiles y a lo largo de las páginas el lector, como perdiéndose en un laberinto, debe convivir con la posibilidad de que todas estas opciones sean las verdaderas. Al final ése es para este autor el desafío del escritor: “llevar una situación que inicialmente puede parecer anodina, cotidiana y trivial, hasta su estado más impensado”.