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Una novela que vislumbró los diálogos de paz

“El ministro”, publicada por Ediciones Pluma de Mompox S.A. en 2012, ha recibido buenas críticas por el manejo de una temática cotidiana, dolorosa y controversial: el conflicto armado en Colombia.

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Tatik Carrión
22 de julio de 2015 - 03:56 a. m.
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Carlos Cely Maestre se ingenia una historia con todos los ingredientes que desata la violencia, pero además pone su cuota de esperanza y cambio, lo cual la diferencia de otras que van por esa misma línea. Hay en ella una propuesta espiritual, de constante introspección en el protagonista que, a pesar de lo que vive,  se permite amar.
 
Escribir y publicar una novela como “El ministro” es un riesgo casi similar al que corrió su protagonista Antonio Rodríguez al denunciar ciertos delitos. ¿Qué piensa usted?
Es posible. Quizás por eso la mayoría de escritores prefieren explorar temas más inofensivos. Evitan riesgos y además logran que los grandes medios de comunicación difundan sus obras sin reserva, por no representar ningún tipo de amenaza para el statu quo.
 
Una forma de “matar” a un escritor es condenarlo al aislamiento y ese tipo de muerte es muy común en nuestros días. De alguna forma, yo la he vivido con El ministro. He recibido una excelente crítica por parte de todo tipo de lectores, de dentro y fuera del país, pero los grandes medios mantienen un silencio total frente a su existencia, justo cuando permitirles entender a los colombianos el origen y las razones del conflicto armado, ayudaría mucho a sopesar la importancia de los diálogos que se realizan en La Habana.
 
Ya que nombra usted los diálogos de paz en La Habana, tengo una pregunta doble, pero antes contextualicemos: usted escribió la novela en 2009 y la trabajó hasta 2011, y la publicación se dio en 2012. Según la historia, podríamos decir que Antonio y/o Carlos Cely Maestre soñaron con la reactivación de los diálogos de paz desde otro escenario, y además con otras necesidades. En ese orden de ideas ¿qué espera usted de esos acuerdos y negociaciones?  ¿Y qué tanto se parecen estos diálogos reales a los imaginarios de la obra?
Realmente fue Antonio, el protagonista de la novela, quien soñó con esos diálogos; los vio como el único camino para detener tanto crimen y tanta violencia física, social y económica que él apenas estaba empezando a vivir y a conocer. Frente al parecido de los diálogos, sé que tienen muchos puntos de encuentro, pero espero que los reales tengan un final diferente, que al menos sirvan para silenciar los fusiles y terminar con esa terrible polarización política que no permite cambios democráticos; que conduce al asesinato de cualquier candidato que proponga caminos diferentes.
 
Cualquier lector podría hallar la historia de su obra  100% real. ¿Usted realizó alguna investigación especial? ¿Es una novela testimonial?
Siempre investigo acerca del tema que voy a escribir, sea ensayo o novela. Además, en este caso me apoyé en el terrible drama y deterioro social que se ha vuelto parte de nuestra cotidianidad. El ministro es una obra de ficción, inspirada en nuestra realidad social y política, por eso el lector reconoce sin problema a los personajes que la habitan. Es una novela que, como dijo el poeta John Jairo Junieles, les permite al poder y a la sociedad mirarse al espejo de cuerpo entero. Yo personalmente hice una catarsis escribiéndola.
 
¿Es usted tan soñador como el protagonista de su novela? Recuerde que llevamos muchos años en una guerra absurda y que los intereses particulares han nublado los de la comunidad. Pese a muchos intentos y muertes, ningún líder ha logrado la “paz”, el diálogo transparente y la inversión en la educación.
Soy soñador e infantil. Si no fuera así, no escribiría. Para crear personajes e historias hay que lanzarse a jugar; hay que permitirle vivir al niño que llevamos dentro. También soy optimista frente a los cambios; sé que estamos viviendo un período de grandes transformaciones. Si esa comunidad que mencionas tuviera acceso a información y vivencias, como las que brinda El ministro, buscaría soñar con nosotros; soñar con una sociedad más justa.
 
En definitiva, la violencia es uno de los temas que más influyen en los textos de nuestros autores colombianos. ¿Qué objetivo persigue “El ministro”?
El ministro busca llevar a los lectores a vivir el conflicto armado colombiano, a entender sus causas y a acompañar a los protagonistas en su búsqueda de la paz para Colombia. Pretende darle a nuestra guerra interna una historia y un contexto que la mayoría desconoce, un contexto necesario para diagnosticar nuestra “enfermedad” y encontrar el tratamiento adecuado.
 
¿Ha recibido críticas negativas o comentarios pesados por la publicación de su obra?
Hasta ahora, no. La obra ha gustado muchísimo, no sólo por el tema y su tratamiento, sino porque tiene una trama seductora que atrapa al lector. Falta conocer la opinión de los “pesos pesados” del periodismo y la literatura. Ojalá algún día se pronuncien, así sea para descalificarla.
 
¿Por qué ese final y no otro?
Ese fue el final que se buscaron los personajes. Yo les di un carácter, los metí en un contexto y luego los dejé vivir. Al comienzo de la novela alcancé a visualizar un final diferente, pero cuando los personajes tomaron vida propia  marcaron su propio destino. Yo no podía traicionarlos.
 
“El ministro” podría ser una película colombiana que narra nuestra realidad. ¿Qué opina del cine colombiano? ¿Pondría a disposición el argumento de su obra para fines cinematográficos?
Por supuesto que lo haría, con mayor razón en este momento en que el cine colombiano está tocando temas de profundo contenido social, ancestral y cultural. Sería muy satisfactorio que mi novela se convirtiera en un largometraje. Así su trama, su mensaje y sus vivencias llegarían a mucha gente. También me gusta la posibilidad de un seriado de televisión, pero no veo fácil que Caracol o RCN se le midan a una historia que pisa callos de gente con poder y dinero. De pronto Canal Capital...
 
Algunas series de televisión de nuestro país han abarcado temas e historias como los de “El ministro”. La mayoría antes de llegar a su capítulo final fueron sacadas de programación. ¿Cree que podría suceder lo mismo con su obra en las librerías?
Espero que no, aunque es claro que algunas de las series que mencionas salieron del aire porque empezaron a tocar los intereses de gente con mucho poder, lo cual es, justamente, una de las características de El ministro. Sin embargo, prefiero pensar de manera positiva, creerles a quienes dicen que mi novela, tarde o temprano, se va a abrir camino sola. Los diálogos de paz en La Habana le brindan a la difusión de El ministro un entorno excelente. Se requiere es que las personas involucradas en la divulgación y distribución de libros conozcan la novela y entiendan la conveniencia de promocionarla. Las librerías y las bibliotecas juegan un papel fundamental en la formación y concientización de la sociedad, por eso no pueden limitarse a ofrecer y vender obras rentables pero superficiales o lesivas, inspiradas en el erotismo, el sexo, las drogas y un tipo de violencia que lo único que deja es mal ejemplo.
 
¿Cuánto tiempo dedicó a la escritura de esta novela, y cuál fue la escena o el capítulo más difícil y por qué?
Invertí alrededor de dos años escribiendo El ministro. La mayor parte  de ese tiempo, buscando la inspiración mientras viajaba en Transmilenio, sentado en una cafetería, caminando, observando el cielo. Cuando se me ocurrían ideas interesantes, las grababa en el celular y después llegaba a aterrizarlas en el computador. Siempre, después de escribir, me alejaba del texto unos días para tomar una distancia que me otorgara algo de objetividad al hacer la revisión y decidir qué se iba y qué se quedaba. El capítulo más difícil fue, quizás, el de la propuesta de paz que Antonio lee desde la cárcel. Necesitaba hacerlo de forma que no se convirtiera en un ladrillo que estropeara la agilidad y la magia de la trama. Necesitaba evitar que el lector se desconectara de la historia.
 

Por Tatik Carrión

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