23 Jun 2021 - 1:34 a. m.

Un tiktoker que dice estar atrapado en el 2027 vs. el punto de no retorno

Javier, un usuario de TikTok en España que dice estar atrapado en el 2027, viene subiendo videos que muestran la soledad de su supuesta realidad paralela. A la luz de la literatura, el cine o los cómics, ese futuro viral (¿y caótico?) es placentero. “Aceptemos este desastre con frialdad, sin esperanza, pero también sin dramatismo”, dice Mario Mendoza en Relato del Naufragio.

No valdrá mucho la pena emplear energía en “dilucidar” si esta historia es verdadera o falsa (porque lo es). Por ahora bastará con decir que el tiempo aportará las respuestas suficientes y necesarias para entender las razones que dieron origen a esta distopía maravillosa: Desde febrero de este año un hombre llamado Javier, quien dice estar atrapado en el año 2027, sube videos en Tik Tok e Instagram en los que, según él, evidencia ser el último humano vivo sobre la faz de la Tierra. Una grandilocuencia pavorosa (¿o maravillosa?).

“Desperté solo en un hospital en Valencia (España). No recordaba mi nombre ni dónde vivía. Salí a la calle y no había nadie . Todo estaba como en 2021, pero en los aparatos electrónicos con la fecha en 2027. La humanidad se ha extinguido, estoy solo en la ciudad”, se lee en las descripciones de los primeros videos.

Desde entonces - 13 de febrero de 2021 para ser más exactos - Javier, que se hace llamar “Único Sobreviviente”, ha venido publicando “evidencias” de su perenne soledad. Y entonces en esos clips cortos de video se ven aeropuertos, playas, restaurantes, estadios de fútbol, plazoletas, entre otros lugares, totalmente deshabitados.

Quien sea que esté detrás de esta idea distópica ha pensado en todo (o casi todo), pues los seguidores (algunos con perfiles falsos en IG y TikTok) del Único Sobreviviente “lo retan” a que vaya a los lugares que, se supone, deberían estar rebozados de gentes para que “demuestre” que lo que dice es verdad. Por ahora lo interesante no será descubrir la falacia, que es evidente, sino cómo se construyó y se sigue construyendo porque los videos son geniales, aunque algunos, por fallas de edición, dejen ver la mentira de la trama.

El rollo del “Único sobreviviente” es tal vez sui géneris con las narrativas que propone Instagram o TikTok, en donde el usuario, en este caso Javier, sostiene “comunicación directa” con nosotros, los que estamos esperando el sonido de las siete trompetas. Sin embargo, para la literatura, el cine, los comics o la música, esa narrativa no representa ninguna novedad.

Le invitamos a leer: Guillotina, cuerda y fuego (Diario de la peste, de Gonçalo M. Tavares)

Los Apocalipsis de La Biblia; Soy leyenda (Richard Matheson,1954); La hora final (Nevil Shute, 1957); Los pájaros (Alfred Hitchcock, 1963); El martillo de Lucifer (Larry Niven y Jerry Pournelle,1977); La máquina del tiempo (H.G. Wells, 1885); Finis Mundi (Laura Gallego, 1999); Ensayo sobre la ceguera (José Saramago, 1995); El ensayo del mundo sin nosotros (Alan Weisman, 2007), son apenas algunos ejemplos de libros y/o películas que abordan ese escenario psicótico de un mundo sin humanos o de un mundo hastiado de los humanos o de un mundo que vomitó a los humanos.

En “Bitácora del Naufragio” (Planeta), el más reciente libro del escritor bogotano Mario Mendoza, se habla -sin eufemismos y con crudeza - de la autodestrucción. Del punto de no retorno en el que ya estamos inmersos, pues para Mendoza la pandemia a la que hoy se enfrenta el mundo es apenas el primer paso de un cataclismo inevitable. Mendoza recuerda el trabajo del Club de Roma, una asociación sin ánimo de lucro que se fundó en 1968 y que reunió a científicos, economistas, hombres de negocios, y anteriores jefes de Estado de los cinco continentes para reflexionar sobre el impacto que estaba teniendo la humanidad en el planeta.

“El Club de Roma ha venido estudiando con sumo cuidado las crisis mundiales después de los ataques a las Torres Gemelas y la caída de Wall Steet en el año 2008. Los programas arrojan que el año 2012 fue el año en el que cruzamos el punto de no retorno. Ya no hay forma de detener el capitalismo o de modificarlo. Va hacia su propia autodestrucción. La producción agropecuaria se vendrá a pique debido al cambio climático y a la sobrepoblación, no habrá comida para todo el mundo, los sistemas financieros colapsaran y los conflictos, tanto domésticos como internacionales, surgirán en cadena. La caída de nuestra civilización ya empezó”.

A diferencia del “Único sobreviviente” que, pese a mostrar un escenario caótico (aunque muy limpio y organizado), tiene la esperanza en ‘volver’ al 2021 para reencontrase con la humanidad, salir al sol, escuchar los pajaritos y creer de nuevo, Mendoza prefiere optar por la desesperanza, por el no futuro, por la comprensión cruda de la realidad. “La esperanza tiene que ver con esperar y eso pospone la agonía. Es la espera la que produce el sufrimiento. Vivimos en un mundo lleno de remiendos. No. Digámonos la verdad. Esto está mal. No fuimos capaces. Hemos tomado pésimas decisiones. Saber que no podemos esperar hacia adelante sino entender que tenemos que actuar de inmediato es una posición más lúcida que la otra”, dice el escritor.

Le invitamos a leer: La historia no funciona así (Diario de la peste, de Gonçalo M. Tavares)

En una charla con el podcast Adultas Asintomáticas, Mario Mendoza explica:Este un libro escrito en catarsis. Eso significa un descenso a los infiernos para purificar algo que a uno lo tiene dolido, enfermo, destruido. Tuve una atmosfera delirante para tener una escritura catártica. No es una escritura en la que me doy ánimo, en la que busco el sol, en donde quiero pensar de manera positiva hacia adelante. Lo que uno necesita cuando está atravesado por el dolor y el sufrimiento es descender a la profundidad y liberar. Espero que mi catarsis personal le sirva al lector”.

Mientras tanto, en ese mundillo distópico 3.0 creado por Javier, el cuento va en que en un túnel valenciano se encontró una carta que le envió alguien, que no se sabe quién es, en la que le pide que arme una “máquina del tiempo” para que pueda volver. Además, quien le envía esa carta le pide que tenga “paciencia”. Respiremos...

¿Paciencia? La RAE define esa palabreja como la “capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse”. Ojo: SIN ALTERARSE. Tal vez en su mundillo Javier la tenga, pero en el mundo real esa cosa se está acabando. Quizá ya no existe.

Dos fragmentos del libro de Mario Mendoza para cerrar (o empezar a padecer) esta página vista.

“Basta abrir cualquier periódico para darnos cuenta de que toda esta pestilencia tiene su origen en nuestra soberbia, en nuestra enfermiza vanidad. Nos hemos creído los dueños del planeta, los amos que todo lo controlan. Sujetos hechos a imagen y semejanza de nuestros dioses, cuando en realidad somos seres banales y abyectos que han contaminado el globo entero de manera irresponsable y criminal. Hemos exterminado especies enteras, hemos abierto un agujero en la capa de ozono, hemos contribuido con nuestras pésimas decisiones al recalentamiento global y, nos vamos a cuidados intensivos al menor ataque por parte de un grupo de seres diminutos que ni siquiera podemos ver. Qué fragilidad en medio de tanto ego”.

Una bofetada más. Como para dejar de romantizar la escritura o más bien para aferrarse más a ella: “Así que aceptemos este desastre con frialdad, sin esperanza, pero también sin dramatismo, y tomemos algunas notas mentales mientras nos hundimos. Un diario de toda esta hecatombe no puede ser una novela, ni un libro de cuentos, ni un reportaje. Los géneros funcionan cuando hay una realidad única, cuando el mundo se nos ha hecho trizas. Pero cuando todo alrededor está quebrado los moldes no funcionan. Busquemos las palabras que nombre el abismo, los verbos que den en el blanco de la tragedia. Vamos a tomarle la temperatura a la catástrofe, vamos a despedirnos sin nostalgia de ninguna clase mientras a nuestro alrededor todo lo que alguna vez amamos se va desintegrando, dejándonos en el desvarío, la zozobra y la locura”.

El tiempo aportará las respuestas suficientes y necesarias para entender las razones que dieron origen a la distopía del “Único Sobreviviente”, dijimos al principio de estas líneas. El tiempo. El mismo que corre sin detenerse. Antes de cerrar este texto me llega una notificación sobre una nota de prensa publicada en un portal español llamado “Audiovisual 451″.

“Beta Spain, la filial española de la distribuidora y productora alemana Beta Film llevará a la televisión ‘Único Sobreviviente’, fenómeno nacido en un perfil de TikTok. Beta Spain apuesta una vez más por la originalidad y la innovación. El fenómeno es un perfil original de TikTok que cuenta la historia única, inesperada, imposible, apasionante y épica de un joven que se despierta en un hospital solo en el mundo y cree que está en 2027, ya que los relojes digitales y los aparatos electrónicos indican esa fecha

Gracias a poder comunicarse a través de Internet con personas del presente en 2021, descubre que él también está en 2021, pero en una realidad paralela. Es entonces cuando empieza la trama para descubrir cómo ha llegado allí, por qué, cuál es su misión y cómo puede volver al presente gracias a la ayuda de sus seguidores”.

Según comenta Beta Spain, “este increíble relato de misterio, aventuras y ciencia ficción ha llamado la atención mundial por la estética de sus vídeos, en los que no aparecen personas ni animales, dotando de una enorme veracidad a la historia.» Beta Spain está ya inmersa en el desarrollo, la adaptación y la venta como serie televisiva de ‘Único Sobreviviente’”.

Vaya, vaya. Entonces ¿Único Sobreviviente fue una estrategia de marketing para el lanzamiento de una serie de televisión? Finjamos sorpresa.

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