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Para que los pueblos no elijan mal hay que ser fuertes con las ideas y ello significa movilizarse y actuar. No podemos quedarnos de brazos cruzados esperando que algo suceda”, dijo en un desayuno entre críticos literarios y socios del Club El Nogal el escritor Mario Vargas Llosa frente a la única pregunta de corte político que permitió. (Horas después, en otro encuentro con la prensa, se despacharía en contra de la nueva reelección del presidente Uribe. Ver artículo adjunto). Aseguró también que “Venezuela tiene un problema que ellos mismos se han buscado y que corresponde sólo a ellos solucionar.”
El acto pretendía ser un diálogo en torno al trabajo literario del narrador peruano con el crítico Juan Gustavo Cobo Borda pero, para fortuna de los presentes, desde el inicio Vargas Llosa se desbocó en un extenso e interesante monólogo en el que habló sobre los orígenes de algunos de sus personajes -tanto de La ciudad y los perros como de Travesuras de la niña Mala- para concluir contando sobre su gusto por Conrad y la participación que éste tiene en la novela en la que actualmente trabaja.
Curiosamente, en ningún momento de la mañana se habló sobre la razones de la presencia de Vargas Llosa en Bogotá: la presentación anoche en el Museo Nacional de su obra teatral Al pie del Támesis la cual fue donada en su totalidad para patrocinar a la Fundación Notas de Paz que busca sacar adelante las Orquestas Infantiles y Juveniles del mismo nombre en cuya cabeza se encuentran Lilly y Consuelo Scarpetta, quienes desde hace un par de años han puesto todo su trabajo en construir espacios de paz a través de la formación y educación musical en los barrios menos favorecidos de Cali.
La obra de teatro –a la que le seguía una cena de gala para un selecto grupo de 250 personas que pagó cada una $750.000 por la boleta- se presentó en una única función luego de haber colmado taquilla el año pasado en Lima, cuando el mismo Vargas Llosa se preocupó por asistir diariamente a su montaje cuidando en extremo que la puesta teatral se desarrollara según sus exigencias.
Se trata de una pieza que el peruano comenzó a escribir hace seis años y que debió encarpetar en más de una oportunidad por las dificultades que enfrentó pues, como alguna vez expresó, “no acababa nunca de sentir que había aprovechado bastante esa historia".
La historia está basada en una conocida anécdota del cubano Guillermo Cabrera Infante quien, tras un encuentro con su colega y amigo venezolano Esdras Parra, confirmó que éste se había convertido en una admirada poetisa. Se trata de una obra emparentada con su novela Los Cachorros en cuanto a que ambas parten de una misma idea: “los protagonistas sufrieron de niños una terrible experiencia sexual que los marcaría para toda la vida”.La obra plantea un rol de máscaras y un juego de equívocos en el que al final el único que no sabe la verdad es el protagonista.
*Escritor.