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Vestir de negro en el fútbol

Cuando tuvimos autorización para salir de este encierro macabro, enfermizo e inédito en el globo terráqueo, salí corriendo con mi esposa, Gloria, como si estuviéramos estrenando camino y caminada, pies, manos y cuerpo.

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Juan Carlos Rodas Montoya
04 de septiembre de 2020 - 11:13 p. m.
"La vi, la soñé o me la inventé porque el fútbol nos brinda la gran oportunidad de ficcionar".
"La vi, la soñé o me la inventé porque el fútbol nos brinda la gran oportunidad de ficcionar".
Foto: Archivo Particular
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Coartada de todos los errores, explicación de todas las desgracias, los hinchas tendrían que inventarlo si él no existiera. Cuanto más lo odian, más lo necesitan. Durante más de un siglo, el árbitro vistió de luto. ¿Por quién? Por él. Ahora disimula con colores. Eduardo Galeano.

Chuté cuanto objeto vi y ella me ayudaba con algunos que yo le tiraba. Nuestra mirada era distinta y eran nuevos cada árbol, piedra, sendero y parque. Vimos, en primera instancia, a una mujer que caminaba en la línea de una ciclovía en el sector en el que, desde pequeño, iba a ver decolar aviones, aunque ya casi no se ve nada por la decisión del dueño del vivero, quien puso jirafas, matas, pastores, pastos y yerbajos, bonitos, pero que ya no dejan ver los aviones desde esta perspectiva infantil. Esta mujer parecía un árbitro de fútbol, caminaba en la línea recta de la pintura blanca que pintaron para demarcar la vía, a izquierda y derecha, en movimientos directos. Ir y venir, avanzar y volver sin perder la línea. Pensé que era la madre de un árbitro, estaba toda de negro, de pies a cabeza: llevaba tres tarritos de agua, una camándula y una hoja de cuaderno manchada de letras escritas con un lápiz.

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No alcancé a leer nada, pero recordé que las madres de los árbitros siempre llevan una camándula, ellas saben para qué. Nos pareció una imagen curiosa por la repetición del movimiento de ida y vuelta sobre la misma raya. Me pregunté inmediatamente: ¿Será la esposa o la hija de un árbitro caído en desgracia por esta pandémica situación? ¿Ella misma era una jueza de línea que dejó de trabajar en estas épocas inciertas? La vimos lunes, martes, miércoles, jueves y el viernes no. Por el rostro imaginé que había un profundo dolor en sus entrañas: respiraba lentamente, como si sus recuerdos le hicieran daño.

Pensamos que los viernes descansaba porque era un ritual farragoso y denso. Ir y venir sobre la línea recta por múltiples veces agota el cuerpo y amilana el espíritu. Seguramente la veríamos el lunes, como de costumbre. Volvimos el lunes de la otra semana y ya no estaba, pensé que la inventé porque quería fútbol, hablar de fútbol, o estar cerca de alguien que respirara fútbol. Pensé que la imaginé y me gustó saber de ella. Gloria, me dijo que la recordaba porque estaba de negro, tenía tres tarritos de agua y una camándula, es decir, no vio la hoja escrita, tal vez era una promesa para que volvamos al fútbol y seguir con el ritual de pitar, es decir, narrar. La vi, la soñé o me la inventé porque el fútbol nos brinda la gran oportunidad de ficcionar.

Por Juan Carlos Rodas Montoya

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