Violines en el cielo, del director japonés Yojiro Takita, consiguió que Japón se llevara su segunda estatuilla, que esperaban desde 1953.
Daigo es un joven chelista que se queda sin trabajo porque su orquesta se desintegra sin previo aviso. Con su esposa, deciden volver al pueblo que lo vio nacer y donde su madre dejó una casa. Desesperado por encontrar un trabajo, encuentra un aviso en el periódico y lo que parecía ser una agencia de viajes resultó ser su nueva carrera, donde de la mano de su maestro aprende el oficio de limpiar y arreglar muertos. La naturaleza de su trabajo a pesar de ser una ceremonia de parsimonia y casi que de culto religioso desconocido para muchos, hace que la gente a su alrededor lo considere una especie de profanador digno de una limpieza que vaya más allá de lo físico.
Esta película de interesante historia logra momentos conmovedores y abre espacios de humor, pero en un plano general, le falta contundencia, sobre todo a ciertas actuaciones que a veces parecieran más propias de las tiras cómicas. Este largometraje de tono melodramático cae en el terreno cómodo de una bonita película.
Su director, Yojiro Takita, quien empezó en el terreno audiovisual con los pink films, cine erótico, es ahora uno de los reconocidos directores en el medio del cine japonés. El Espectador lo entrevistó.
¿Qué rescata de sus comienzos en un género como los filmes rosas (eróticos)?
Yo creo que para los directores de cine el género no importa, en tanto exprese nuestra visión. Creo que vivimos con los éxitos y los fracasos del pasado, como también con la vida anterior al cine. Todo esto afecta cada paso de la creación.
¿Qué ha significado haber obtenido el Oscar en su carrera?
Probablemente me demoraré un tiempo en entender todo el peso y el brillo de un Oscar. Sin embargo, haberlo recibido me ha inspirado y espero no incumplir con las expectativas.
La película ganó casi todos los premios de la academia japonesa del cine. ¿Dónde cree que está el éxito de esta película?
Se debe posiblemente al hecho de que la película trata sobre un tema universal que todos deben enfrentar: la muerte. Cada ser humano tendrá que lidiar con la muerte en algún punto de su vida y algunos prefieren darle la espalda. A través de esta cinta, mucha gente reconocerá que esta puede ser la manera de afrontarla. Creo que el público se ha identificado con alguno de los personajes y ha podido tocar o sentir su propia muerte a través de las vidas de otros.
¿Cómo terminó involucrado en la película y cuál fue la inspiración?
La idea original vino del actor principal, Masahiro Motoki, quien a través de sus viajes a India se interesó sobre la forma en que conviven de manera cotidiana la vida y la muerte, y de sus conexiones. Después de esto, se cruzó con el libro de Shinmon Aoki Coffinman: a journal of the buddhist mortician, que lo inspiró en la historia del Nokanshi (el que prepara a los muertos). Cuando recibí el proyecto del productor, poco sabía de esta profesión. Cuando leí el guión, lo sentí muy familiar y cercano, y a pesar de que la película trata sobre la muerte, sentí que hablaría más de la vida y que sería capaz de hacer una cinta interesante. La idea de “despedir” a alguien es hermosa y pienso que la manera como uno vive muestra la manera como uno muere. Quería mostrar el contraste entre la tristeza de perder a alguien importante y el sentimiento caluroso que genera la gente cercana al fallecido. Creo que encontrar el interés en temas que otra gente no quiere tratar es un hábito usual en los directores.
¿Usted o los actores estuvieron en entierros reales para prepararse?
“Nokan” no es un ritual común en los funerales de hoy en día. Sólo existe en algunas partes rurales del Japón. Lo más importante para mí era saber lo que era esta preparación. La atmósfera y lo que sentí al presenciar esta ceremonia fue lo que confirmó mi deseo de crear este largometraje. La experiencia me hizo caer en cuenta de la belleza de preparar a alguien con mucho respeto. El actor protagónico, Masahiro Motoki, practicó esta ceremonia por algunos meses antes de comenzar el rodaje.
Se puede afirmar que hay una diferente aproximación al cine en Oriente y en Occidente. ¿Está de acuerdo?
No estoy en la posición de discutir sobre la cultura occidental, porque no he tenido la experiencia de vivir en ella. Creo que puede haber una diferente aproximación en cada cultura, en cada punto de vista. En esta cinta me enfoqué en la gracia, en la belleza de los rituales y las ceremonias, tan comunes a la cultura japonesa.