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¿Qué hace exactamente un agente deportivo?
Un agente deportivo es, básicamente, la persona encargada de defender los derechos de un jugador en todo lo relacionado con su contrato con un club profesional. Vela por su estabilidad económica y protege sus intereses en términos de proyección deportiva. Diría que es como un mediador entre el jugador y el club para evitar malentendidos y garantizar que se respeten los derechos del deportista lo largo de su carrera.
¿Cómo llegó a este puesto?
Desde muy pequeño siempre me ha gustado el fútbol. Quería ser futbolista y, a pesar de que eso no se pudo, quise hacer algo en ese campo. Estudié ingeniería de datos y software en la Universidad de los Andes, y con esa experiencia creé mi empresa dedicada exclusivamente al fútbol femenino. Ahí me dedico a desarrollar proyectos que buscan visibilizarlo ante entidades privadas. Ese se ha convertido en mi proyecto de vida. Vivo del fútbol femenino, aunque muchas personas piensen que no es posible.
¿De dónde nació el interés por el fútbol femenino?
Para mí era un mercado que casi nadie veía y, precisamente por eso, identifiqué un potencial enorme. Y creo que tenía razón, porque con el tiempo esa parte de la industria ha ido creciendo de manera exponencial. Hoy en día se ve claramente, por ejemplo, en el impacto de muchas jugadoras colombianas que están construyendo una buena imagen y una marca ante la sociedad en el extranjero, como Linda Caicedo, Mayra Ramírez, entre otras. Claro, el músculo financiero del fútbol masculino sigue siendo mucho mayor, pero las mujeres deportistas están demostrando que pueden estar a la par e incluso que pueden ser superiores a lo que hoy se ve en el deporte masculino.
¿Cuánto tiempo lleva en este campo?
Empecé en 2021, pero antes trabajaba en scouting (búsqueda de potenciales jugadoras profesionales), así que llevo ya como unos 11 años en esto.
En ese tiempo, ¿qué evolución ha visto en la percepción del deporte femenino?
A mediados de 2017, cuando se inició la liga profesional femenina en Colombia, la percepción era muy distinta a la que hay ahora. En esa época casi nadie les ponía atención, porque se decía que las mujeres no corrían o que no tenían técnica. Hoy en día eso ha cambiado por completo. Ahora nadie cuestiona su preparación técnica y el nivel de estas jugadoras. Eso se ve en los hitos internacionales que ha logrado la selección de Colombia femenina, como en la Copa América y en los torneos que ha ganado. E incluso es algo que se ha visto también a nivel internacional. Argentina y Chile han avanzado bastante, y ni hablar de países como México y Brasil, que hoy son potencias del fútbol femenino. Lo digo desde mi experiencia. Hace poco estuve en São Paulo y llevé a una jugadora del Deportivo Cali, Paula García, quien ahora es nueva jugadora del Corinthians. El nivel que se vive allá es impresionante: la forma en que entrenan y se preparan realmente marca la diferencia. Entonces diría que ese cambio en la percepción ha sido bastante positivo.
¿Qué satisfacciones le ha traído trabajar en este campo?
Un día estaba leyendo un periódico y me encontré con una foto de una jugadora que en ese entonces estaba en Atlético Nacional. Se llamaba Ana Fisgativa. Cuando la vi, con la ilusión que tenía de trabajar en fútbol femenino, empecé a pensar que algún día me gustaría poder ofrecerle mis conocimientos y acompañar su carrera. El problema era que, en ese entonces, creía que era imposible llegar a una atleta de esa categoría. Pensé que eso se quedaría como un sueño y ya. Pero un tiempo después asistí a una copa en Medellín, que se hacía en el marco de la Feria de las Flores, y ahí la conocí. Hoy en día llevo seis años manejándole prácticamente todo: no solo la parte deportiva, sino también le constituí su empresa, le manejo la parte legal y todo lo relacionado con comunicaciones, entre muchas otras cosas. Actualmente es jugadora del Deportivo Cali, y con ese club se declaró subcampeona de la Copa Libertadores. Esa ha sido una de mis grandes satisfacciones, pero en general le doy gracias a Dios, porque todo lo que he vivido al final ha dado frutos. Trabajar en el fútbol femenino no es sencillo, sea en el puesto que sea, pero hoy puedo decir que me considero afortunado de estar trabajando en este mercado.
¿Qué le hace falta al fútbol en el país para seguir consolidándose como una verdadera oportunidad para las mujeres?
No solo me encargo de viajar y negociar con clubes extranjeros para que mis jugadoras tengan buenas condiciones, sino que también apoyo a los equipos colombianos. Lastimosamente, los derechos formativos en el fútbol femenino todavía no están consolidados en Colombia. Es decir, hoy los clubes invierten para formar y fortalecer sus equipos, pero cuando esas jugadoras se van no hay un retorno de esa inversión. Esa es una brecha que aún falta trabajar mucho para que, al final, el fútbol femenino pueda ser rentable. Eso es algo que ya hemos venido trabajando e incluso ya se han dado las primeras ventas en el país, como pasó con Valeria Loboa, quien hace poco se fue a Estados Unidos en una transferencia de USD 70.000, lo que benefició al Deportivo Cali. Sin embargo, en muchos otros casos los equipos no reciben ese retorno económico y, más allá de lograr que las jugadoras salgan al exterior, también es fundamental trabajar en pro del fútbol colombiano para que exista ese retorno de inversión y el sistema pueda sostenerse.