Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Vocalconsort Berlin: la quietud y el movimiento

Reseña sobre la presentación de Vocalconsort Berlin realizada en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República.

Angélica Daza Enciso*

07 de abril de 2018 - 02:34 p. m.
Si bien el ensamble Vocalconsort Berlin suele ser más numeroso, en este programa solo actuaron cuatro cantantes y, aunque reducido, el formato fue suficiente para el repertorio. / Gabriel Rojas © Banco de la República
PUBLICIDAD

La Sala de conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango es el escenario, en marzo y abril, de una serie de conciertos dedicados a la música antigua, más precisamente a la música polifónica del Renacimiento. Cuatro ensambles europeos con propuestas musicales y repertorios muy distintos nos permitirán apreciar diversos ángulos de la música de los siglos XVI y XVII. Uno de esos ángulos fue presentado por Vocalconsort Berlin, que nos convocó alrededor de un programa que ellos titularon Del cielo a la tierra.

El programa estuvo compuesto por música escrita en tiempos de la Reforma ocurrida en Alemania en 1517. No se trataba exclusivamente de música sacra escrita para la naciente Iglesia Protestante, sino de obras de distintos autores de la época como Ludwig Senfl, Georg Forster, Caspar Othmayr, Heinrich Isaac, de los cuales, aunque no muy conocidos, tuvieron influencia directa en la música escrita para el culto. La semejanza de su estilo con aquel de los polifonistas franco-flamencos, españoles o italianos como Tomás Luis de Victoria o Palestrina fue evidente no solo en el fino tejido polifónico imitativo de las obras sino en la textura homofónica depurada y sencilla de las composiciones, en la que se privilegia la comprensión del texto. Los temas abordados eran tan diversos como el amor, la suerte, el desengaño o la tristeza; las obras sacras por su lado, representaban bien los ideales de la reforma: escritura en lengua vernácula y énfasis en el mensaje del texto.

Si bien el ensamble suele ser más numeroso, en este programa solo actuaron cuatro cantantes y, aunque reducido, el formato era suficiente para el repertorio. El contraste entre la quietud corporal de los cantantes y el movimiento descrito por las líneas melódicas, era sorprendente. Cada cantante detrás de su atril, concentrado en su partitura me recordó que en la época era frecuente el uso de facistoles, grandes atriles que solo les permitían oírse, sin relación visual. Al empezar cada obra, el bajo Jakob Ahles murmuraba algunos intervalos y sin nada más que una respiración comenzaba la música como un instrumento tocado por una sola persona, un inmenso órgano de donde solo brotan sonidos, sin que podamos ver al interprete. La legendaria precisión alemana acá demostró ser un hecho.

Read more!

Escuchándolos me preguntaba ¿Cómo un repertorio escrito casi en la misma época, en el mismo idioma, en el mismo país y con similares recursos compositivos puede ser tan distinto? Todo radica sin duda en la calidad del trabajo de este ensamble. Hay que pensar, además, que para nosotros no es fácil acercarnos a un repertorio en alemán y que, aunque las traducciones de los textos nos ayudaron a darnos una idea de su contenido, también fueron sujeto de confusión, pues no siempre coincidían con lo interpretado por el ensamble. Cada obra tenía un carácter propio mas allá del sentido de las palabras. Si bien los matices no están indicados en las partituras de la época, el cuarteto supo resaltar palabras e ideas con pertinentes cambios de matices que permitían entender mejor la intención interpretativa.

Por ejemplo, la obra Herre, das sein deine Gebot de Arnold von Bruck que habla acerca de los mandamientos, al final lleva las palabras Kyrie eleison (Señor ten piedad, en griego) cantadas con mucha suavidad resaltando la humildad de esa plegaria. En contraste, una obra como Herzliebster Wein, von mir nit weich (Amado vino, no te alejes de mi) de Georg Forster, era de carácter claramente festivo, y una obra como So man lang macht! (Mientras uno hace) de Senfl, era mucho más enérgica y vivaz. De esta manera, las capacidades vocales y la musicalidad de los intérpretes quedaron demostradas. Recuerdo en especial el carácter de la obra Vater unser (Padre nuestro) de Stefan Mahu de textura homofónica, como un coral protestante, interpretada con suavidad y elegancia.

Read more!

Antes de dejarnos y en respuesta al afectuoso aplauso del público nos regalaron dos últimas obras fuera del programa. La primera, Schlaflied (Canción de cuna) de Tobias Künsel (n. 1964), adaptada para cuatro voces, una obra moderna en contraste al repertorio del concierto; y la segunda, Der mond ist aufgegangen (La luna se alza) popular canción de cuna alemana musicalizada por Adolf Seifert (1902-1945) en la que demostraron la versatilidad de su trabajo. Una despedida perfecta para un concierto perfecto.

* Maestra en música con énfasis en música antigua.

Por Angélica Daza Enciso*

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.