Estas poblaciones se han convertido en un laboratorio natural que entrega a la ciencia el reto de prepararse a un futuro irremediable.
De 10 millones de bielorrusos, 2 millones viven en tierras contaminadas, 700 mil son niños, crece la mortandad, el cáncer de tiroides, la leucemia y las malformaciones. Han escondido y omitido información, porque la obsesión por el poder le resta importancia a la vida humana y valida la mentira.
Se habla del pasado y del futuro, la realidad del presente aún no se comprende. Son narraciones profundas y poéticas. El libro es un acto de reflexión en contra del silencio, como lo son las palabras de los niños: “Nos moriremos y nos convertiremos en ciencia (…) se olvidarán de nosotros (…) para mí ahora el cielo está vivo, cuando lo miro ellos (mis amigos) están allí… Todos callan: el profesor, los médicos, las enfermeras… creen que yo no sospecho nada. Que no sé que pronto moriré. Ellos no saben que por las noches aprendo a volar. ¿Quién ha dicho que es fácil volar?”.
La zona más afectada es en hoy día un “refugio ecológico” donde desfilan ciertas especies de animales, y el turista, a quien deleita el horror.