Poco a poco el cine de Hollywood ha estado experimentando una ruptura de fondo y ha volcado su interés en la forma, en los elementos que le sirven para retener público en las salas y a la vez motivarlo a que siga yendo. Sin duda, hay una transformación. A falta de historias, ha buscado salidas de escape en la adaptación, el remake, las películas 3D y, últimamente, en producciones que enfaticen sus épocas más ilustres.
Era noviembre de 2007 cuando todo se detuvo. Alrededor de 10.500 guionistas de cine y televisión decidieron hacer un paro creativo durante 14 semanas por los bajos porcentajes que recibían de las películas o series que contaban las historias que habían escrito y que estaban en formato DVD o se descargaban de la web o el celular. La peor crisis de Hollywood en los últimos 20 años es uno de los tantos antecedentes para que hoy en la oferta de la pantalla grande se hayan multiplicado los reencauches y la experiencia en la sala de cine haya saltado hacia una sobreexposición del 3D, una alabanza a la técnica. “El autoplagio es estilo”, decía Alfred Hitchcock.
Si bien la huelga de guionistas fue un punto de partida para que ellos replantearan la importancia de su papel en un negocio que mueve miles y miles de dólares anualmente, también es el punto de quiebre en la línea del tiempo para situar desde qué instante el cine terminó repleto de filmes de superhéroes del cómic. Coincidencia o no, lo cierto es que a partir de ahí los siguientes años han sido abundantes en reboots y remakes. Películas como Linterna verde, El capitán América, Thor, Iron man son ejemplos de ello. ¿La industria se está quedando sin historias? Razón tuvo el vicepresidente del Sindicato de Guionistas de Los Ángeles de entonces, David N. Weiss, en decir: “Ahora sabemos que los guionistas tenemos más poder del que todo el mundo pensaba”.
En los pasados Premios Oscar, siete de las nueve nominadas a Mejor Película eran adaptaciones de novela y aunque la estrategia de llevar la literatura al cine no es nueva, sí hace eco de la ausencia de producciones originales que se han desdibujado en escena a raíz de la crisis económica que ha obligado a hacer una apuesta segura para obtener éxito de taquilla con relatos que ya han cautivado al público. Tal es el caso de las historias de Sherlock Holmes o las aventuras protagonizadas por Tín Tín, de las que ya se anunciaron segundas y terceras partes.
“En su momento, y tal vez de un modo distinto hoy, los primeros directores de Hollywood utilizaron el remake como un modo de agilizar la producción. Hollywood creó una fórmula narrativa que se repite hasta la actualidad, de modo que un director en los años 20 podía filmar 5 o 6 cortometrajes por semana, pues simplemente tenía que cambiar los contenidos de una fórmula preestablecida: un héroe, una heroína (casi siempre víctima), un villano, etc. Esto disminuía los costos y, si lograba su cometido de identificar al público con la historia, conseguiría mayores ganancias en las salas. El remake, entonces, juega a apelar a un imaginario colectivo preestablecido para conseguir más público”, sentencia Juan Carlos Arias, profesor e investigador del Departamento de Artes Visuales de la Universidad Javeriana.
La industria cinematográfica, como todo negocio, lo que busca al fin de cuentas es obtener ingresos y cuando encuentra el método para cautivar al público que va a las salas, lo explota hasta la saciedad, por eso se ven las secuelas más risibles en pantalla. Ahora, Hollywood siempre ha tenido la tendencia a tomar contenidos de otras latitudes para adaptarlas a su lenguaje. ¿Más sencillo? Quizá. ¿Masivo? Por supuesto. ¿Con mejores resultados? Eso todavía se pone en duda.
Juan Sebastián Corcione, docente universitario especializado en estudios sobre la imagen, se lo atribuye a la negación de los estadounidenses para leer subtítulos. “Al haberse constituido como potencia no tienen la necesidad de mirar al otro, no hay nada que el otro les pueda contar que ellos no entiendan por sí mismos, el cine, la televisión y demás artefactos culturales norteamericanos han creado una especie de totalidad, homogeneizar la cultura fue el triunfo de Estados Unidos en el siglo XX, entonces ven películas que consideran válidas en el mercado y las rehacen”. Una táctica para volver todo más digerible.
Eso ocurrió recientemente con el remake que hizo David Fincher de la adaptación de Niels Arden Oplev sobre la trilogía Millenium, del escritor sueco Stieg Larsson. A pesar de que la versión de 2009 obtuvo buenos comentarios y provocó revuelo por una fuerte escena de violación anal, se rodó La chica del tatuaje de dragón con un elenco más conocido para los ojos del público norteamericano.
“Hollywood, por otro lado, nunca se ha caracterizado por ser un innovador en términos de historias o forma cinematográfica, tal vez sí en modelos industriales y tecnológicos. Hollywood nació haciendo remakes y simplemente está siguiendo una práctica que le ha garantizado éxito desde su origen”, afirma Arias.
Hoy, lo que pasa, más allá de que sean las mismas historias las que se cuentan una y otra vez, es que la industria está en un círculo vicioso en el que la oferta recae en la técnica del 3D para tratar de cambiar de apariencia porque su forma de contrarrestrar la piratería es brindar una experiencia distinta en sala. Se ha convertido en un comodín frecuente presentar cintas de años anteriores en 3D, como El rey león, La bella y la bestia y Star Wars, pero con la misma narración. El recurso, por tanto, no está siendo completamente explotado como elemento para contar una historia, sino que se ha convertido en un ligero cambio de aspecto, abogar por el espectáculo de la técnica para camuflar la carencia creativa.
Otra de las tendencias que se observan en la actualidad es que Hollywood pareciera que se adentrara al elogio de sí mismo, al eterno aplauso sobre la manera en que se hicieron las películas alguna vez. Se percibe un olor a antaño, un mirar atrás que permita recordar a los grandes, como Georges Méliés (El viaje a la Luna), porque hay un vacío latente y la única salida es evocar, evocar para que haya una estela de nostalgia, una reafirmación de que todo pasado fue mejor, de que hubo gloria. Así sucedió con las películas más nominadas por la Academia este año. El artista, una cinta que rememora la época dorada del cine, y Hugo, que inmortaliza sus inicios.
Para Corcione el cine sí está atravesando por una melancolía. “Como todo. Parece mirar atrás como con un afán de legitimar su propia existencia, que se ha perdido con la masificación y las nuevas formas de relacionarnos con la imagen”. Por su parte, el crítico de cine Hugo Chaparro, que admite la existencia de una crisis de guionistas, difiere de ello. “No hay ninguna crisis nostálgica en el cine. La vanguardia cinematográfica se descubre en varias películas que han llevado al cine un escalón adelante y que no están abrumadas por el peso de la nostalgia: ¡Vivan las antípodas! (2011), de Kossakovsky; los documentales de Eyal Sivan; Cave of Forgotten Dreams (2010), de Herzog”.
Sin embargo, el debate traza de nuevo el tema de distribución. ¿Cuántos tienen la posibilidad de acceder a aquellos títulos? Aunque se aprecian en los más selectos festivales y, por fortuna, son vistos por algunos, es Hollywood el dios de la mayoría de contenidos que se difunden en Occidente y el público, quien responde positivamente. ¿Por qué cambiar la oferta si la demanda es alta?
Juan Carlos Arias esboza una respuesta: “Creo que la industria seguirá apostándoles a la innovación tecnológica y a la repetición de fórmulas narrativas. Esto sigue dando resultado en términos económicos y mientras sea así no cambiará. Tal vez esa es la función de la industria: generar innovaciones que después podrán ser apropiadas por otros para crear reales transformaciones narrativas y formales. Pero no hay que esperar que eso ocurra en Hollywood o que lo premien los Óscar”.
Por el momento el público espera con ansías una nueva versión de Blancanieves, la tercera entrega de Hombres de negro y la continuación de Batman, de Christopher Nolan. Así como la adaptación de la novela de Suzzane Collins, Los juegos del hambre, la proyección de El hobbit y una película más de El hombre araña.