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“Lo más desastroso es la desidia”: Yannai Kadamani cuestiona frenos a la Ley de Cultura

La ministra de las Culturas habló de las ausencias, dilaciones y la falta de interés en debatir el proyecto de actualización de la Ley General de Cultura.

Laura Camila Arévalo Domínguez

04 de abril de 2026 - 06:00 p. m.
Yannai Kadamani Fonrodona se posesionó como ministra de las Culturas, las Artes y los Saberes el 22 de febrero de 2024. Asumió el cargo en reemplazo de Juan David Correa.
Foto: El Espectador - José Vargas
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El representante a la Cámara Jaime Raúl Salamanca dijo que, junto con el Ministerio de Cultura, decidieron aplazar el debate porque había unos pendientes. ¿Cuáles son esos pendientes?

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Los acuerdos entre los congresistas que nos estaban desbaratando el quórum. Estratégicamente, decidimos aplazar la sesión. Ya pasamos los impedimentos y esperamos que, para cuando nos agendaron (martes 7 de abril), haya quórum para apoyar el proyecto.

¿Quiénes son los congresistas que están bloqueando el proceso?

Hay de distintas bancadas, no le podría especificar si es la oposición ideológica al Gobierno. Por supuesto, el Gobierno está completamente de acuerdo. Para ser más específica, pero sin dar nombres, los argumentos son que no les interesa dialogar el articulado de la ley, no les interesa el contenido, que son de oposición y por eso no apoyan el proyecto.

¿Ese es el argumento?

El de algunos, sí.

¿Y esas conversaciones las tienen personalmente con usted? ¿Le dicen que simplemente son de oposición y entonces no apoyan?

El equipo legislativo del Ministerio lleva haciendo socializaciones un año con las UTL de todas las bancadas, porque yo lo pedí particularmente. Entre los ponentes de nuestra ley hay representantes de casi todos los partidos, y esa es una ventaja fenomenal para mí, porque esa era la idea que queríamos transmitir: este no es un proyecto exclusivamente de Gobierno, sino de sector. Llevamos un año haciendo socializaciones y, por ejemplo, la bancada del Centro Democrático nos pasó casi 100 proposiciones y de las 100 pudimos avalar casi 80, porque tenían sentido, le apostaban a la ley; otras, por supuesto, las dejamos de lado, pero todas se conversaron, se debatieron.

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¿Cuántas proposiciones en total se acogieron?

Acogimos casi 200 proposiciones, pero todo cambia cuando la discusión se torna política y no técnica. Cuando uno llega al Congreso de la República, las tensiones son evidentes y ya la discusión técnica pasa a un segundo plano. Claro que, como ministra, hablo con los congresistas, pero lo que encuentro son unas reticencias políticas enormes.

¿Y cuál es su respuesta a que esto se asuma como una iniciativa de Gobierno y no de sector?

Es un error. Llevamos cuatro años construyendo esto, con más de 17 encuentros regionales, siete mil artistas, y no todos pertenecen a la misma corriente política. Las bancadas de oposición han escrito también artículos concretos porque le aportan al ecosistema cultural, pero en el momento de debatirlo en plenaria en el Congreso toda discusión se vuelve política, inútil y estéril. Entonces podría decir uno que poco o nada les interesa. Esa es mi consideración. Su único interés es ganar la batalla ideológica, política y mediática.

Gonzalo Castellanos, quien fue uno de los cerebros detrás de la ley, le dijo a este periódico que congresistas que no eran cercanos al Gobierno estaban apoyando el proyecto. Eso fue hace un año. ¿Por qué el cambio? ¿Elecciones?

En el equipo coordinador todos siguen con mucha disposición, hay que decirlo. Del Pacto, por supuesto, hay tres: está Cristóbal Caicedo, Dorina Hernández, María Fernanda Carrascal, que no hace parte del equipo coordinador, pero nos apoya mucho. Tenemos otros congresistas que son abiertamente opositores al Gobierno nacional, como Daniel Carvalho, que es uno de los principales coordinadores, o Jaime Raúl Salamanca, que es del Verde, hace parte del Gobierno, pero no del Pacto. Entonces sí hay una amalgama de distintas bancadas que siguen apostándole al proyecto, pero definitivamente lo que importa ahora no es el avance legislativo de los distintos sectores, sino la disputa política, y sí, creo que es por la época preelectoral.

¿Qué cree que va a pasar? La gran mayoría de los congresistas que integraban la Comisión Accidental de Cultura no se lanzaron o se quemaron en elecciones. No está muy claro el apoyo que tendrá la cultura con los congresistas que se posesionarán en agosto.

Mire, además de que la oposición política no quiere aceptar ningún proyecto que provenga de la institución, lo más desastroso es la desidia, la vagancia de los representantes a la Cámara. Es que, de 180 representantes a la Cámara, casi no había quórum y llevábamos tres días en la misma dinámica. Eso quiere decir que solo 82 asistieron a la Cámara de Representantes.

¿Y cuál era la excusa?

Que ya venía Semana Santa, que no trabajaban en esta época. Otros ya se habían ido. Es impresionante la desidia que tienen por su trabajo y eso es incluso peor. ¿Cómo discutimos así? Es muy doloroso para mí lo que está pasando en el Congreso de la República.

¿Será desidia o sabotaje?

La oposición a veces intenta sabotear, y por oposición me refiero a distintas bancadas o representantes que no están de acuerdo con el proyecto de ley. Y ahí hay una intención clara de sabotaje o de dilatación de las conversaciones; esto lo usan mucho los congresistas: piden votación nominal, reagendar el día… Pero esta vez hablo de completa desidia, no les interesa realmente, no están ni siquiera en disposición de conversar. Hay un desprestigio del cargo, una falta de responsabilidad, no les interesa trabajar por el país, es impresionante.

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Su desencanto es evidente, pero le insisto en la pregunta sobre el futuro de la ley. ¿Y entonces? ¿Cree que se logrará antes de que se instale el nuevo Congreso?

Ya me desahogué, pero ahora hablemos de mi esperanza: a mí no me gusta dar nombres y apellidos, pero tenemos la bancada del Pacto, tenemos liberales, conservadores; hemos estado hablando con los verdes. Jaime Raúl lo ha estado haciendo muy bien y, además, tuve la posibilidad de hablar con congresistas del Centro Democrático personalmente. Por supuesto, no es fácil el relacionamiento, pero han estado en disposición de sentarse a revisar el proyecto, de al menos discutirlo en plenaria. Para mí, ese es un buen síntoma. Nos programaron en primer debate el martes que llegan de sus vacaciones de Semana Santa, entonces esperaría que ese día, a las 8 de la mañana, comencemos la discusión de los 80 artículos. Ya logramos pasar impedimentos y ese es un avance, porque son dos horas en el Congreso.

Ya estamos en abril y aún faltan debates en Cámara, además de la discusión en el Senado…

Y, como no me gusta traicionar expectativas, no quisiera comprometerme con una respuesta. Nosotros, desde el Ministerio, estamos haciendo todo lo que podemos, pero esto dependerá de los congresistas de este periodo legislativo.

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Supongamos que no, y que el nuevo presidente es alguien claramente opuesto al Gobierno actual: ¿esta ley tiene futuro en esas condiciones?

Tenemos el sector de danza, teatro, música, el Consejo Nacional, la Asamblea Nacional Cultural, que, como le digo, tienen distintas inclinaciones políticas, pero hicieron parte de la formulación, llevan dos años reuniéndose, todos los días me escriben… Yo esperaría que se tenga una apropiación necesaria para defenderla en su momento. Usted sabe mejor que yo que hay candidatos presidenciales que incluso están hablando de recortar ministerios y tenga la certeza de que uno de los primeros será el Ministerio de Cultura. Es absurdo: nosotros no le estamos poniendo cargas financieras al Estado, simplemente usando las mismas fuentes de financiación, solo que desde redistribuciones, desde mejores dinámicas de deducciones tributarias, desde colectividades naturales. Son unas dinámicas muy sanas para las finanzas del Estado y sería muy obtuso no apoyar esta ley.

La ley de cultura ya es insuficiente para las necesidades que el sector tiene ahora, pero existe un marco normativo en Colombia para la cultura que, además, ya ha demostrado durante mucho tiempo que le aporta en un buen porcentaje a las finanzas de este país: ¿por qué seguimos aclarándolo?

Nosotros, para la reforma, hicimos un análisis de impacto económico y se demostró que la cultura aportaba en ciertos años hasta tres puntos al PIB de la nación. Yo no entiendo qué más tenemos que argumentar. Es un análisis estadístico económico, lo hicimos hace tres años para la reforma. Es que sería ingenuo no reconocer que el turismo no solo es playero, sino que también es cultural, además de lo que está pasando con los conciertos, las economías populares…

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La falta de plata para las entidades territoriales siempre ha sido un reclamo del sector cultural. ¿Con la ley habría dinero para ellas? ¿Saldría del presupuesto central?

No saldría del Ministerio de Cultura. Existe la Ley de Competencias, donde se asigna un porcentaje particular a las secretarías de Cultura. Pero además los alcaldes tienen la autonomía en su plan de desarrollo, así como el presidente, de asignar a los distintos subsectores los presupuestos de cultura. No somos un país centralista: cada alcalde, cada gobernación tiene la autonomía de asignar dinero a las entidades territoriales. Lo que nosotros sí hacemos es mejorar las articulaciones con las secretarías de cultura y, por eso, una de las dinámicas más importantes de esta ley es mejorar la gobernanza, porque resulta que ahora todos los espacios de participación y decisión recaen exclusivamente en el ministerio. Pero lo que estamos proponiendo es que los consejos de cultura, donde están los secretarios de cultura, donde está el sector popular, sean espacios no solo de consulta sino de decisión, que un porcentaje de la asignación de la nación lo decidamos colectivamente en los espacios de gobernanza.

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Hábleme de algunas de las proposiciones de los congresistas… ¿Qué pidieron agregar o cambiar?

Nosotros teníamos proyectado incrementar la estampilla Procultura del 2 al 2,5 % y, si no estoy mal, fue una proposición de un congresista del Centro Democrático que nos alentó a aumentarla al 3 %. Lo consultamos con Hacienda y estuvo de acuerdo. Hay otra importantísima: el Sistema Nacional de Formación Artística y Cultural (SINEFAC), que es una de las apuestas principales del Plan Nacional de Desarrollo. El presidente firmó el decreto de formación y educación artística y cultural y ahora quedará protegido a través de la ley. Usted sabe, el PND tiene fuerza de ley, pero acaba cuando termina el gobierno. Ahora quedará inscrito en la ley un sistema nacional de formación que garantizará la educación artística en colegios públicos de este país.

Por Laura Camila Arévalo Domínguez

Periodista en el Magazín Cultural de El Espectador desde 2018 y editora de la sección desde 2023. Autora de "El refugio de los tocados", el pódcast de literatura de este periódico.@lauracamilaadlarevalo@elespectador.com
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