Las claves en la agenda internacional para el nuevo gobierno

Los retos del próximo presidente en política exterior

El futuro inquilino de la Casa de Nariño tendrá que asumir tres desafíos concretos: la migración venezolana, las relaciones con EE. UU. y el pleito territorial con Nicaragua.

La crisis por la migración venezolana en el país tendría efectos por cerca de 15 años.Gustavo Torrijos - El Espectador

La política exterior colombiana suele ser un asunto casi ausente en la campaña presidencial. Esta vez no fue diferente, excepto por la crisis venezolana y sus efectos en el territorio nacional. La llegada masiva de migrantes —cifras oficiales señalan que sólo el último año Colombia recibió a cerca de un millón de venezolanos— convirtió al vecino país y todos sus problemas en un tema frecuente de discursos y debates. El miedo que genera entre los colombianos esta afluencia de migrantes y la idea común entre un sector de la población (el 68 %, según una encuesta de Polimétrica) de que Colombia está en riesgo de convertirse en otra Venezuela, fue el tema frecuente de los últimos meses y quizás uno de los que más movieron a la opinión pública.

Quedaron como un asunto secundario las relaciones internacionales de Colombia tras la firma del Acuerdo de Paz, las nuevas dinámicas fronterizas y el apoyo exterior a unas negociaciones con el Eln. Pero no sólo eso: temas claves por las consecuencias que pueden traer para el país, como el diferendo limítrofe con Nicaragua (hay dos nuevas demandas) y las relaciones con el gobierno Trump (drogas, extradición y comercio), apenas fueron mencionados. El silencio general de los candidatos demuestra que la política exterior es un tema marginal en la agenda.

Estos son los temas más importantes que deberá afrontar el próximo presidente:

1. Migración venezolana

Sin duda, el principal reto que tendrá que manejar el futuro jefe de Estado será encontrar un equilibrio en su estrategia para responder con solidaridad a la crisis migratoria y actuar con firmeza ante el régimen vecino, reconociendo las responsabilidades de ese país.

“En el diseño de la política bilateral es necesario encontrar un punto de equilibrio entre la solidaridad con los hermanos venezolanos, las responsabilidades del Estado colombiano, la firmeza de un gobierno vecino hostil, la contención de los fenómenos de ilegalidad e inseguridad en la zona de frontera, el acompañamiento a los nacionales que continúan allá y la preparación de una futura reconstrucción venezolana”, explica Rónal Rodríguez, investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.

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Ningún país tiene una relación con Venezuela como la que tiene Colombia y, por eso, su crisis tiene unos efectos tan graves. Pero, coinciden expertos, ante el deterioro de la democracia venezolana, el próximo presidente deberá mantener la relación. “Manejar a un vecino tan incómodo, más que necesario es una obligación ante el actual panorama”, agrega Rodríguez.

En su concepto, y en contravía de lo que han expresado algunos candidatos, se debe mantener la línea de comunicación entre los dos estados: “Una diplomacia firme que mantenga la tentación bélica a raya, sobre todo con un gobierno como el de Maduro, pero que a su vez exija respuestas ante el problema migratorio es una prioridad”.

El diagnóstico de la crisis señala que esa migración no finalizará en el corto plazo. No sólo puede aumentar el flujo de venezolanos cruzando la frontera en los próximos meses, por cuenta de la reelección de Maduro, sino que las consecuencias de esta llegada masiva de migrantes tendrá consecuencias durante los próximos 15 años.

2. Pleito con Nicaragua

La disputa territorial con Nicaragua ha sido un tema crucial en la agenda internacional del país en los últimos seis años. El fallo de la Corte Internacional de La Haya de noviembre de 2012 a favor del Gobierno nicaragüense despojó a los colombianos de una porción de mar y, de carambola, afectó el turismo y la economía de las aguas que rodean el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

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Tan importante como las fronteras con Ecuador y Venezuela, Colombia necesita enfocarse en ese pleito. Durante los últimos años, el país ha sido renuente a acatar los fallos de la Corte. En la actualidad, hay dos casos que se encuentran pendientes de decisión. El primero es el de las 200 millas náuticas que conforman la plataforma continental que reclama Nicaragua. En pocas palabras, ese país pretende apropiarse de una considerable porción de subsuelo marino que actualmente pertenece a Colombia. El segundo se refiere al alegato que el gobierno de Daniel Ortega ha hecho sobre una supuesta violación de sus espacios y derechos marítimos, a raíz de la expedición de dos decretos en 2013, mediante los cuales se definió una zona contigua integral.

En ambos casos, Colombia ya planteó su defensa ante la Corte de La Haya y hasta presentó una contrademanda, por lo que el presidente que llegue tendrá que revisar los archivos y evaluar las opciones para tomar la decisión con el poco tiempo de maniobra que tendrá a disposición. Fabián Cárdenas, profesor de derecho internacional, asegura que existen retos tanto en el ámbito jurídico, como en el político. “El reto del próximo gobernante es tratar de consolidar una política de Estado en materia de mares, la cual no es clara en este momento, es decir, en Colombia hay unas autoridades creadas pero que no tienen legitimidad”, dice.

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El otro tema clave para el experto es que en el siguiente mandato se hagan todos los esfuerzos diplomáticos para establecer diálogos directos con Nicaragua. Es clave dirigir un buen proceso de defensa frente a los pleitos pendientes, que pueda arrojar resultados en los próximos cuatro años.

3. Relaciones con EE. UU.

En octubre de 2017, el funcionario de la organización civil WOLA, Adam Isacson, era enfático en señalar que Colombia no sabía a cuál Donald Trump tendría que enfrentar. Y tenía razón. Trump es impredecible. Si bien en un principio señaló que Colombia es uno de sus aliados más cercanos, en septiembre de ese mismo año amenazó con descertificar al país por su papel en la lucha contra el narcotráfico, luego de revelarse el crecimiento de las hectáreas cultivadas de hojas de coca.

Según el último informe del Departamento de Estado, el área estimada de cultivo de coca en el país creció 42 %, a 159.000 hectáreas de las 112.000 que había en 2014. Sin embargo, en el último Reporte sobre la Estrategia Internacional para el Control de los Narcóticos 2018, que publicó el Departamento de Estado el 17 de marzo de 2018, el gobierno estadounidense reconoce el papel de Colombia frente al incremento de los últimos años: destaca la estrategia antinarcóticos del país y los planes para luchar contra las drogas y la delincuencia.

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Al parecer, por lo que callaron los candidatos, no habrá polémica con EE. UU. frente al tema de la extradición. Trump se enfocará en los próximos meses en la lucha contra las drogas y ha dicho en reiteradas ocasiones que Colombia es la principal fuente de cocaína del mercado estadounidense. Además, aunque se ha mantenido distante frente al Acuerdo de Paz, la lucha contra el crimen organizado y fortalecer la cooperación judicial también pueden encontrarse en la agenda.

“Lo que debe preocuparnos, más que las palabras torpes de Trump o el duro tono por el tema de las drogas, es la desconfianza que existe en EE. UU. frente a las Farc, la convicción (falsa) de que el proceso de paz es responsable del aumento de cultivos ilícitos y la sugerencia de que toda ayuda futura sea condicionada a la extradición de exguerrilleros cuando Washington así lo solicite”, escribió en una columna en este diario la profesora de Universidad del Rosario Arlene Tickner.

 

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