Arrancó la transición entre Juan Manuel Santos e Iván Duque

Paz, Hidroituango y finanzas, los ejes del empalme

La reunión entre los mandatarios saliente y entrante tardó más de una hora y tuvo como eje central el futuro de la reglamentación de la JEP que parece destrabarse con la comunicación de la Corte Constitucional sobre la iniciativa.

El presidente Juan Manuel Santos y el presidente electo, Iván Duque, en su conversación en la Casa de Nariño. / SIG

La última vez que el presidente electo, Iván Duque, pisó la Casa de Nariño fue en calidad de senador de la República. Ocurrió el 5 de octubre de 2016, tres días después de la victoria del No en el plebiscito por la paz y aún sin perfilarse como el futuro sucesor del presidente Juan Manuel Santos. La de ese entonces, como la de ayer, fueron reuniones históricas y, en cierta medida, estaban enmarcadas alrededor del mismo asunto: la incertidumbre frente al Acuerdo de Paz. En ese momento Duque era una de las voces más representativas del No a la refrendación de los Acuerdos con las Farc, junto al expresidente y hoy senador del Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez, quien también, después de años distanciado de Santos, regresaba a la residencia presidencial para tratar de resolver los asuntos que aún hoy parecen irreconciliables en torno a lo pactado con la ya desmovilizada guerrilla en La Habana.

Ese elemento, sin duda, era uno de los principales temas obligados a tratar en la primera reunión de empalme que sostuvieron el gobierno saliente y el entrante, y que se dio seis horas antes de que la Corte Constitucional diera la última palabra en torno al nudo en el que se enfrascó el Congreso sobre las normas de procedimiento de la Jurisdicción Especial de Paz. Como quedó en evidencia, más allá del contenido de la iniciativa, lo que estaba en juego era una lucha de fuerzas en el Legislativo, cuya carga comienza a acomodarse a favor de Duque. ¿La razón? El freno en seco que el Senado le puso a dicho proyecto, por recomendación del presidente electo, que obligó a Santos a citar a sesiones extras. Un primer campanazo de alerta frente a la propuesta de modificar los textos de paz que hizo en campaña el uribismo.

Pero ayer mismo, el alto tribunal se pronunció, como lo reclamaba Duque, aunque le halló la razón al Gobierno. “El trámite legislativo de la ley de procedimiento de la JEP no depende del control de constitucionalidad que se surte ante este tribunal sobre la ley estatutaria de la administración de justicia en la JEP, ya que aquella se trata de una ley ordinaria de procedimiento”, explicó la Corte, al recordar que, como lo sostuvo esta semana el ministro del Interior, Guillermo Rivera, desarrolla un artículo transitorio de la Constitución y, en ese sentido, su reglamentación o aprobación no depende de una ley estatutaria aún en proceso de revisión.

Lo cierto es que la comunicación de la Corte no fue casual. Ayer, en el encuentro Santos-Duque, el cual fue tranquilo, positivo, amable y de “buenísimo ánimo”, como lo comentó una fuente a este diario, se acordó que se pediría una postura oficial de dicho tribunal antes de tomar una decisión para buscar que su bancada destrabara el proyecto en el Congreso. A Duque le preocupaba que existieran vicios de trámite y dicha postura la trasladó no sólo al Centro Democrático, sino a los antiguos aliados de Santos, que le hicieron caso más por congraciarse con el nuevo gobierno que por una preocupación de fondo.

Y como dicen que la justicia y la política van de la mano, también se acordó un encuentro entre la bancada uribista con la coalición con la que gobernó Santos y ahora se acomoda al lado de Duque. Es decir, la antigua Unidad Nacional: la U, Cambio Radical y los partidos Conservador y Liberal. El objetivo, según dijo el presidente electo, es “escuchar las posturas, las sugerencias y que eso permita avanzar y tener claro cuál debe ser el mejor camino a seguir”.

Terminada la reunión, Duque prefirió no responder preguntas a la prensa, porque la plazoleta de Los Novios, donde tuvieron lugar las declaraciones del mandatario electo, estaba atestada de periodistas de medios nacionales e internacionales con un sinfín de interrogantes y con los ojos puestos sobre el nuevo gobierno, que llega a un país acostumbrado a ver únicamente a dos presidentes en los últimos 16 años.

“El ejercicio que se ha adelantado fue un camino serio que le ayuda a la democracia colombiana. Demuestra que hay una transición organizada, respetuosa y esto engrandece nuestra democracia, después de un proceso que le permite a una nueva generación gobernar a Colombia”, señaló, tras entregar un breve resumen de lo que ocurrió en el encuentro, que tardó algo así como una hora y media.

De momento, el empalme fue tranquilo, no sólo entre Santos y Duque, sino entre los equipos que delegaron ambos dirigentes. Además del futuro de la JEP, se habló también de la emergencia de Hidroituango y de las finanzas del país. Del lado de Duque estuvieron el exministro de Hacienda Alberto Carrasquilla, quien liderará esa transición de cara a la posesión del nuevo presidente el próximo 7 de agosto; la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, y quien es su mano derecha, su secretaria privada, María Paula Correa. En representación de Santos participaron el secretario general de Presidencia, Alfonso Prada; la ministra de Comercio, María Lorena Gutiérrez; el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, y el vicepresidente, general (r) Óscar Naranjo.

A propósito, el martes de la próxima semana ya quedó concretado un encuentro entre Naranjo y su par entrante, Marta Lucía Ramírez, quienes se encargarán de hacer el empalme sobre lo grueso del Acuerdo de Paz. La razón es evidente, y es que la experiencia de la exministra durante su paso por la cartera de Defensa le permite recibir los cuatro pilares que tuvo a su cargo el también exdirector nacional de la Policía en sus 16 meses de gestión: la implementación de los acuerdos, la seguridad ciudadana, la lucha contra las drogas y el crimen organizado, así como la protección de los defensores de derechos humanos y líderes sociales.

En últimas, del encuentro de ayer quedó un resumen protocolario, con efectos más simbólicos que con respuestas concluyentes. Hubo miradas fisgonas en el interior del Palacio de Nariño entre quienes permanecerán allí y se aprestan para servir al mandatario entrante. Los saludos cordiales entre los equipos de comunicaciones de lado y lado también se asomaron, sobre todo porque algunos del equipo de Duque ya habían pisado ese suelo antes, cuando Álvaro Uribe gobernaba Colombia. “Mi mayor deseo es que construyamos un proceso de unidad pensando en las cosas que necesita nuestro país para seguir adelante”, concluyó el próximo mandatario de los colombianos.

 

 

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