El superhombre olvidado

En ‘Birdman’ Michael Keaton interpreta a Riggan Thomson, un superhéroe olvidado que juega dentro de su conciencia a revivir sus años dorados. La habilidad fotográfica del filme y la profunda historia de su personaje (que es, en últimas, un montaje) revelan la nueva búsqueda de González Iñárritu.
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– “¿Es esto real o están filmando una película?
– Es una película.
 – Están llenos de mierda, ustedes”.

Diálogo de ‘Birdman’.


‘Birdman’ (y luego, Batman, y luego Superman). Hacía veinte años que Riggan Thomson (Michael Keaton) había interpretado a ‘Birdman’. Podía volar, mover objetos con la mente, provocar explosiones con un chasquido. Pero su carrera se vino a menos, y en medio de ese olvido tan propio del oficio actoral, decide darle un giro a su camino en el negocio del espectáculo para ganar una nueva reputación con la adaptación de un cuento de Raymond Carver, “What We Talk About When We Talk About Love” (“De lo que hablamos cuando hablamos de amor”): una conversación entre cuatro personajes, y el amor corrompido como tema de discusión.

Todos, empezando por Tabitha Dickinson (Lindsay Duncan), la crítica del New York Times, auguran el fracaso del montaje de Thomson, que sale a la luz en medio de varios contratiempos. Son pocas las opciones cuando, en pleno ensayo, a uno de los actores le cae un reflector en la cabeza. El accidente ocurre, presuntamente, por obra de ‘Birdman’, o del mismo Thomson (director, productor y actor de la obra), que quisiera a alguien más en el papel. Pero Woody Harrelson está en pleno rodaje de otra película de la saga de ‘Los juegos del hambre’, Michael Fassbender está ocupado con ‘X-Men’ y Robert Downey, Jr., con ‘Iron Man’ –la cultura popular estadunidense enmarca sin pena la historia de Gonzáles Iñárritu–.

Entonces Mike Shiner (Edward Norton), la versión más exagerada y agrandada de una superestrella, se prepara para interpretar el papel.
La película es, en suma, la historia de un montaje. El miedo al fracaso y la presión ante el intento de renacer con otro nombre son el telón de fondo, y ‘Birdman’ es el tormento, la voz de la conciencia, el miedo personificado, la comodidad del pasado.

En esa lucha contra sí mismo, Thomson se fortalece, y paradójicamente es ‘Birdman’ quien le da la fuerza. Lo vemos empoderado levitando, volando por encima de Nueva York, destruyendo lo que se le cruce con sus capacidades telequinéticas. Pero no es ciencia ficción, es vida interior llevada hacia afuera, o la representación de una vida interior que contrasta, y a la vez convive, con la angustiosa realidad. Los sentimientos y los sueños se vuelven tan reales como los hechos. Así la división tajante entre la vida mental y lo real se difumina: a los proyectos llevados a cabo en el mundo los permean y los impulsan esos anhelos intangibles.

La fantasía es el halo de esperanza que hacía falta en las producciones de Gonzáles Iñárritu. Y la comedia, también ausente en sus películas anteriores –dramas descarnados e hiperrealistas como ‘Amores perros’, ‘21 gramos’, ‘Babel’, ‘Biutiful’–, es negra: ridiculiza a los personajes y acentúa el patetismo, la pequeñez, nuestra insignificancia. Lo que llena de sentido a la vida son los anhelos. Sin ello, muestra ‘Birdman’ con una claridad aterradora, no hay más.

Gracias a Emmanuel Lubezki, el director de fotografía, las dos horas de ‘Birdman’ parecen desenvolverse en una sola toma. El espectador no puede ver las divisiones, los cortes: se filmó como si fuera un único plano secuencia, o como si fuese una obra teatral que, sin embargo, juega con los tiempos, dándole a la sucesión de las escenas un toque de surrealismo imposible de reproducir en un escenario. A esa única toma –que entrelaza, o hacen continuos e imperceptibles los pasos de la realidad de Thomson a sus fantasías– subyace una percusión constante que le da unidad a la acción a partir del sonido, y ya no sólo de la imagen.

El subtítulo, “La inesperada virtud de la ignorancia”, alude al prejuicio. Sólo de un cinematógrafo serio hubiera podido esperarse una producción de calidad que se alejase del cine masivo. Sin embargo, es de una superestrella de acción de quien surge la alabada adaptación de Carver en la película, porque la intención nace de una preocupación y fascinación profundas, de la infancia, de una experiencia muy propia, íntima. Ahí está el secreto, parece sugerir González Iñárritu.

Pero Thomson lleva todo a un límite peligroso, y se adentra en el proyecto como si de ello dependiera la vida. ¿Hasta dónde llegamos por miedo al fracaso?  “Acéptalo, papá. Estás haciendo todo esto porque estás muerto del miedo de que, como el resto de nosotros, no importes nada. ¿Y sabes qué? Tienes razón, no importas”, dice Sam (Emma Stone).
 
Thomson, que es ‘Birdman’  —antiguo héroe de acción, estrella en declive, superhombre olvidado— es como “el fénix que resurge de las cenizas”, un pájaro que coge vuelo con la melodía romántica de los violines, que contrastan con la batería de la realidad; y es el hombre maduro que supera la crisis, que se sobrepone al vacío de la existencia; y también es el mismo Michael Keaton regresando con fuerza a la escena del espectáculo.

Las reseñas en la revista Arcadia y el diario New York Times señalan que ‘Birdman’ es sobre el impulso creativo, pero es también sobre el proceso creativo mismo. Por eso sería incluso irónico que ganara en la categoría de mejor película este domingo en los Óscar: el premio lo recibiría una cinta que, en sí misma, reproduce y representa el acto mismo de crear una obra maestra, y el riesgo y las angustias que rodean todo acto de creación artística.

* La cinta tiene un reparto excepcional: Michael Keaton (Riggan Thomson), Emma Stone (Sam), Zach Galifianakis (Jake), Naomi Watts (Lesley), Edward Norton (Mike), Lindsay Duncan (Tabitha), entre otros. Y está nominada en las categorías de mejor película, mejor director, mejor actor, mejor actor de reparto, mejor actriz secundaria, mejor guion original, mejor fotografía, mejor sonido y mejor edición de sonido.

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