“La mamba negra es puro sabor, si te pica, te jodiste”

Jacobo Vélez es un músico caleño que destila música. Su proyecto La mojarra eléctrica, con marcada influencia de ritmos del Pacífico, es un trabajo honesto que relaciona músicas ancestrales con giros urbanos. Un proyecto que quedó en el pasado para seguir su camino de búsqueda y exploración.

Jacobo Vélez, clarinetista y saxofonista caleño. / Carlos Ramírez

Está involucrado en otros proyectos como Manteca Blue and The Latin Corner, que parece seguir la ruta del jazz de los años sesenta y un sonido de barrios latinos del norte de los Estados Unidos. El otro proyecto es La mamba negra una salsa ponzoñosa, como la llama, cuyo efecto es letal en los cuerpos. “Eso pone a vibrar y temblar de puro sabor”.

Manteca Blue and The Latin Corner abrió el Mercado Musical del Pacífico. Su presentación dejó a productores y asistentes con una sensación grata. Una propuesta bien trabajada, con temas originales que suenan a barrio, a esquina, a Miles Davis y a Coltrane. Con él conversamos sobre el estado de sus propuestas, las músicas tradicionales y sus transformaciones.

¿Cómo ha sido tu cercanía con las músicas ancestrales?

El primer acercamiento fue cuando mi madre era manejaba la Sala de arte de la Universidad Libre y veía a Oliva y Samuelito, unos bailarines geniales, y veía a la Marimba como si fuera un techo. El otro acercamiento fuerte, fue en Cali cuando estuve en un grupo que se llamó Yurumanguí.

¿Y qué hiciste luego?

Después me fui a Bogotá, estudié jazz, conocí a Eddy Martínez, a Iván Benavides. Fui a Cuba, donde monté un grupo con otros amigos y hacíamos música tradicional. Decido volver a Cali a reencontrarme con mi maestro Hugo Candelario y ahí conozco a Esteban Copete, al maestro Gualajo. Todo eso está en la Mojarra eléctrica que lideré durante 12 años y ese fue el acercamiento.

¿Y abandonaste la Mojarra Eléctrica?

No diría eso. Creo que como compositor se había cumplido un ciclo y debía explorar. Tenía un grupo que se llama la Mata tigres con el que he grabado un disco, y tenía otra que se llama La Mamba Negra, que tiene que ver con la historia de mi bisabuelo que se fue de polizón de Buenaventura para New York.

¿Cómo es esa historia?

Pues lo pillaron (descubrieron), lo tiraron al mar, lo rescató un babaloa, lo bautizó como el callehueso, él perdió la memoria. Le llegó una flauta mágica que le ayuda a recobrar la memoria que se llama la Mamba negra y termina de polizón de New York.

¿Y cómo influyó eso musicalmente?

Él termina en el Spanish Harlem y forma un grupo que se llama La mamba negra, luego lo deportan, por eso ahora me llaman el callehueso, y tengo una banda que se llama La mamba negra. Eso me estaba llamando y tenía que responder a ese llamado.

¿Esa reelaboración cargada de historias, de relaciones humanas, de tradición, de ciudad, cómo la valoras tú como artista?

Toda música es hija de un estilo y de otro estilo. La cumbia por ejemplo se puede mezclar con el raggamuffin, con música francesa e inglesa, y sale otra música, son como células que se encuentran para luego dividirse.

¿Siempre hay una historia?

Así es, un ser humano es el resultado de una cantidad de historia, por eso queda muy difícil pensar que alguien se inventó algo, finalmente él es un conector de un montón de historias y ese ser humano la resume a su manera. La música tiene que contar una buena historia.

¿Con esta idea de las industrias culturales, de mejorar la oferta, de hacer mejores grupos que piensas del asunto?

Es relativo. Hay grupos que no necesitan de eso, porque tienen un sentido propio, hay otros que sí los necesitan. Si hay un contexto detrás, gráfico, literario, va a tener mucho más peso. La música es una cosa, el ejercicio del músico es otra cosa, y la industria es otra cosa totalmente diferente a las dos anteriores.

¿Pero es importante la industria, o no?

Digamos que la música, con todo el respeto por las industrias culturales, podría existir sin esos procesos, pero las industrias culturales no podrían vivir sin las músicas. La materia prima es la esencia. La industria influye a la música no siempre de manera positiva, como por ejemplo el reggetón, cuando nació eso me parecía interesante, y fíjate en qué terminó, perdió su calidad, su esencia.

¿Cuál debería ser entonces el objetivo de las industrias culturales?

Que los músicos no pierdan su esencia, y dejar a un lado la idea de que hay que vender un producto. En el Mercado Musical del Pacífico hay una apuesta por las músicas independientes, y esa búsqueda se encamina hacia las raíces. No estamos detrás de ser famosos ni de ganar dinero, nuestro fin es contar nuestra historia a través de la música.

¿Leí un comentario en el que se critica la presencia de músicas extrañas al festival, como la salsa por ejemplo, u otros géneros, que no son del Pacífico, qué piensas del asunto?

He visto en festivales de jazz como el de San Sebastián, a Rubén Blades, Papo Lucas, y el hijo de Julio Iglesias, cuando él tocó, todo estaba vacío, pero cuando tocó Rubén, todo se llenó. En otro festival de jazz tocó Calle 13, hay gente que dirá qué irrespeto, pero la música trata de encontrarse en los mismos espacios. Hay festivales que son puristas y solo suena jazz, pero hay otros que se abren.

¿Y en cuanto al Petronio, qué opinas?

Sí todas las bandas son de jazz, salsa o rock, entonces no sería del Pacífico, pero no está mal que haya bandas de salsa y ver la propuesta, que tal que esas bandas tengan un sonido Pacífico, como la tiene el grupo Niche y Guayacán que tienen ese sonido chocoano. Uno tiene que estar pendiente de lo que suena, y ahora el barrio está sonando duro.

¿Qué quieres decir con eso de que el barrio está sonando duro?

Eso se llama la salsachoque, que suena en San Nicolás, en el Barrio obrero, pero ahí vos escuchás elementos de músicas del Pacífico, con el perdón de los puristas, alejado, pero ahí hay gente del Pacífico, pero le imprimen su esencia, eso hay que escucharlo también, mirá.

¿Y cómo es el proyecto de La mamba negra?

Eso fue un llamado, como te dije, de mi bisabuelo, él vivió en Nueva York. Recoge todo el sonido musical de los años 70 en el Spanish Harlem. Allí nacieron personajes como Robert de Niro. También nació Tito Puente. Toda esa mezcla que pasó por allí, el bebop que venía de los 40, Chano Pozo, Deezer Gillepsy, que en los años 60, 70, comenzó a ser una masa muy brava.

¿Te refiere a movimientos que luego fue llamado salsa?

Claro cuando aparece la Fania, las grabaciones, los concierto las negociaciones. La mamba negra es ese Nueva York que añoro. Pero hay más, me crié en Tin Tin Deo escuchando esa música, pero además cuando tenía 17, 18 años, me metía a un bar que se llamaba Nuestra herencia, que solo ponían raggamuffin, y música jamaiquina.

¿Una música muy afro?

Claro, yo era el único blanquito, me entendés. Eso se me fue metiendo y al final uno coge de esa historia de aquí y de allá, y uno se vuelve un filtro. Y eso es La mamba negra, esos bares, del funk de James Brown, de Irakere, de Los Van Van. La Mamba Negra es puro sabor, si te pica, te jodiste.

 

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