Te veremos volver, Elkin Ramírez

Este 24 de diciembre fue internado en la Clínica Neurológica de Antioquia el cantante de Kraken, por complicaciones en su estado de salud relacionadas con una enfermedad cerebrovascular. Retrato de un titán.

Este año, Elkin Ramírez cumplió 54 años. / Foto: Archivo
Este año, Elkin Ramírez cumplió 54 años. / Foto: Archivo
“Hoy entiendo algo, y es que yo no sé cantar. Me gusta cantar, pero cuando me escucho, usualmente no me gusta lo que grabé”. Elkin Ramírez confesó que no le gustaba su voz después de 30 años de carrera musical. Pudo haberse dado cuenta cuando tenía 19 años y estaba en el coliseo de su colegio, frente a una masa que esperaba escuchar las canciones de Led Zeppelin para convertirse en toneladas de carne fuera de control; y él, con el micrófono en la mano preparado para cantar ese primer verso: There’s a lady who’s sure all that glitters is gold, encandilado por las luces y los nervios, se tropezó y se fue de bruces contra el público. Como pudo se repuso, se rio ingenuamente como si hubiera sido parte del show, una broma. Abrió la boca para comenzar a cantar pero no había nada que hacer: solo escuchaba risas, el concierto se había arruinado.
 
Esa sensación de fracaso no lo detuvo. Siguió cantando porque esa era su mejor forma de habitar el mundo. El 22 de septiembre de 1984, en el desaparecido Teatro Luz, de Medellín, nació Kraken, una de las bandas de rock más legendarias del país. Y Ramírez, con esa voz que era un órgano más del cuerpo, como si dijéramos el corazón o el cerebro, una voz lúcida, bárbara, imposible, marcó su destino. Esa noche cantó con la vulgaridad de un corsario borracho, la jovialidad de un adolescente enamorado. Aulló a los años 80 que lo marcaron como un satánico y hereje.
 
Los conciertos comenzaron a hacerse frecuentes y durante las canciones cuerpos laxos, quizás inconscientes, navegaban sobre las cabezas de los demás y aterrizaban al otro lado de las vallas, atajados por la logística de los eventos. Los conciertos de Kraken se convirtieron en oasis donde era permitido desfogar la rabia, la ira, la desazón que dejaba una sociedad conservadora y camandulera. Los espectadores, como perros contagiados de rabia, coreaban las canciones con la energía que requiere una batalla.
Desde entonces se blindaron a todo tipo de comentarios: buenos y malos. Recibieron, incluso, lluvia de piedras cuando en 1987, en el Teatro Carlos Vieco, un grupo de punkeros los atacó en los años en los que la violencia de las pandillas de Medellín se trasladaba a los simpatizantes de géneros musicales.
 
Elkin, el pintor y ajedrecista
 
De los niños de la cuadra, Elkin Ramírez era el más inquieto. Castilla era, en esos años, un barrio de puertas abiertas, los carros tenían que ir haciendo virajes porque en medio de la calle súbitamente aparecía un grupo de niños jugando fútbol. Ramírez se montaba en la copa de los árboles y su mamá lo bajaba a los gritos. Sus padres querían contrarrestar la hiperactividad que, creían, padecía su hijo. Empezaron con llevarlo a clases de pintura y él, frente a ese pedazo de papel blanco y llano, no sentía nada. No era negado para la pintura, sin embargo no lo llenaba de emoción. Luego vino el ajedrez, ese deporte que requiere una dosis de concentración tan alta que podría sacar de las casillas a muchos. Ramírez soportó varias clases de ajedrez a cambio de que su profesor le mostrara los acetatos que cargaba en su maleta con el rostro de Herbert Von Karajan, de Beethoven y de Rimsky-Korsakov.
 
Pero todo cambió cuando su abuela le regaló un disco de la agrupación Kansas: un cartón fluorescente que encontraron en una tienda de discos del centro de Medellín. Rodríguez comenzó a disipar sus dudas y sus inconformidades en la música. A los 16 años un amigo le regaló un disco de Led Zeppelin: “Me impactó bastante, porque sus líricas no eran convencionales y lo exponen de una manera que se puede lograr fácilmente. Ahí empecé a entender las características que tiene el rock and roll”.
 
Titán
 
El año pasado, el cantante se sometió a una operación de un edema fibroso en el parietal izquierdo. En ese entonces hubo convocatoria para donación de sangre y el resultado fue un éxito. La enfermedad le afectó la movilidad de las extremidades derechas, un ojo, la cuerda vocal derecha, el olfato y el oído.
 
En un video publicado en redes sociales, Ramírez dice estar “muy animado y optimista porque he terminado la primera parte de mi tratamiento. Hace tres meses fui operado de un tumor maligno grado cuatro, bastante agresivo y expansivo, siendo sometido a radioterapia, quimioterapia y vía oral”.
 
Sin embargo, en la noche del pasado 24 de diciembre Kraken confirmó a través de su página oficial de Facebook que Elkin Ramírez, quien cumplió 54 años, está hospitalizado en la Clínica Neurológica de Antioquia.
 
Como buena leyenda, alrededor de Ramírez, se tejieron toda clase de especulaciones. Se dijo que era el líder de una secta satánica en Kennedy, que se había sometido a una cirugía en Suiza para blindar sus cuerdas vocales, que andaba en limusinas rodeado de guardaespaldas y que llegaría a ser el reemplazo de Freddy Mercury en Queen. Lo que es cierto es que vive en una casa modesta, que los medios le dieron la espalda durante muchos años y que tiene un hijo dramaturgo.
 
Toda la escena musical le manda mensajes de aliento al que fue la banda sonora de la juventud ochentera y noventera del país. Todos esperan verlo volver.
Al cierre de esta edición se desconocía la evolución en el estado de salud del cantante.
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