Un grito entre la niebla

Hace 11 años nació el festival Manizales Grita Rock, como un escenario de visibilidad e intercambio entre los grupos que empezaban a identificar sus sonidos y aquellos que ya eran reconocidos.

Manizales Grita Rock ha venido consolidándose en los últimos años como un referente cultural. / Julián Arboleda

Los orígenes del rock son tan diversos como divergentes: entre las fusiones y los sonidos electrónicos, entre las guitarras melancólicas del blues y las voces desgarradas del folk, entre los ritmos trepidantes del jazz y el swing y una revolución cultural que ya no podía detenerse. El siglo XX vio nacer una singular forma de rebeldía, de expresión libertaria y de manera de vivir que parecía responder a las dinámicas sociales de un nuevo mundo desunificado, que se legitimaba en la diversidad.

Así, entre la niebla, entre las pendientes y las tonalidades infinitas del verde, nació hace 11 años Manizales Grita Rock como un escenario de visibilidad e intercambio entre los grupos que empezaban a reconocer sus sonidos y aquellos que ya eran reconocidos internacionalmente como los mejores. Como cuenta Juan Sebastián Gómez, uno de los organizadores del festival, “Manizales no tenía un espacio cultural importante para el rock. Por más que muchos amigos hicieran algunos esfuerzos y eventos, no había uno que lograra consolidarse”.

Entre amigos como Rafael Echeverri, que con Gómez y James Vanegas crearon en principio el Primer Encuentro de Bandas de Rock Ciudad de Manizales, “porque a la ciudad le faltaba un evento de este tipo: tenía la infraestructura y el público, pero le faltaba su festival. Bogotá tenía Rock al Parque, Medellín ya llevaba un par de años con Altavoz. Así que aprovechamos una coyuntura que nos permitió lograr que la propuesta fuera apoyada y acá estamos”.

Ese encuentro es hoy Manizales Grita Rock, un evento reconocido nacional e internacionalmente, que en los últimos años venía consolidándose en el panorama cultural como un referente de la región. Sin embargo, este año el festival salió a flote entre profundas dificultades presupuestales que por poco silencian el grito.

Después de diez ediciones en que el apoyo de la Alcaldía de Manizales fue fundamental para el crecimiento del evento, hasta convertirse en un festival gratuito y netamente público, este año el presupuesto cultural del municipio se vio golpeado, afectando, entre otros eventos de la ciudad, a Manizales Grita Rock.

Con una reducción significativa de ese apoyo, la organización del festival tuvo que redoblar esfuerzos para salir de lo que parecía un año mudo. Gracias a la gestión del apoyo de entidades públicas y privadas de la región y el compromiso de la administración municipal, #Grita2016 es una realidad hoy y mañana, reuniendo a lo mejor del reggae, el punk, el hardcore, el metal, el ska y demás géneros alternativos.

La expectativa

Héctor Fernando Ortiz, gerente del Instituto de Cultura y Turismo de Manizales, confirmó “la disposición, la voluntad y las ganas para que el festival siga siendo uno de los tres eventos de su tipo más importantes del país, con un aporte económico de $258 millones, más recursos humanos, logísticos y locativos que se calculan en $35 millones”.

Ese aporte, el de la Secretaría de Cultura de Caldas, EMAS, Chec, la Cámara de Comercio de Manizales y la Industria Licorera de Caldas, más el apoyo del Sena y la Universidad de Caldas, lograron gestar un cartel que sostiene el nivel que tanto ha diferenciado al festival.

Ahora, la clave para el éxito del evento está en manos del público. Con un bono de apoyo de $5.000, la organización espera sentir el aporte de los asistentes al #Grita2016, como un gesto de legitimidad que permita la continuidad y el crecimiento del festival, tal y como la aclara Juan Sebastián Gómez: “Estamos en uno de los momentos más importantes para nosotros en todos estos años. Dependemos del apoyo de la gente, de que la gente ratifique si este es un espacio importante para la ciudad y el país”.

Entre tanto, la organización ya piensa en el 2017, en que la lucha continúa, como lo expresa el cartel de este año, a través de la imagen de un sobreviviente que, muy en la línea de la estética cyberpunk, se mantiene con vida y en alto, superponiéndose a todas las dificultades. “Lo que sigue es un proceso de cambio, de reinvención, que nos permita estar preparados para situaciones como las de este año. También es muy posible que el concepto se expanda y nos quitemos ese apellido ‘rock’ que para los puristas no permite que propuestas musicales muy ricas participen”, aclara Rafael Echeverri.

Contra viento y marea, y casi en contra de las probabilidades, el festival se mantiene con toda su fuerza. Las palabras de Lemmy Kilmister parecen retumbar: “¡Nacer para perder, vivir para ganar!”. El rock se viene con alto volumen a Manizales, como eje de una diversidad musical que reclama su lugar desde la Ciudad de la Niebla.

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