6 Aug 2020 - 12:26 a. m.

Chespirito: quince personajes que no veremos más en televisión… por ahora

En esta selección, en la que no están todos los que son ni son todos los que están, les contamos detalles de algunos de los personajes de Chespirito que desde la década del 70 han acompañado a las generaciones en América Latina y que, por cuestiones contractuales, no volverán a aparecer en la pantalla chica.   

Juan Carlos Piedrahíta B.

María Hernández

Periodista Entretenimiento

Después de cincuenta años de estar en los canales de televisión, el pasado 31 de julio, al parecer por desacuerdos entre los herederos de Roberto Gómez Bolaños y Televisa, se anunció la salida del aire de las series de Chespirito. Aquí recordamos quince personajes emblemáticos creados por el humorista mexicano. 

El Chavo:

A sus ocho años, El Chavo solo sabe que cambiaría todos los goles que ha convertido su jugador favorito, Enrique Borja por una, solo una, torta de jamón. Sus tirantas van siempre en su hombro izquierdo y que lo único nuevo que hay en su gorra es un agujero tal vez ocasionado por un certero coscorrón de Ron Damón.

El Chapulín Colorado:  

El miedo es la gran diferencia entre El Chapulín Colorado y cualquier otro superhéroe mundial.  Lo que hace más valioso al hombrecito de atuendos casi rojos es que a pesar de ser mortal, de su condición torpe y de siempre estar en desventaja frente a sus oponentes, logra que no le “cunda el pánico”, le gana el pulso a su sentimiento, y ayuda a quienes invocan su presencia.

Doctor Chapatín:

El personaje surgió en La mesa cuadrada, un espacio cómico en el que apareció junto a Ramón Valdés, Rubén Aguirre y María Antonieta de las Nieves hablando, pontificando y opinando sobre lo divino y lo humano. El especialista en salud octogenario o nonagenario (nunca se supo su edad) es el famoso portador de su bolsa repleta de ‘queles’ (qué les importa).

El Chómpiras:

El verdadero nombre del caquito que se resocializó a mediados de la década del 80 y trabajó como botones en un hotel... lucho es Aquiles Esquivel Madrazo. Se caracterizaba por no llevarle la contraria a nadie y siempre se especuló que era una suerte de primo lejano de Eloy Madrazo, el protagonista de la puesta en escena teatral “11 y 12”, que tantos aplausos logró en América Latina.

Chaparrón Bonaparte: 

Fue pieza clave del humor en su versión más surrealista dentro de la obra de Roberto Gómez Bolaños. Las chiripiolcas, esos movimientos involuntarios que curaba de forma diestra su coequipero Lu Castañeda, implicaron el nacimiento de la expresión como sinónimo en América Latina de la palabra “ataque”.

Vicente Chambón:

Periodista incisivo y trataba de responder a las expectativas que tenía el director del periódico “La Chicharra”, Don Lino Tapia, interpretado por Rubén Aguirre. Su compañera de trabajo de reportería fue la fotógrafa Cándida, personificada por Florinda Meza. No tenía teléfono en su apartamento y puso de moda los parches en codos y rodillas.

Don Ramón:

Es el núcleo de desarrollo de los demás personajes de “El Chavo del Ocho”. Sin Ron Damón (Don Ramón) no hay a quién cobrarle la renta y el Señor Barriga no tendría piso para existir; sin él no hay conflicto para Doña Florinda; sin él la Bruja (Doña Cleotilde) habría liquidado cualquier esperanza de enamorarse, sin él Quico no tendría a quién acusar y, sin él el Chavo, ahí sí, estaría huérfano.

Quico:

Roberto Gómez Bolaños o ‘Roberto Gómez Boladeaños’, como le dijo últimamente, entre irónico y rencoroso, Carlos Villagrán (Quico) también le dio protagonismo a un niño vestido de marinerito, cuyo nombre completo es Federico Matalascayando Concuera. Villagrán aportó su histrionismo, su facilidad para la comedia, y lo más importante para este personaje: “los cachetes de marrana flaca”. 

La Chilindrina: 

Cuando El Chavo llegó a la vecindad por accidente se topó de entrada con La Chilindrina. En esa escena de antaño, ambos se miraron las pecas fijamente y se quisieron durante los primeros segundos. Después tuvieron una pequeña disputa a causa de un globo. El personaje a cargo de María Antonieta de las Nieves utilizó en algunas temporadas un saco torcido en su espalda.

Doña Florinda / La Popis: 

Florinda Corcuera y Villalpando Viuda de Matalascayando es un nombre casi tan extenso como la condición arribista del personaje. Comenzó a identificar sus dotes culinarias a partir de la cocción de unos churros que intentó vender Don Ramón sin mucha fortuna. Luego, sin su hijo Quico, y con la presencia intermitente de su sobrina, La Popis (también interpretada por ella), montó un restaurante.

Profesor Jirafales:

Inocencio Jirafales, Rubén Aguirre Jirafales o Maistro Longaniza, como quieran llamarlo, fue a todas luces un antidocente porque nunca utilizó su creatividad para seducir a los alumnos. Siembre intentó conquistar, sin mayores argumentos que su vanidad a Doña Florinda. Aguirre nutrió a su célebre maestro con el tabaco y le también otorgó el Ta, ta, ta, ta, ta (cinco veces ta, nada más).

Doña Clotilde:

“Bogotá es un país que queda en Norteamérica del sur”, ilustra Don Ramón a la Chilindrina y al Chavo en un capítulo de la serie. En este mimo episodio, que como forma de respeto al público nunca tuvo risas grabadas, se dice que Doña Cleotilde (La Bruja del 71) no había llegado de la capital colombiana, lugar en el que se desarrolló, en la realidad y no en ficción, un congreso de brujería en 1973.

Señor Barriga / Ñoño:

Zenón Barriga y Pesado es el nombre completo de uno de los caseros más populares de América Latina. El dueño de la humilde vecindad nació en una de las viviendas de esa infraestructura en franca decaída. Se hizo a pulso, tuvo un hijo, Ñono, también interpretado por Édgar Vivar, y no se le conoció la esposa, aunque sí su mansión. 

Godinez:

En los capítulos de la serie de televisión no se evidencia mucho, pero en la publicación “El diario del Chavo del Ocho”, queda clarísimo que el personaje interpretado por Horacio Gómez Bolaños le ganaba “a las trompadas” al protagonista. En el aula de clase, siempre se sentó en la última fila y tenía una capacidad asombrosa para silbar.

Jaimito El Cartero:

Raúl “El Chato” Padilla asumió el atuendo de este personaje que tenía, muchas veces, la responsabilidad de reemplazar a Don Ramón dentro de su sabiduría popular. Evitaba la fatiga al no desplazarse en bicicleta sino a pie. Su principal pasión siempre fue su natal Tangamandapio… un hermoso pueblecito con crepúsculos arrebolados.

Comparte: