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Martin Bourboulon: “la camaradería y la traición son temas atemporales”

El director de “Los tres mosqueteros: D’Artagnan” habla de la película que recrea un reino dividido por las guerras de religión y amenazado por la invasión de Inglaterra. D’Artagnan viaja a París para convertirse en uno de los mosqueteros del rey Luis XIII. La cinta mantiene la esencia del clásico de Alejandro Dumas, pero asume riesgos para cautivar nuevas audiencias.

Joseph Casañas Angulo
23 de abril de 2023 - 01:30 a. m.
Del Louvre al Palacio de Buckingham, y en un Reino dividido por las guerras de religión y amenazado por la invasión de Inglaterra, el joven D'Artagnan viaja a París para convertirse en uno de los Mosqueteros del Rey Louis XIII. Con Athos (Vincent Cassel), Porthos (Pio Marmaï) y Aramis (Romain Duris), se enfrentarán al cardenal Richelieu y a la misteriosa Milady de Winter (Eva Green). Primera parte de la nueva adaptación de Los Tres Mosqueteros, el clásico del escritor Alexandre Dumas, por parte de la compañía francesa Pathé.
Del Louvre al Palacio de Buckingham, y en un Reino dividido por las guerras de religión y amenazado por la invasión de Inglaterra, el joven D'Artagnan viaja a París para convertirse en uno de los Mosqueteros del Rey Louis XIII. Con Athos (Vincent Cassel), Porthos (Pio Marmaï) y Aramis (Romain Duris), se enfrentarán al cardenal Richelieu y a la misteriosa Milady de Winter (Eva Green). Primera parte de la nueva adaptación de Los Tres Mosqueteros, el clásico del escritor Alexandre Dumas, por parte de la compañía francesa Pathé.
Foto: BEN KING PHOTOGRAPHER

Es un diálogo entre los guionistas de la película, Matthieu Delaporte le dice Alexandre de La Patellière. “Athos intenta ahogar sus demonios en el alcohol, pero con el tiempo, estos han aprendido a nadar”.

Vincent Cassel supo crear un Athos solitario, melancólico y gris, Pio Marmaï logró un Porthos buena vida e irreverente, mientras que Romain Duris convierte al ambiguo Aramis en un personaje rocambolesco.

El director francés Martin Bourboulon habla para El Espectador de la primera parte de la nueva adaptación del clásico de Alejandro Dumas, producción que en su primer fin de semana de estreno en Francia logró un recaudo de taquilla de US$7,6 millones.

¿Qué lo animó a enfrentarse a una obra tan emblemática como “Los tres mosqueteros”?

Hay una doble emoción interna, tanto de espectador como de director que se desencadena simultáneamente. Surge la inquietante pregunta: ¿cómo se hace una película de espadachines en 2022? Se trataba de retomar el contacto con estas grandes películas de aventuras, que tratan a la vez de trayectorias individuales la historia de una nación. Todos recordamos la trama de Los tres mosqueteros, con el sentido del honor y la fraternidad que se narra en ella y la inmensidad de las batallas. Cuando pienso en lo que representaba esta novela cuando era niño, es algo inmenso lo que me viene a la mente.

¿En qué medida cree que esta historia puede resonar ahora?

Las películas de capa y espada, tal y como las imaginamos, recurren a las películas de los años 60 y 70 que nos hicieron soñar. Pero no es un género que se renueve con tanta frecuencia. Así que había cierta responsabilidad en hacerlo hoy. Algunos de los temas de Los tres mosqueteros, como la camaradería y la traición, son atemporales, pero también asumo esta película como una gran historia de aventuras.

¿Participó en el proceso de escritura?

La redacción se realizó en varias etapas. Primero se dio el gran interés de los productores Dimitri Rassam y el grupo Pathé, dirigido por Jérôme Seydoux y Ardavan Safaee, en recuperar un patrimonio literario. En una época en la que el consumo de imágenes está cambiando rápidamente con la presencia de las plataformas, todos compartíamos este fuerte deseo de realizar grandes películas para ver en la pantalla grande. A partir de entonces, Matthieu y Alexandre trabajaron en la adaptación de la obra. Muy pronto se nos ocurrió la idea de dividir la narración en dos partes, D’Artagnan y Milady, y enlazar las dos historias en una línea temporal. Intervine en su primera versión. Somos muy complementarios y nos conocemos bien, el diálogo es fluido entre nosotros. Fue entonces cuando pudimos confrontar nuestros puntos de vista para que su escritura se ajustara a la película que yo quería dirigir.

El ritmo de la película es rápido y la adversidad es permanente; ¿obedece a un cúmulo de sus emociones?

Esto se debe a la propia obra de Dumas y a su estructura serial. El conflicto emocional o político con el obstáculo son grandes motores dramatúrgicos. Matthieu y Alexandre, en su guion, conservaron lo mejor de la novela, con aportes inteligentes. El conjunto da la sensación de una película que nunca se detiene, que es lo que todos queríamos.

¿Por qué hay escenas en las que se mantienen los combates de fondo mientras pasan cosas? Eso pasa cuando la reina está atrapada y Athos es un prisionero.

Me pareció más importante poner el foco en la soledad y el miedo de la reina, o en la confusión de Athos, creo que es más interesante que filmar la acción en sí. En este punto de la historia hay mucho en juego. Siempre me ha parecido muy interesante el tratamiento de lo que no se ve en las películas. Lo que no se muestra es a menudo más fuerte y misterioso.

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¿Y cómo logró reunir este elenco?

Me mimaron mucho. En cuanto a los mosqueteros, François Civil, Vincent Cassel, Pio Marmaï y Romain Duris, todos los encarnan con talento desde que se toman la pantalla. También me alegró mucho trabajar con Eva Green, Vicky Krieps y Lyna Khoudri. Es una oportunidad de reunir en una película a estas tres actrices de gran talento y de orígenes diferentes. Cada una de ellas aporta fuerza a la historia. En cuanto a Louis Garrel, logró construir un rey magnífico.

Necesitábamos contar la historia del siglo XVII, y para creer en la historia, cada actor tenía que tener una presencia escénica fuerte.

D’Artagnan es reaccionario; Athos, melancólico; Porthos, un “buena vida”, y Aramis, rocambolesco.

Romain Duris es un actor camaleónico capaz de interpretar cualquier cosa. Me parece ideal, felino y sexy como Aramis. Tiene una coquetería que le pertenece. Construimos juntos su estilo y su look. Pio era ideal como Porthos: es un bon vivant y un personaje excesivo, que tiene hambre cuando se levanta de la mesa. La personalidad alegre y generosa de Pio hace que sea fácil imaginarlo en este personaje. Con Vincent Cassel, la imagen de un lobo gris para representar a Athos surgió rápidamente durante nuestras conversaciones.

También me pareció interesante enfrentar a una nueva generación de actores, representada por François Civil y Pio Marmaï, con la de Romain Duris y Vincent Cassel, que llevan más tiempo en el mundo del cine.

En cuanto a François, no podríamos haber hecho esta película con otro D’Artagnan que no fuera él. Tiene una rara precisión de la actuación, además de una potencia física muy fuerte. Interpreta a un D’Artagnan maravilloso, encantador, despreocupado e insolente al mismo tiempo.

Y sobre los personajes femeninos...

Me gustan mucho estos tres personajes femeninos y las actrices que los interpretan. Las mujeres son muy importantes en esta historia. El destino de Francia está ligado al de la Reina. Milady de Winter es una espía extraordinaria, independiente y escurridiza. Me encantó que Eva Green pudiera interpretarla, porque hay algo misterioso en ella y su imagen es muy poderosa. Ha adoptado una faceta un poco súper heroica en su actuación, lo que resulta interesante para interpretar a esta mujer tan especial.

Para el papel de Constance, me alegró dirigir a Lyna Khoudri, a quien ya había visto en otras películas. Teníamos que engancharnos a su relación con D’Artagnan, que es también el vínculo con la segunda parte. En cuanto a Vicky Krieps, es una gran actriz, a la que me encantó descubrir en El hilo fantasma. Me impresionó mucho su interpretación; es capaz de transmitir que está enamorada del Duque de Buckingham y que se encuentra en un terrible dilema sentimental, con un simple gesto de la mano cuando toca una carta.

Louis Garrel, como Luis XIII, aporta un toque estrafalario.

Era un tono suave, ambiguo y extraño que encontramos juntos en el set. Era peligroso, porque la línea era delgada. También había que tener cuidado de no quitarle demasiada autoridad. Louis Garrel consiguió que el rey fuera escurridizo. Es un papel de composición, Louis es un gran actor.

Muchas tonalidades, muchos géneros cohabitan en esta película

Sí, y la dificultad era combinar todos estos colores. La lucha realista y dura en el bosque tenía que coexistir con la historia de amor de Constance y D’Artagnan, y en algunos espacios con un tono más ligero. De esta gran heterogeneidad surge una cierta coherencia, que todos deseábamos.

¿Cómo trabajó con sus actores en este lenguaje del siglo XVII?

Ese era uno de los retos de la película. Se trataba de ser fiel a este lenguaje, que es muy bello, dándole al mismo tiempo cierta modernidad. No soy aficionado a los ensayos y me gusta mantener esta zona de inseguridad, a riesgo de desconcertar a ciertos actores. Me gusta buscar el momento mágico en el set. En el escenario, en los decorados y en el vestuario, buscamos el tono adecuado para que los diálogos sonaran bien. Teníamos que conseguir manejar este lenguaje sin forzar nunca a la actuación.

¿Cómo trabajó el sonido y la música de su película?

El sonido es fundamental para aportar la inmersión que quería para esta película. Por ejemplo, el sonido de los disparos de pólvora fue muy difícil de encontrar. Tenía que ser barroco y tener encanto para el espectador, pero también “sonar” con los códigos sonoros actuales. Para la música, fue decisivo el encuentro con Guillaume Roussel, quien enseguida encontró el tono y los temas de la película.

¿Y la iluminación diseñada por Nicolas Bolduc?

Durante nuestras primeras conversaciones con Nicolas, buscamos la “pátina” (tono ocre envejecido) de la película. Esta palabra tan especial guio nuestra preparación. Hoy en día, todos estamos acostumbrados a imágenes muy definidas y de alta resolución. Queríamos una imagen más imperfecta y deteriorada que los estándares actuales. Para ello, intentamos “ensuciar” la imagen, con polvo, humo, tantos trucos, que ayudan a aceptar la particularidad de una película de época. Pero trabajar en una película también significa ocuparse de la elección de los decorados, el trabajo de vestuario, el maquillaje de los actores, etc. Es un paquete completo, y siempre me he preocupado de que los diferentes jefes de departamento puedan estar en diálogo constante.

Joseph Casañas Angulo

Por Joseph Casañas Angulo

Comunicador social y periodista egresado de la Universidad Los Libertadores con diez años de experiencia en medios de comunicación.@joseph_casanasjcasanas@elespectador.com

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