“Dopamina”, el largometraje como un espejo familiar

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Natalia Imery Almario realizó en el Festival Internacional de Cine de Cali el estreno para América Latina de su película documental “Dopamina”, en la que revela su condición sexual y habla sobre el Parkinson que padece su padre.

El concepto familiar, la homosexualidad, la lucha por la ideas y las consecuencias de un Parkinson avanzado son también protagonistas en Dopamina, la más reciente creación de la directora y guionista colombiana Natalia Imery Almario. (Le recomendamos: Norma Desmond: el otro yo de Luis Ospina)

Ella acaba de presentar su película documental en la edición número once del Festival de Cine de Cali, después de exhibir su trabajo audiovisual en escenarios tan importantes como el Talent Campus de Buenos Aires, el Bam Audiovisual Market y el Cine en Desarrollo de Touluse. (Lea también: Jean-Louis Jorge: uno de los secretos mejor guardados del cine latinoamericano)

“Siempre tuve dudas de realizar Dopamina, pero cuando empecé a trabajar el proyecto en mi época universitaria como tesis, lo transformé hasta lo que estoy presentando en el Festival Internacional de Cine de Cali. Tenía la necesidad de expresarme y me lancé al agua”, comenta Natalia Imery Almario, quien estudio Comunicación Social en la Universidad del Valle del Cauca y realizó un Diplomado en Documental de Creación. (Le puede interesar: Festival de Cine de Cali 2019: un tributo cinematográfico a su creador)

La película cumplió con el propósito de ampliarle a ella y a todo su núcleo la idea de familia y le abrió la posibilidad de pensar en maneras alternativas de construir hogares más allá de las formas convencionales. “Gracias a Dopamina, establecí muchos lugares de encuentro” dice la directora.

Durante cuatro años se dedicó a reunir el material de archivo de su familia. Todo eso constituye un disco duro como de 800 gigas con mucha información de todo tipo. El resultado de ese trabajo lo exhibió en la universidad, pero siempre sintió que faltaba una buena parte de la historia, así que siguió explorando hasta que supo que lo que quería hacer era manifestarse.

“No me arrepiento de nada de lo que ‘confesé’ en la película, aunque no deja de darme un poco de pena porque son situaciones muy íntimas. Este largometraje es como verse al espejo y muchas veces uno no quiere verse en él”, asegura Natalia Imery Almario.

Dopamina muestra cómo a Ricardo Imery Valderrama, padre de Natalia, le diagnostican Párkinson doce años atrás y él, a pesar de haber sido un militante de izquierda y haber luchado por las libertades de los seres humanos en la década del 80, entra en conflicto al tener que respetar la elección sexual de su hija.    

“Para yo sumarme a este proyecto, tuve en cuenta el hecho de que se trataba del proyecto de vida de Natalia y ella quería expresarse y mostrar cuál había sido su decisión personal. Nuestra función como padres fue dejar de lado nuestras propias pretensiones para apoyarla en su opción de vida”, cuenta Ricardo Imery Valderrama. 

Cuando estaba en el proceso de escritura del guión, surgió la idea de filmarse como familia. Todos los participantes tuvieron un trabajo arduo con los personajes antes de prender la cámara. Con maestros en actuación se enfocaron en ejercicios de respiración y de expresión corporal.

“Al comienzo, tenía mis reservas por tratarse de un tema tan personal. No me imaginaba verme en una pantalla gigante nunca porque casi ni en fotos familiares aparezco. Recuerdo que siempre le dije a Natalia, “¿estás segura de que quieres exponer tu vida de esta manera?”. Ella tomó la decisión y yo la apoyé en el proceso”, manifiesta Gloria Almario Álvarez, madre de la guionista, directora y protagonista. 

“Tomé la responsabilidad de aparecer porque, tal vez, es más fácil mirar las cosas desde detrás de cámara, pero como quería hacer una narración en primera persona, yo tenía que exponerme también. Ahí me costó mucho trabajo tomar decisiones como directora y como personaje; concluye Natalia.

Dopamina es la tercera propuesta audiovisual de Natalia Imery Almario, después de Alén (2014) y Anagramas (2016), y en ella la directora explora la cámara como un espejo familiar.   

 

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