“Ángela”, la película colombiana que revela la maldición de ser mujer

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Este 25 de noviembre llegó a las salas de cine la película que cuenta sobre la violencia y la maldición que implica haber nacido mujer. La historia del director Agamenón Quintero revela acontecimientos que pasaron hace 40 años y que siguen pasando.

Desde este 25 de noviembre, fecha en la que se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, se encuentra en salas de cine la película “Ángela”, del director colombiano Agamenón Quintero. Esta producción cinematográfica pretende mostrar el tema que en la sociedad latinoamericana es tabú y del que pocas personas se atreven a hablar: el matrimonio infantil y el tráfico de niñas. La película está basada en hechos reales y cuenta la vida de una menor de 13 años que es vendida a un terrateniente para su disfrute sexual.

La historia de Ángela, una anciana que vivía en la cabecera del río Sinú en el municipio de Valencia, del departamento de Córdoba, se la contaron al director y a su productora, Salma Tafur. En sus últimos días de vida, la anciana deliraba y hablaba como una niña. En una especie de regresión, contó que un hombre blanco la tocaba y ella se desesperaba. La familia de la anciana averiguó y se enteraron de lo que realmente había sucedido.

Cuando conoció la historia, Agamenón supo que quería llevarla al cine y trabajó en el guion conjuntamente con Salma. Ya había hecho dos películas que tienen que ver con el machismo en la Costa Caribe: “A puerta cerrada”, sobre una adolescente obligada a abortar por su padre, y “Mi primera vez”, una comedia sobre la zoofilia de personas que tienen relaciones sexuales con burras.

“Yo tenía ganas de escribir algo sobre la violencia contra la mujer en medio de esa madurez personal que iba teniendo y cuestionar el machismo”, recuerda Agamenón. El cine le hizo darse cuenta de algunas actitudes machistas que tenía y por eso asegura que “Ángela” determinó su evolución como director. Y también Salma, de quien fue pareja, pues le hizo cuestionarse muchas cosas desde su feminismo. (Le recomendamos: Los billetes que dieron por Ángela).

“Si bien sucedió en los años 40, esto es algo que aún hoy sigue sucediendo en Colombia y Latinoamérica. El sexo consentido y el matrimonio infantil son hoy en día respaldados por la ley colombiana, ya que la edad de consentimiento sexual es a los 14 años. En los artículos 117 y 140 se asegura que los y las adolescentes entre 14 y 18 años pueden contraer matrimonio con el permiso expreso de sus padres. Es por eso que cuando llega a nuestros oídos la historia de Ángela, decidimos empezar este proyecto recreando un universo machista y patriarcal que aún sigue intacto. Nuestra única intención fue darle voz a Ángela en nombre de todas las mujeres que han tenido la oportunidad de vivir estos abusos y de las víctimas que aún están sufriendo”, asegura Agamenón Quintero, director de la cinta.

La historia de Ángela cuenta cómo el nacer mujer termina convirtiéndose en la maldición de estar a merced de lo que los hombres y las reglas sociales decidan sobre el cuerpo y la vida de la mujer. La película llega a las salas de cine del país gracias a la Distribuidora de Cine Comunitario, Independiente y Alternativo Distrito Pacífico.

Las historias

Cuando inició la preproducción de la película muchas personas de la región empezaron a hablar sobre casos similares de mujeres que fueron obligadas a casarse siendo niñas a cambio de dinero. Pero el equipo de Agamenón también perdió muchos escenarios de rodaje cuando mencionaban sobre qué se trataba la película. “Fue ingenuo de mi parte decirles que quería desnudar el pasado de muchos. Entonces, las personas no nos prestaban las fincas porque decían: “La gente va a pensar que mi papá compraba niñas”.

Una de las pocas mujeres que les prestó un lugar para grabar les contó más sobre la historia: durante el caos nacional ocasionado por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, un líder popular del Partido Liberal, en 1948, a su casa llegaron el terrateniente y Ángela para ocultarse, pues los querían asesinar por ser del partido opositor. Así que Agamenón decidió incluir esto dentro de la película y ubicarla temporalmente en dicho momento, en el que inicia el periodo de La Violencia en Colombia y en el que surge el departamento de Córdoba.

En el Festival Internacional de Cine de Guayaquil, Ecuador, de 2019, la cinta obtuvo el premio a mejor director, mejor guion y mejor sonido. Este año en el Ibiza Cine Fest y en el Festival Internacional de Cine de Marbella, en España, el público la escogió como la mejor película, y ganó las categorías de mejor película y el Premio de la crítica. “Es el primer premio que me gano en mi carrera. Se sintió bien, es un reconocimiento que motiva a seguir haciendo cosas, pero no para ir detrás de un galardón. Lo importante es que la gente vea la película”.

Cuando presentaron el filme en el Festival de Cine de Oaxaca, México, durante el conversatorio del final se paró entre el público una mujer de Lorica, el pueblo que aparece en la película, y dijo que su abuela fue comprada y violada tal como narra el filme. “La gente empezó a llorar porque lo vieron más cercano, más real”, recuerda Agamenón.

En Italia las personas tampoco pudieron contener las lágrimas ante la cruda historia que narra “Ángela”. “Cuando la película se acabó, nadie se levantó ni se fue. Al terminar los créditos se sintió un solo suspiro masivo, un aliento que todos soltaron y había mucha gente tocada”, asegura el director cordobés.

Una práctica vigente

Comprar niñas es una práctica arraigada en la sociedad cordobesa. Rosendo Garcés es uno de los personajes más ricos y reconocidos en la historia de Montería, la capital del departamento, tanto así que hasta el primer edificio de la ciudad lleva su nombre. Él también era conocido por ser el hombre que más niñas compraba, inclusive hasta en su vejez, durante la década de los ochenta y noventa. “La gente me decía que si la película era un homenaje a Rosendo Garcés. Esa es la distorsión de la realidad que hay. Lo que pretendemos es darle voz a estas mujeres y mostrar esta realidad”, asegura Agamenón.

Lo peor es que esta práctica sigue ocurriendo. Durante el rodaje, a Agamenón le contaron la historia de un abuelo que hace poco ofreció a su nieta a cambio de dinero a unos policías de un Comando de Atención Inmediata (CAI) cerca de Montería. Los policías empezaron a recoger dinero entre todos para poder pagar los 100 o 300 mil pesos que pedía el anciano a cambio de la virginidad de la niña. Un abogado que presenciaba la escena les advirtió que si la compraban iba a hacer todo lo posible para que se fueran presos.

Durante una audiencia en el proceso de paz, el exjefe paramilitar del Bloque Resistencia Tayrona, Hernán Giraldo, alias “Taladro’” se defendió de su hábito de comprar niñas diciendo que era una práctica campesina. Giraldo fue condenado en 2019 como “depredador sexual de menores” en un fallo en el que se le señala de crímenes como violaciones, prostitución forzada, esclavitud sexual, abortos y embarazos forzados. No obstante, no pagará 40 años como lo determina la justicia ordinaria, sino solo ocho, con base en el acuerdo alcanzado con el Gobierno de ese entonces.

Lo que narra la película no es un pasado lejano sino una realidad actual. De acuerdo con un informe de la organización Plan International, en América Latina el 29% de las niñas son víctimas de matrimonio infantil, en comparación con el 18% en Asia Oriental y el Pacífico, el 15% en los Estados Árabes y el 11% en Europa Oriental y Asia Central. Además, en el 73% de casos de abuso sexual en Colombia las víctimas son niñas. Tan solo en 2017 hubo 16.116 casos de violación a niñas menores de edad en el país.

Ante esto, es claro que la película tiene una intención política más que estética. En casi todos los países de América Latina se permite a una niña casarse siendo menor de edad. Solo Guatemala prohíbe de manera expresa el matrimonio infantil desde 2017. En Colombia, por ejemplo, la edad de consentimiento sexual es 14 años, de acuerdo con los artículos 208 y 209 de la ley 599 del 2000. Y el artículo 117 del Código Civil señala que “cualquier menor de 18 años de edad puede contraer matrimonio con el permiso expreso, por escrito, de sus padres legítimos o naturales”.

La otra historia de Ángela

Ruz Mary González es la niña que interpretó a Ángela y fue descubierta por Salma en una vereda en Tierralta. “Solo fue verla y saber que era ella quien tenía que interpretar el personaje”, recuerda Agamenón. La película se rodó en tres semanas, pues temían que Ruz Mary se desarrollara y perdiera la inocencia que se buscaba transmitir en el filme. “Durante el rodaje ella fue la sorpresa. Siempre es difícil trabajar con niños, pero ella no se ponía nerviosa; no le intimidó la cámara”, señala el director.

Ruz Mary vive en una zona violenta y peligrosa del departamento y está muy expuesta a lo mismo que la película critica. Siempre mantuvieron contacto con ella y le daban consejos de educación sexual. Sin embargo, hace poco Ruz Mary quedó embarazada, cuando cursaba su último año escolar. Desde entonces la han acompañado y están intentando buscarle una beca para que estudie en la universidad. “En la vida real, la actriz repitió un poco lo que le sucede al personaje. Es una realidad, no una ficción; estas cosas pasan”, asegura Agamenón.

El director, finalmente, quiere generar una reflexión alrededor de la situación que vivió Ángela y que actualmente muchas niñas alrededor del mundo continúan atravesando: “Esto se sigue viendo y los índices y estadísticas son evidentes. Hay que tener claro que esos índices no son reales, son solo los casos que se conocen. Me parece importante para la sociedad latinoamericana haber tomado este tema y haber dicho lo que se dice en Ángela”.

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