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"Amistad de Gabo con Fidel Castro era despreciable": María Fernanda Cabal

Aunque la congresista acepta que irrespetó a la familia de Gabriel García Márquez, dice no arrepentirse de sus palabras.

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Juan Pablo Barrientos / periodista de La FM
12 de mayo de 2014 - 02:30 a. m.
María Fernanda Cabal asegura que la mezquindad del nobel Gabriel García Márquez con su región resintió a muchos colombianos. / Herminso Rui
María Fernanda Cabal asegura que la mezquindad del nobel Gabriel García Márquez con su región resintió a muchos colombianos. / Herminso Rui
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El nombre de María Fernanda Cabal era poco o nada conocido hace tan sólo un mes, cuando la congresista electa del uribismo mandó al infierno a Gabriel García Márquez, tras su muerte an abril pasado. Luego de la ola de indignación en redes sociales, un senador propuso posponer tres meses la posesión de la congresista, alguien más la denunció por discriminación ante la Corte Suprema, el alcalde de Aracataca la declaró persona no grata en su municipio y el presidente Santos rechazó lo dicho por Cabal en su tweet.

Las palabras de rechazo que más tuvieron eco fueron las del maestro Alberto Salcedo Ramos en su columna dominical en el periódico El Colombiano: “Me pregunto qué clase de ponzoña tiene usted en el corazón para haberle deseado el infierno a ese señor muy viejo con las alas enormes que acababa de morir, un colombiano de bien que jamás asesinó, ni robó, ni estafó, ni tuvo una sola mancha en su larga vida pública”.

Tras casi un mes de hermetismo, María Fernanda Cabal habló con El Espectador. Esta politóloga de los Andes, con posgrado en literatura hispanoamericana e historia de la Fundación Ortega y Gasset de España, empresaria y con un amplio trabajo social en el país dará mucho de qué hablar en la legislatura que se avecina.

Doctora Cabal, usted no quiere que le pregunten sobre Gabo, pero es una pregunta obligatoria. Si Gabriel García Márquez no hubiera muerto hace un mes, sino hoy, ¿lo mandaría al infierno?

Le dieron demasiada importancia a una frase que no la tenía. O sea, lo tomaron como si fuera un sacrilegio, cuando finalmente García Márquez era ateo; ambos (Fidel y Gabo) son comunistas, no creen ni en el cielo ni en el infierno. Y sí, le confieso, la emotividad, más que por García Márquez fue por el mismo Fidel Castro. A mí me parece que era una amistad despreciable, porque Fidel Castro ha sembrado la violencia y la tragedia en este país desde hace más de 50 años. Aquí y en América Latina. Entonces, sí, fue un acto emocional. Sé que fue irrespetuoso con su familia, pero yo no creo que fuera para tanto. Este país vive demasiadas tragedias para darle importancia a ese trino.

La gente se indignó, su nombre fue ‘trending topic’ una semana completa. ¿Cómo vio la reacción de la gente?

Me pareció interesantísima.

Antes de comenzar esta entrevista me decía que el trino fue irrespetuoso con la familia de Gabo. ¿Se arrepiente de haberlo escrito?

Fue irrespetuoso el momento. De pronto lo escribiría a los quince días, pero no ahí mismo.

Leer tantas críticas e insultos afecta. ¿Cómo se vio afectada?

Pero ¿por qué? No, yo pienso que, al contrario, lo más difícil es que a uno lo conozcan. Por accidente terminó conociéndome mucha más gente que la que me hubiera conocido en los cuatro años de Congreso. Pienso que serví para abrir una compuerta a gente que está de acuerdo conmigo, y que se debata, primero, la libertad de opinión. Segundo, esta es una sociedad con una historia de dolor y de sangre que no puede aplaudir las amistades de García Márquez, y en eso me sostengo de aquí hasta que me muera y de pronto también me vaya para el infierno. Tampoco creo en el infierno. Yo creo que el infierno lo construye uno mismo en la Tierra.

O sea, ¿usted no cree en el infierno pero mandó a Gabo para el infierno?

Pero es que es un dicho.

Benedetti salió con la idea de aplazar por tres meses su posesión como congresista. ¿Cómo vio esa propuesta?

Benedetti es un oportunista mediático. Si alguien no puede dar ejemplo de conducta es él. Tampoco le di mayor importancia porque sé que a él le gusta llamar la atención haciendo eso. Lo de Benedetti me da risa, me debería dar rabia, pero me da risa. ¿Que yo soy qué? ¿La Natalia París del Congreso? Me parece que también es una metida de pata de Benedetti, que es una afrenta contra las mujeres y contra esta niña, que es más inteligente que Tío Conejo.

Mucha gente, doctora Cabal, la compara con el fanático procurador que quemaba libros. ¿En qué se parecen?

La primera ola de reacción fue una ola de matoneo. Y el matoneo viene acompañado de rotular al opositor, de caracterizarlo, de despreciarlo, de señalarlo, de decirle groserías: esa es la reacción humana primaria. Pero cuando uno ve cómo esa curva dio la vuelta, cuando mucha gente dijo lo que quería decir, se abrió el debate, que era lo importante, que es el de la libertad de expresión. Una sociedad no puede perder eso. Ahora, esto se convirtió en un tema de chiste, de burla. Se volvió un tema macondiano.

Una columnista salió con la descabellada idea de que Gabo tenía que haber construido el acueducto de Aracataca, es decir, tenía que asumir una responsabilidad del Estado. ¿Comparte esa exigencia?

Él fue muy mezquino con su propia región, y es lo que la gente le resiente. Uno en Colombia es muy dado a ser proclive a los caudillos, a los liberadores, a las figuras que encarnen mesianismo. De alguna manera uno podría decir que eso sucede con el presidente Uribe. Yo no digo que esté bueno o malo, pero es parte de nuestra cultura popular de idealizar a los seres de carne y hueso. Entonces, cuando eso sucede, tratar de aterrizar a una persona es muy difícil, porque la gente tiene sus ideales encumbrados. Entonces, ¿cuál es el resultado?

Hablemos de la obra de García Márquez: ¿lo ha leído, le gusta o nunca le llamó la atención?

Si alguien ha sido totalmente proclive y fanática del realismo mágico, he sido yo. Pero no porque comenzara con García Márquez, sino porque comencé con Alejo Carpentier, con El reino de este mundo. Para mí El reino de este mundo es una obra maestra que además me llegó al alma. De García Márquez, incluso, siempre me fascinaron sus cuentos: El negro Nabo y Relato de un náufrago. García Márquez tenía maestría en jugar con los tiempos. Pero eso nada tiene que ver con que yo reproche sus amistades y sus relaciones con personas que me parecían funestas, y que callara frente al crimen y al encarcelamiento de colegas suyos: periodistas. Recuerde la primavera de 2003, cuando fueron encarcelados 73 periodistas, intelectuales y pensadores sólo por el delito de opinar sin permiso; ahí hay unos condenados a treinta años. Si uno cree que puede construir civilización, porque yo creo que todavía no lo somos, en un país con estos niveles de criminalidad y con impunidad; si uno cree que va a construir civilización, pues hay conductas que no se pueden aplaudir, independientemente de quien sea. Y ha habido mucha proclividad de los intelectuales frente a la admiración de dictadores. Acuérdese de Pablo Neruda con Stalin. O sea, había varios que uno decía: “No, por ahí no es”.

¿Leyó ‘Cien años de soledad’?

Lo leí en España, precisamente.

¿Le gustó?

Me encantó, me encantó. A mí el juego de los tiempos me fascina, por eso soy fanática de Juan Rulfo.

¿Estuvo pendiente de todos los homenajes que le hicieron a Gabo o simplemente estuvo concentrada en salir del escándalo?

Lo que pasa es que los homenajes también son divertidos, porque el cardenal le hace homenaje en la Catedral, cuando Gabo, creo yo, era ateo. Él pidió que no le hicieran nada, le daba asco. Igual al tratamiento que daba cuando le preguntaban por su patria. Él no quería a Colombia. A él le hablaban de Colombia, “Gabo, ¿usted dónde se quiere morir?”, y respondía: “No vale la pena ni vivir ni morir en este cagadero”. Así era como se refería a Colombia. Se hizo mexicano desde el año 85. Entonces aquí la gente se rasga las vestiduras cuando él mismo despreció su patria y su pueblo. Como cuando uno quiere darle la espalda a su pasado y a su origen, quiere borrar su origen. Finalmente, su orgullo. Cuando leo la historia de una persona, para mí esta es de dónde viene, porque hay gente que nace en cuna de oro, y eso no tiene tanto mérito como al que le ha tocado hacer un esfuerzo desde abajo.

Para muchos, Gabo es el colombiano más grande de la historia. ¿Para usted?

Es que no puede haber un colombiano más grande. Es que cada cual se destaca en su actividad y su profesión. Uno tiene el deportista y ni siquiera es más grande. Yo creo que Kid Pambelé hizo soñar a una Colombia que no había ni ganado una medalla, o Cochise Rodríguez. Pero eso se ha venido repitiendo con el tiempo, afortunadamente. En la literatura, cada cual se ha destacado. O sea, existía García Márquez, pero también hay gente muy buena.

Cambiemos de tema. Su esposo es José Félix Lafaurie, el presidente de Fedegán. ¿Cuál ha sido su rol en esa federación?

Cuando José Félix llegó hace diez años a Fedegán le dije que teníamos que crear una fundación, porque Fedegán lo tenía todo. Elaboramos una plataforma que recogió las historias de las víctimas ganaderas. Hoy en día mi información le sirve a la Fiscalía para que los postulados de Justicia y Paz se acuerden de los crímenes que cometieron (sean paramilitares, Farc, Eln, Epl). A ellos se les olvidó a quiénes secuestraron y mataron. Construimos el programa “Una vaca por la paz” y ya hemos entregado más de 1.700 vacas a comunidades campesinas rurales.

¿Vacas?

Vacas preñadas. Hago una “vacatón” en el Club El Nogal una vez cada dos años. Yo vendo la boleta...

¿“Vacatón”?

Una “vacatón”, como teletón de vacas. Llegan seiscientas personas a la vacatón y la gente dona en especie o en plata. ¡La alegría para un campesino por tener su vaca!: eso es indescriptible. Además, es la leche para esa familia campesina. ¿Quién escoge a la familia? Los mismos veterinarios zootécnicos de Fedegán, que son campesinos. Es un programa hermoso, porque consiste en tener la capacidad de dar mucho más allá de lo que uno cree que puede dar.

Sólo hasta el año pasado se decidió por la política electoral. ¿Por qué no antes?

Porque llevo muchos años peleando por los derechos de comunidades vulnerables y estoy en una pelea muy dura porque mataron a mis amigos. Me mataron a Manuel Moya y Garciano Blandón. Eran negros que venían reclamando sus tierras en las comunidades de Curbaradó y Jiguamiandó. Porque no le creo al discurso de algunas ONG que se dicen que son humanitarias; no se lo creo porque la gente de las comunidades las odia, porque ellos callan cuando hay presencia de las Farc. Ellos sólo denuncian la presencia paramilitar, a veces ni siquiera existe y la denuncian, se la inventan, porque a la izquierda le fascina vivir de enemigos imaginarios, y ese debate sí que lo conozco. Yo tengo varios profesores con los que sigo viéndome y sigo viajando. Hice el Primer Foro de Víctimas del Comunismo hace ocho meses. O sea, vinieron unos personajes que invité, y lo voy a seguir haciendo porque la gente en Colombia no conoce su historia, ¡no la conoce! Conoce la historia que le venden, y por lo general se la venden de un solo ojo, no de los dos ojos. Y así no se puede construir un paísque no quiere repetir su historia.

¿Por qué el Centro Democrático y no otro partido? El Conservador, por ejemplo...

Porque me identifico con las ideas del presidente Uribe. Así como hay gente que se identifica con las ideas del Partido Liberal o del Partido Conservador. Vengo de una plataforma de principios conservadores, de economía que respeta la propiedad privada, la libertad del mercado, que respeta que la sociedad construya su propio bienestar, que el Estado sea pequeño, que sea fuerte dándonos seguridad, protegiéndonos la vida, que el Estado sea fuerte administrando justicia, que no la hay, que haga las obras públicas, y ojalá no hiciera nada más, y el resto nos lo deje a la sociedad, porque la sociedad sabe trabajar. Soy empresaria. Tengo una empresa desde hace quince años y llegué a tener treinta empleados.

¿De qué es su empresa?

Tengo una agencia de viajes para estudiantes.

Decía que se identificaba con las tesis del expresidente Uribe, pero ¿tuvo diferencias con su gobierno o todo fue perfecto?

No me gustaban muchos de los funcionarios que había en el gobierno de Uribe. No me gustaban porque yo representaba a comunidades vulnerables y me tocaba pelear con funcionarios terribles, incompetentes, que hacían las cosas mal.

¿Quiénes?

No, para qué le voy a decir nombres. Es que hay gente que es incompetente y se cree indispensable. Generalmente, cuando los presidentes tienen tanto reconocimiento y tanto poder, eso les pasa. Es como una receta: terminan rodeándose de gente que construye una muralla.

Bueno, pero hablando de políticas, ¿en qué le fue mal a Uribe?

Nunca debió ceder a las presiones en el tema del fuero penal militar. Si no hay fuero penal militar, no debería haber carrera militar. ¿Usted cómo le garantiza a un soldado de Colombia que va y arriesga sus ojos, su vida, sus piernas, que no va a terminar preso porque lo va a terminar juzgando un personaje que no tiene ni idea de la guerra, que no sabe del derecho operacional de las fuerzas? ¿Eso no le parece injusto? Eso es como si a nosotros, los civiles, después de una guerra civil, nos juzgara un tribunal militar porque no usamos las convenciones del tribunal. Me parece que ahí hubo presión y él cedió, y no ha debido hacerlo, mientras que en otros casos se mantuvo firme.

Me imagino, entonces, que el fuero penal será su prioridad en el Congreso, ¿o me equivoco?

Sí. A los militares los tiene que juzgar la justicia acorde a su condición. Eso no significa que se va a generar impunidad. Ningún ejército del mundo es juzgado por una justicia ordinaria, y menos (debería) la de este país, que uno no sabe para quién trabaja.

Luego de su polémica por enviar al infierno a Gabo, habló de la necesidad de “desmamertizar” a Bogotá. ¿Qué es eso?

La izquierda basa su plataforma en demagogia populista, que es lo que uno quiere oír. Entonces, como aquí hay pobreza, le tocan la sensibilidad al pobre o le tocan la rabia al pobre, para incentivar esa rabia y salir elegidos con cosas que no se van a poder cumplir o que, si se cumplen, son insostenibles en el tiempo.

Entonces, ¿qué es “desmamertizar”, en un lenguaje más aterrizado?

Desmamertizar es que empecemos a elegir gente que tenga conocimiento de cómo se erradica la pobreza sin mentirle al pueblo. Yo, te repito, me niego y me enfrento a que los pobres se convirtieron en propiedad privada de la izquierda. Así no es. Los campesinos como que se volvieron propiedad privada de la izquierda, lo mismo que los negros, los indígenas, etc. Cuando yo veo a los campesinos de Corabastos, que tienen más plata que uno, me pregunto: ¿esos en qué categoría figuran? ¿Esos no califican?

Buena pregunta, pero la derecha no es que sea un adalid de buen gobierno. Han llevado por más tiempo las riendas de este país, ¿y qué?

No, mientras estuvimos en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez este país creció cuatro veces, porque las cifras no mienten. Por eso es que las cifras económicas son importantes: ¡cuatro veces! O sea, no se puede tapar una realidad económica. Pregúntele a la gente si pudo trabajar, si pudo generar un ahorro: el ahorro es riqueza, en el campo y en la ciudad. Entonces, sí se pudo.

Entonces, ¿usted le aplaude a Santos su política económica? Porque le ha ido bien, ¿o no?

Pero ¿a Santos en qué le ha ido bien? Es que las cifras de Santos no son las cifras reales.

Hasta Pacho Santos decía esta semana que Santos era malo en todo, “a excepción de su política macroeconómica”.

Política macroeconómica... si aquí nos dedicamos, otra vez, a exportar la materia prima, lo extractivo: petróleo, gas, minería. Dígame qué más de la industria nuestra. Ojo que la industria, que es donde hay transformación de materia prima, donde hay una cadena productiva de transformación del producto inicial al final, es lo único que mide la riqueza de una sociedad. Y aquí viene en destrucción la industria. Y agreguemos a eso el campo, que se supone que es lo más primario que tenemos, porque finalmente se está haciendo una producción económica sin transformación, que también está mal. Yo no creo que a Santos le haya ido bien, yo creo que aquí hay mucho maquillaje de cifras. No sólo en la economía. Mire la educación, eso es una vergüenza.

Por sus posturas, me imagino que es católica.

La gente cree que yo soy católica, apostólica y romana. No, yo creo en la libertad religiosa.

Pero, ¿asiste a alguna iglesia?

No, yo no soy practicante, pero leo la Biblia, creo en Dios. A veces me invitan a orar en distintas iglesias y me gusta ir, curiosamente. Católicas y cristianas. Pero me parece que la religión se encargó de desunir la fe. Cada cual se apropió de su porción de verdad, y la verdad es sólo una. Y yo soy creyente. Para mí el testimonio de Jesús es lo más grande que hay en desprendimiento, pero en desprendimiento queriéndose a uno mismo para poder ayudar a los demás.

¿Quién es su confidente?

Puedo sonar imprudente, pero siempre oro, pido sabiduría y discernimiento, siempre. Claridad. Y creo que soy una persona que tiene alguna claridad. Que tenga un confidente, sí, hay cosas que se las consulto a mi marido (quisiera tener más cercanía), pero, por ejemplo, una persona a la que le tengo total confianza es al doctor Fernando Londoño Hoyos. No lo veo con la frecuencia que quisiera, pero es un norte.

¿Alguna historia que haya marcado su vida?

Sí, nunca resistí la película Kunta Kinte.

¿Por qué?

Porque no resisto, no soy capaz de ir a una película hoy, ni de esclavos negros, ni de judíos en la época de la Alemania nazi, no voy. Porque duro mal toda la semana, me hace mucho daño conocer la maldad humana. Prefiero ser ingenua y creer en la gente, así me engañen.

Hablando de la Alemania nazi, el portal Las 2 Orillas sacó un artículo donde la vinculan con algunos movimientos nazis de Bogotá. No sé si la leyó. ¿Qué piensa de eso?

Es una ridiculez como cualquier otra. Yo he trabajado con negros toda mi vida, ¿cómo voy a estar con los nazis? ¿Cuáles nazis? Además, los nazis chibchombianos, como les dije yo.

¿Pero leyó ese artículo que salió?

Sí, porque el periodista me llamó a preguntarme por unas pendejadas de un video mío que tenía y el video lo subí yo: una protesta que le hicimos a la canciller. De ahí se empezó a pegar gente y se pegaron varios muchachos, ¿y uno qué puede hacer si hay uno que tenga el pelo rapado? ¿Y yo qué culpa tengo? ¿Qué tal que hubiera homosexuales ahí, entonces también? Es una cosa que no tiene sentido.

Sobre las presidenciales, de los cinco que hay, si no es Óscar Iván, ¿quién?

Marta Lucía.

¿Por qué Marta Lucía?

Porque es estudiosa, trabajadora, tiene convicción. Y me parece que tiene doctrina. Lo de mujer, no, pues soy cero profemenina y cero progénero.
 

Por Juan Pablo Barrientos / periodista de La FM

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