Uno de ellos es Vann Nath, uno de los siete camboyanos que sobrevivieron a las técnicas de tortura que se aplicaban de forma metódica y sistemática en la prisión Tuol Sleng, el matadero del Jemer Rojo en el que murieron 14.000 personas.
La habilidad artística fue lo que le salvó la vida a Vann, ya que la dirección del centro se dio cuenta de sus dotes y decidió utilizarle para que plasmara en lienzos la locura propagandística del régimen de Pol Pot, el máximo líder.
Pero desde que vive en libertad, Vann plasma en sus pinturas todas las crueldades de las que fue testigo, y entre sus obras más famosas, y que no podía faltar en la muestra, figura aquella en la que escenifica a un jemer rojo arrastrando por el suelo a un grupo de prisioneros sujetos por el cuello con cadenas y con los ojos vendados.
También esta colectiva, que en 2009 será expuesta en otras capitales del mundo, recoge la percepción que tiene la nueva generación de camboyanos sobre el turbulento pasado de su país a partir de los relatos de sus familiares.
Este es el caso de Tith Veasna, una joven de 24 años que expone un montaje de alfileres clavados en fondo negro, y que simboliza el luto que no se pudo guardar por las víctimas durante el régimen, al estar prohibida y bajo pena de muerte cualquier tipo de expresión religiosa e incluso la más mínima exteriorización del sentimiento.
Todo lo que Tith sabe sobre la brutalidad de aquel régimen que duró desde abril de 1975 a enero de 1979 es producto de su interés por ese período de la historia de Camboya, que permanece excluido de los libros de enseñanza escolar y universitaria.
Para Tith el legado del Jemer Rojo todavía hoy se percibe en la notable "falta de confianza" del camboyano hacia sus conciudadanos, y en el "egoísmo", que la joven atribuye a reminiscencias de la actitud frente al miedo que la gente adoptó para sobrevivir. "Necesitamos recordar el pasado para que no se repita en el futuro", aseguró la joven.
‘El arte de sobrevivir' es el fruto del trabajo del director de la galería Meta House, el realizador cinematográfico alemán Nico Mesterharm, quien sacó adelante el proyecto tras constatar los paralelismos entre el genocidio camboyano y los perpetrados por el nazismo en Europa.
"Lo que vi la primera vez que visité Tuol Sleng me recordó Auschwitz y al empezar a trabajar con jóvenes camboyanos obtuve las mismas reacciones de distancia e incredulidad que encontré años antes con adolescentes alemanes en una visita al gueto de Terezin (República Checa)", explicó Mesterharm.
Pero la muestra va más allá de rememorar e intentar paliar los efectos del trauma que ha marcado a toda una generación de este país cuyo símbolo nacional es el antiguo templo de Angkor, una de las mayores joyas arquitectónicas de Asia.
"Esto es el nacimiento del arte contemporáneo en Camboya", aseguró la comisaria de la muestra, Lydia Parusol.
Según la experta, "históricamente, el arte camboyano se ha limitado a pintar cosas bonitas y escenas idealizadas", mientras que ahora "empiezan a romper moldes y a aprender que con el arte se puede expresar mucho más".