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Durante la Revolución industrial Joseph Marie Jacquard creó en Francia un telar que, gracias a la tecnología de las tarjetas perforadas que algunos de sus coetáneos comenzaban a desarrollar, podía crear automática y rápidamente patrones que resultaban complejos para el hilado manual, contradiciendo así las divergencias entre las técnicas estéticas del vestuario y el desarrollo tecnológico, un avance que se convertiría en uno de los antecedentes de la informática contemporánea.
La realización de un taller laboratorio conlleva un aprendizaje, incluso para quien se encarga de conducirlo, como lo confirma Amor Muñoz, artista mexicana galardonada en los premios ARS Electrónica en Austria y poseedora del New Face Award que se otorga en el Japan Media Arts Festival, gracias a su trabajo que entrelaza los discursos de la moda y la tecnología como narrativa de un espacio que se manifiesta en el vestir.
Entre hilos conductores, sensores y contactos eléctricos se forja el concepto de las prendas desarrolladas en el Laboratorio de Trajes Inteligentes de Plataforma Bogotá, un espacio que se abre a las nuevas propuestas que tratan, así como lo hace Amor Muñoz, la tensión entre la creación artística y el desarrollo tecnológico.
El trabajo que desembocó en esta utopía indumentaria responde a una organización interdisciplinar, a la labor conjunta de diseñadores de modas, artistas plásticos, programadores, ingenieros y diseñadores industriales. Se trata en realidad de un “experimento social”, como lo describe Muñoz, donde, además de la creación de una pieza estética que tiene sentido para su entorno, se debatió para llegar a un punto común en el que todos los creadores antes citados tuviesen cabida y lograran crear el concepto que se traza en los tejidos de cada una de las prendas.
La muestra, llevada a cabo el pasado 6 de marzo, ofreció un adelanto del proyecto que se gesta como primera fase de su desarrollo final, buscando llevar las cuatro prendas elaboradas durante el taller al Círculo de la Moda 2014, que se realizará en mayo. Los trajes creados en Plataforma Bogotá son un reflejo de la iniciativa de los participantes, quienes fueron escogidos por Muñoz en una convocatoria abierta en la que se tomaron en cuenta los planes de cada artista y la coherencia de sus propuestas con esta red de trabajo.
“La idea es poder generar un espacio de encuentro entre disciplinas que han tenido muy pocos en nuestra historia, como lo son el arte y la ciencia. La idea es poder ver qué pasa en un laboratorio horizontal, es decir, no hay alguien que viene a impartir conocimiento, sino gente que sabe de distintas cosas y trabaja en pro de algo”, dice Andrés Larrota, director de Plataforma Bogotá, sobre este proyecto que, así como las demás actividades que se vienen desarrollando en este espacio, busca descubrir nuevos talentos que deseen poner sus habilidades al servicio de la creación.
Según Laura Manrique, parte del equipo que desarrolló el vestido denominado SIA, una versión futurista de un traje de novia, el proceso se realizó de la siguiente manera: “Generamos un escenario prospectivo, hicimos una charla en el grupo y nos imaginamos cómo iba a ser el año 2050. A partir de ese escenario desarrollamos todas las configuraciones estéticas de cómo sería el vestido, incluyendo la parte de alta tecnología y el contraste claro con la parte clásica y romántica. Nuestra idea es que [la novia] se vea perdida en el futuro junto a esa melancolía del pasado, incluyendo el circuito como parte fundamental del bordado”. Además del vestido de novia, que posee la funcionalidad inalámbrica de controlar dispositivos de audio al mover los brazos y cuya pedrería brilla gracias a tecnología LED, el traje bautizado Fantasma abisal se construyó como un punto medio entre la narrativa local, inspirado en los fantasmas de La Candelaria, y el misterio, encarnado en los peces que habitan las profundidades marítimas. Tal como lo describe Miguel Kuan, que participó en su gestación, “por un lado abriga, debido a sus telas gruesas, y por otro, reacciona a los estímulos de la luz”. Estos estímulos provocan una reacción sonora en el vestido, cuya luminiscencia es perceptible únicamente a través de la cámara de un dispositivo móvil.
Los demás vestidos continúan demarcando la línea que se establece entre el diseño estético y la funcionalidad, como en el caso del Transfónico, que permite a su portador compartir el paisaje sonoro que despide el vestido en ondas radiales a manera de transmisor de frecuencia modulada. El último traje, Barrock and Roll, se sincroniza también con el cuerpo del individuo mediante la captación de los estímulos sonoros durante una ejecución musical, apoyado en el ambiente de la ópera en su aspecto funcional y en el estilo ecuestre, respecto a lo formal.
koastska@hotmail.com
@lacostamalvada