Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
El día de su cumpleaños, Liliana Andrade recibió un regalo que años más tarde se convertiría en la primera pieza de una empresa muy rentable. Su socia y amiga, Marcela Manrique convirtió en un moderno bolso un pendón publicitario que habían recogido juntas de las calles de Barcelona. En medio de la celebración, sus amigos elogiaron la cartera a tal punto que esta pareja de arquitectas decidió tomar más en serio este regalo.
Así nació Demano, una empresa que utiliza pendones publicitarios de museos, exposiciones y cualquier tipo de productos para convertirlos en bolsos de plásticos, canguros, maletas, sombreros, cartucheras, entre otros.
Aunque la materia prima de sus productos es considerada por muchos basura, conseguir estos pendones no ha resultado tan sencillo. Primero deben firmar una serie de convenios con los dueños de las ‘banderolas’, que es como se les llama en España a los pendones, para que aprueben su utilización. Después, contactan a los artistas que han diseñado cada uno de los pendones para pedirles los derechos de imagen de sus creaciones. Posteriormente realizan un proceso de lavado a mano de cada una de las piezas. Finalmente empiezan el proceso de diseño de los bolsos. Los patrones de sus creaciones las hacen en el programa Autocad, que aunque no es el usual, sí es el que ellas manejan.
En Barcelona se realizan aproximadamente tres mil exposiciones al año. Cada una de ellas produce 400 banderolas, esto da un estimado de 1’200.000 pendones publicitarios al año. Esta fue la cifra que alertó a esta pareja de amigas, quienes se sorprendían cada vez que veían en el piso tanto material desperdiciado.
“Queríamos hacer algo por el medio ambiente. En Europa es muy fácil promover este tipo de productos porque la gente tiene conciencia ecológica y pueden pagar 120 euros por un bolso. Mientras que en Colombia sería muy difícil vender nuestros accesorios, porque son muy costosos y no van a durar mucho tiempo, cosa que va en contra de la mentalidad colombiana.
Acá estamos acostumbrados a comprar cosas que sirvan por muchos años”, comenta Liliana. Es por eso que Demano concentra sus ventas en Europa y Asia. China es uno de los países que más demandan las creaciones de las arquitectas.
Los bolsos que se exponen en diferentes museos de España llamaron la atención de varios gerentes de las mismas empresas que producen las banderolas. Fue entonces cuando empezaron a llamarlas de estas entidades para que convirtieran no sólo en carteras, sino también en delantales, sillas y cojines sus desechos plásticos. “Al año nos contactan aproximadamente cinco empresas para que les hagamos diferentes accesorios con los afiches que ellos ya no utilizan”.
Caminando por la calles de Bogotá, su tierra natal, Liliana sueña con convertir los desechos de la capital en algo más que bolsos. “Las necesidades de los europeos son muy distintas a las de los colombianos. Acá no valdría la pena invertir tanto trabajo y dinero en accesorios de moda. Preferiría crear cosas que puedan servirles a los desplazados o que cumplan otro tipo de funciones”.
La Alianza Colombo-Francesa de Bogotá expondrá los diseños de Demano desde hoy hasta el 13 de septiembre. Después, la muestra visitará Cali.