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Carolina Rodríguez y el universo de Mange

La ilustradora bogotana Carolina Rodríguez, quien está detrás de la firma de Mange, crea ilustraciones que han dado una cara a varios proyectos musicales de la capital. La artista habla de su proceso creativo, su estilo y la autocrítica que se hace en su profesión.

Sarah Gutiérrez

01 de marzo de 2024 - 11:00 a. m.
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Mange, como se hace llamar en sus redes sociales, en estos años ha sido ilustradora para artistas musicales. Estudia en la Facultad de Artes en la U. Javeriana y me confesó que sabía que sería artista desde niña.

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Nació en Bogotá, pero creció en el municipio de Saldaña, en el sureste del Tolima. En sus tiempos libres cuando era pequeña le gustaba dibujar —ahora, se ha especializado— y allí, entre crayones y papeles, encontró su vocación de vida.

“Cuando empecé a estudiar en la universidad me di cuenta de que había una corriente que resonaba con mi interés más grande, que es el de dibujar. Ese siempre fue un lugar muy mío”, comentó Carolina Rodríguez, nombre de pila de la artista.

Me dijo, cuando la entrevisté por vía telefónica, que sus primeros pasos como una ilustradora para artistas musicales fueron una coincidencia tras otra. Varios de sus amigos y compañeros de la universidad empezaron a trabajar en sus proyectos musicales como independientes y le pedían ayuda a Mange para que le diera una identidad visual a sus temas, álbumes o EP.

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“Me di cuenta de que había una necesidad de crear contenido gráfico para artistas. Muchos de ellos estaban empezando a entender cómo funcionaba la industria. Recuerdo que mi mejor amigo tenía su proyecto Bonanza Firula y me pidió crear una portada para una de sus canciones porque así lo requerían las plataformas. Poco a poco, me fui adentrando en este mundo”.

Con el paso del tiempo, más personas se fueron acercando al trabajo de Mange, atraídos por su característico estilo, que se cruza en ocasiones con lo que ella califica de “absurdo” y por el manejo de lápices de colores, que le dan un aspecto artesanal a sus viñetas, que publica semanalmente en sus redes.

“Muchos de estos trabajos eran dibujos que hice sin que me pagaran porque eran mis amigos. A la larga, esta experticia se fue convirtiendo en flyers e identidades de algunos festivales locales”, comentó. Su trabajó ha acompañado algunas playlists, EP, canciones y álbumes de artistas como Higuita en Chanclas, Piel Camaleón, Nicolás y los Fumadores y Benjamín Walker.

“Al presentar mi portafolio, que contiene ilustraciones de cosas que amo, como las bandas, me creé el puesto como ilustradora para artistas musicales. De seguro hay varias personas que lo hacen, pero hasta el momento no he visto a nadie que se autodetermine así”, puntualizó.

Mange me comentó que sus insumos al dibujar provienen de fragmentos de su vida: fotografías, dibujos animados y su forma de ver el mundo. Ella nos invita, como espectadores, a estar presentes en pequeñas fracciones de su universo, que va creando con lápiz y papel.

“¿Cómo es su proceso creativo al trabajar con artistas?”, le pregunté. “Siempre intento mantener una relación cercana con ellos. Escuchamos el EP o la canción y anotamos que imágenes, colores y texturas se nos vienen a la mente”, respondió. “Para mí también es importante conocer cada detalle de la concepción de la producción, porque me interesa que el dibujo sea orgánico frente a su sonoridad”, explicó.

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Los cómics también representativos en el catálogo de Mange, cada uno sobre un tema independiente del otro, donde abarca temáticas como la soledad, la pertenencia, la amistad y la memoria. En algunas de estas viñetas se muestra a sí misma siendo la protagonista de su universo mientras sostiene charlas banales con personajes como Bad Bunny, Pedro Almodóvar o Anthony Bourdain.

“Tras una larga búsqueda por encontrar mi identidad como artista, encontré en el dibujo análogo una elaboración muy linda estéticamente frente a lo figurativo. Es un espacio que me permite habitar en lo absurdo”, comentó.

Su paso a la ilustración digital ha sido un trabajo de retos y adaptación, como me dijo, pues, antes, escaneaba sus dibujos y los pulía usando Photoshop, pero ahora ha explorado en otros estilos que denomino “más ilustrativos”, pero sigue fiel a su firma original. “Me desenvuelvo perfectamente en esta clase de bocetos con una textura un poco burda. Creo que me permiten un margen de error”.

“¿Se considera una persona autocrítica?”, le pregunté. “Sí, totalmente”, me aseguró. Su exigencia frente a sus creaciones está condicionada por el argumento de que siempre se puede agregar algo. Se refiere a sus trabajos como “relaciones tóxicas” que duran un mes, pero al finalizarlos se siente lista para empezar el siguiente, y en ocasiones percibe una presión invisible de publicar cada día una ilustración diferente ante la inmediatez de las redes sociales.

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“Borges decía que uno nunca termina un trabajo, sino que lo abandona. Una frase de cajón para los artistas, pero al final termina siendo algo cierto. En mi caso, los cómics tienen una lógica donde se deben terminar todas las viñetas para que tengan un sentido. Al tener el diálogo, el color y la imagen sé que están listas y las dejo ir, para no dar mil vueltas sobre el resultado”.

Por Sarah Gutiérrez

Periodista de entretenimiento. Interés por la música, la cultura, la música, los libros y el cine.sgutierrez@elespectador.com

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