Tras la Cumbre de las Américas, ¿Cartagena sigue siendo el centro de miradas?
Si uno mira la historia, se encuentra que la ciudad fue un centro económico muy importante en la Colonia; hoy vuelve a serlo porque uno de los elementos claves que necesita América Latina para crecer es el comercio. La ciudad puede convertirse en un símbolo de esa búsqueda.
¿Cómo vio el mundo esta mezcla entre política y economía?
Esta fue la primera vez en que se mostró que no pueden tratarse por separado.
¿El papel que jugó Estados Unidos es muy diferente al de hace 20 años?
No creo que haya disminuido, lo que pasó fue que otros actores económicos surgieron. Es el caso de economías emergentes como Brasil, México, Colombia, Perú, Panamá y Chile. Pero no podemos olvidar que todas ellas se benefician del consumo interno de EE.UU. Hoy en día su relación no es de centro y periferia, sino de socios.
¿Cuáles son los principales?
Canadá y México, por su cercanía y conexión económica. En los últimos años se ha fortalecido la relación económica con Colombia, y la Casa Blanca está redescubriendo a Brasil con la presidenta Dilma Rousseff.
¿Cuál es el papel de Colombia en América Latina?
Estamos viendo un elemento empresarial en la mentalidad política de los líderes. Pero no hay que olvidar los problemas a atacar: pobreza y un serio retraso en infraestructura.
¿ Los estadounidenses están sintiendo la crisis económica?
Están mejor que hace cuatro años, pero aún no han salido de ella. El precio de la gasolina (US$4 por galón) se siente mucho y el desempleo sigue siendo alto. Preocupa que no haya gente capacitada para desempeñar ciertos trabajos.
¿Influirá en las presidenciales de noviembre próximo?
Por supuesto. Será una elección cerrada para cualquiera de los dos candidatos, porque la gente votará pendiente de dos graves problemas.
¿Sigue vigente el sueño americano?
Sí. He conocido meseros centroamericanos que, con su sueldo y un inglés limitado, compran tierras en su país de origen. Ellos entienden que el sistema brinda las herramientas para prosperar.
¿Cuál fue el suyo?
Me fui a Estados Unidos en 1989 y creé mi empresa, pero pude hacer las cosas que quise hacer: fui famoso, hice dinero, lo perdí por una mala administración; recuperé una parte, hice una maestría en Economía y hoy me dedico a hablar de los temas económicos y financieros.
¿Qué tan diferente es la vida en los escenarios y ante las cámaras?
Menudo era un fenómeno. No podía caminar por la calle o salir de los hoteles sin guardaespaldas. Ahora la información es mi responsabilidad, tengo que cuidar lo que digo y trabajo para una marca muy grande que se llama CNN.
¿La música tiene espacio en su vida diaria?
Estudié guitarra clásica por cuatro años y ahora trato de practicar en mi casa por lo menos una hora. Puedo tocar un tema barroco o un vals venezolano. Eso me permite desconectarme.