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Contar con un majestuoso mar de siete colores y una comunidad étnica cuyas tradiciones, lengua y orígenes tienen influencias europeas y africanas, no es el único ingrediente que hace distinto al archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Hay que sumarle, además, el trabajo que desempeñan muchos isleños quienes desde sus áreas refuerzan aspectos culturales que corren riesgo de extinción.
Es el caso de Carlos Villareal, conocido como “Jota Art”, un artista plástico (autodidacta) que plasma en superficies convencionales y no convencionales los rostros, paisajes, comidas, fauna, flora y otros elementos culturales propios de la región Insular. A los rincones que antes carecían de color, Jota les dio vida con sus particulares diseños inspirados en la comunidad raizal con la que se encontró en agosto del año 1979 cuando llegó de la ciudad de Medellín; el mismo año en que nació, en un ascensor.
“Mi vocación y amor por el arte lo heredé de mi familia por formación. Comencé a pintar desde la niñez y para ese entonces solo era un hobbie. Mi padre biológico es maestro en artes plásticas y médico cirujano; él me llevaba a museos, también me permitía tener cercanía con la escritura de grandes expones del arte, de escuchar poesía, ir a teatro, etcétera. Mi viejo ya no está activo en esa área, pero lo hace muy bien.”, dice Jota.
El paisa, quien con orgullo también se siente isleño, es administrador de empresas y deportista. “He tenido esa mezcla entre arte, los negocios, el deporte y el emprendimiento. En la parte artística comencé a trabajar formalmente hace dieciocho años porque me di cuenta del tiempo que había perdido al no explotar esa habilidad. Lo hacía por las noches para no incumplir con mi trabajo habitual y exploré hasta que fui aprendiendo cada vez más”, agrega.
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