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Probablemente uno de los placeres de la vida consista en estrenarse en algo y emocionarse con la sorpresa de las primeras veces. Este año, Cony Camelo ha disfrutado a cabalidad de estas nuevas experiencias. Debutó en el teatro con La muerte de un viajante, en el cine con la nueva película de Camila Loboguerrero, Nochebuena, y en la fotografía erótica con la portada de Playboy.
¿Por qué aceptar posar desnuda para Playboy? Sin mayores explicaciones y con una sonrisa decidida confiesa que le pareció divertido. La edición de noviembre de esta revista, que lleva alrededor de cinco meses en el mercado colombiano, es dedicada a la música y por eso le hicieron la propuesta. Cony aceptó porque le dieron carta blanca para que ella decidiera cómo quería las fotos.
Escogió el look con el que Madonna hizo el video Give it 2 me y el ambiente retro y glamuroso de los años 50. “Tenía ganas de abrir una puerta diferente y de probar algo muy sexy y sensual porque por mi personalidad, la gente no se esperaba eso de mí. Fue una sesión de todo un día. Por la mañana era la mujer más tiesa del mundo, a las seis de la tarde era toda una conejita playboy”. A pesar de que utiliza con ironía la frase de cajón del “desnudo artístico”, asevera que así quedaron las fotos: artísticas.
En el imaginario de la gente Cony de pronto sigue siendo la rebelde y la alternativa, seguramente porque la recuerdan en sus épocas de presentadora de programas musicales. “Las personas confunden rebeldía con criterio porque soy de las que dice lo que pienso”. En efecto, esta actriz con estilo propio, el que se agradece en tiempos de patrones repetidos en el medio del espectáculo, sabe lo que desea y lo que no.
Asegura que no quiere saber nada más de la presentación si no es algo que sea institucional o educativo, que son el tipo de programas que le generan interés. De hecho, en sus tiempos de estudiante como comunicadora social profundizó en televisión educativa, lo cual hizo, por ejemplo, que aceptara presentar un programa de sexo por el Canal 13 que consistía en debates entre adolescentes.
Desde su personaje como Hilda en Los Reyes, el mundo de las telenovelas le genera poco entusiasmo. No ha vuelto a aceptar papeles en este tipo de producciones (a excepción de Cámara Café, por ser un proyecto corto y puntual) pues no le interesa hacer trabajos parecidos a los anteriores y porque consumen demasiado tiempo. “La televisión es como una ruleta rusa, hay un buen proyecto entre 10. ¿Cómo saber escoger entre qué saldrá bueno y qué saldrá malo? En el cine el riesgo es igual, pero la inversión de tiempo es mucho menor y la experiencia es mucho más bonita”.
Por el lado de la música su grupo de electrónica, Näif, está en receso por el momento. Sin embargo, no deja de lado ese otro arte que ha sido tan definitivo en su vida y está encantada como programadora de la emisora de voces femeninas llamada Femina, en la plataforma de la Superestación. Esto contribuyó a que se volviera una fanática del jazz vocal cantado por mujeres como PeggyLee o Nina Simone y en el momento tiene un grupo que hace covers de jazz.
Muchas cosas nuevas aparecieron, pero definitivamente quedó atrapada por la grata experiencia de la pantalla grande. Esa será su prioridad en los propósitos del próximo año.