Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
“Perdoná que al evocarte se me pianta un lagrimón. Que al rodar en tu empedrao, es un beso prolongao que te da mi corazón” cantaba Gardel hace más de 70 años en su Melodía de arrabal. Hoy el mismo verso resuena en la voz de Roberto Aroldi, en una esquina de la 59 con 9 en Bogotá.
Este hombre, al igual que Gardel, lleva el tango en la sangre, no en vano lo define como la vida, el amor y la muerte, porque su vida es eso: “soy un hombre de tango, porque vivo y pienso las 24 horas del día en función de él”.
Amores tan profundos como este son difíciles de explicar, tal vez nacen, como el de Roberto, desde la panza de la propia madre. Pero la prueba de fuego no es que el amor nazca, sino que permanezca eternamente, indiferente al paso del tiempo.
Y precisamente esto es lo que Aroldi ha sabido hacer con ‘La Esquina del Tango’, un rinconcito en la ciudad que lucha por mantener viva la llama que seduce en las noches a los viejos y nuevos amantes, al son de los violines y el bandoneón, el piano y el contrabajo.
Roberto es un colombiano con alma argentina y viceversa, pues nació en Colombia pero se crió en tierra gaucha. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad del Rosario, tiene un programa de radio hace más de 17 años dedicado al género y ahora es quizás el mayor amante del tango que tiene nuestro país.
Además, por estos días está celebrando los 35 años de ese lugar especial que tantos enamoramientos ha visto florecer en más de tres décadas. “El tango tiene un público disímil, pues vienen jóvenes con avidez de aprender sobre el tema, pero también vienen nostálgicos cuarentones. Me atrevería a decir que el tango es un género para gente mayor, pues como dijo una de sus grandes figuras, Osvaldo Pugliese, a un chico que decía no gustarle el género: “espérate que el tango te espera”.
A una edad madura es precisamente cuando la nostalgia, las vivencias del amor y las tragedias de la vida se sienten más y el tango tiene ese poder sanador que acompañado de manifestaciones artísticas como la danza, la música, la poesía y el canto se vuelven un motivo de inspiración, casi un universo. No en vano figuras como Borges, Sábato y Cortázar se acercaron a él.
Esta casa esquinera, que según cuenta Aroldi pertenecía al ex presidente Marroquín y era el lugar donde vivían sus peones, ahora casi un siglo después es el único lugar en Bogotá que le rinde homenaje mediante un show en vivo a ese fenómeno cultural de origen popular y seductor.
“Invito a todas las generaciones a dejarse enamorar del tango, pues éste reúne y es un cúmulo de sensibilidades donde encontrás lo que querés”, afirma Roberto.