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Entre la gente de todos los colores reunida en el Zenith, una de los grandes coliseos de París, hay familias con bebés en coche (“Era la música que escuchaba en el bachillerato” dice un padre) y un par de droguitos que pegan calcomanías del nuevo sencillo de su banda. Por el escenario pasan Mala Rodríguez, Oxmo y Balojí. A las nueve, un DJ hace un anuncio de animador de feria: “Señoras y señores, tengo el honor de presentar el regreso a los escenarios franceses, al frente de Tres Coronas, del ex-cantante de La Cliqua . RRRROCAAAAA” Y a pesar de las dificultades francesas para pronunciar una “R” tan larga, los gritos son los más fuertes de la noche.
Detrás del escenario, Sebastian Rocca Uribe se pone una gorra negra que se ha convertido en su uniforme. Entre los que se preparan hay un grupo de bailarines de cumbia que ha pensado como sorpresa. “Hágale pues, la buena” le dice a Guajiro, su compañero. Antes de entrar al escenario y están rapeando.
El destino quiso que Rocca terminara siendo un ícono del hip hop francés; genéticamente hubiera debido ser pintor. Fue con una beca para estudiar arte que Francisco Rocca y Gloria Uribe aterrizaron en París en los 70. El primer hijo nació en abril del 75. Si una de sus canciones dice que “cambió sus congas por un micrófono” es porque era la Fania lo que se escuchaba en el apartamento de los Rocca-Uribe. Vivían en el Distrito 14, Sebastián prefería pasar las tardes en el 18. “Todos mis amigos se llamaban Ahmed o Mamadú” recuerda “Y como no había casi latinoamericanos me creían árabe”.
En el 80, la gira europea de Afrika Bambaataa había puesto a los hermanos mayores de sus compañeros al tanto de la existencia del hip hop. Para 1985, muchos de los Ahmed y Mamadú estaban en esa onda y llegarían a la adolescencia escuchando en Radio Nova los temas de Public Enemy y Run DMC.
El conservatorio en la tarde, los túneles de metro en la noche
Rocca y Guajiro acaban de terminar el último ensayo antes del concierto en el Zénith. Han elegido un estudio en el suburbio obrero de Vitry. Por logística y presupuesto, tienen un grupo de músicos en cada una de sus bases: Nueva York, París y Bogotá. Rocca acompaña a los músicos a la puerta. Les tomará veinte minutos regresar a París en el tren suburbano. Le pregunto a Guajiro si en Nueva York pueden vivir de ese hip hop hardcore con toques caribeños. “Guajiro : Más o menos. La guerreamos.
Rocca : (regresando) ¿Qué qué?
Guajiro : Que si vivimos de la música, preguntan.
A Rocca el rap lo ha acostumbrado a no tomar aire “Digamos que en un mundo donde las empresas que manejan el gas y la energía nuclear se han adueñado de la música, somos como el campesino que se esfuerza por cultivar un tomate natural aunque sepa que en el supermercado preferirán un producto en serie”. ¿Les han ofrecido mejores contratos si cambian su música? “Ni siquiera lo intentan. Eso es lo que Guajiro quiere decir con «guerrearla”.
El automóvil está lleno con gaitas y tambores. El paisaje cambia de banlieue industrial a una de esas ciudades-dormitorio de casas con jardines como en los pueblitos de la Florida. A lo lejos se levantan las torres en las que, con más o menos buena voluntad y éxito, se intentó acomodar a los inmigrantes y a los obreros franceses que llegaban a la Región Parisina. En las esquinas hay jóvenes que terminan la tarde escuchando música de Diam y LIM, que han reinvindicado la herencia de La Cliqua. Rocca recuerda que a la salida del colegio tenía que cuidarse de las pandillitas racistas que esperaban a quien tuviera cara de extranjero para azararlo. “Eso no se calmó hasta que los negros fueron más. No soy un rubio ojiazul, así que me fui haciendo de su lado y como nunca me gustó el rock, comencé a interesarme por el hip hop”.
Lo primero fue el graffitti. Varias madrugadas de principios de los noventa terminaron con Rocca y un par de amigos, regresando al auto del que habían bajado para trabajar toda la noche “decorando” un muro de parque o los 36 metros cuadrados de un vagón de metro. Si la policía llegaba, había que correr. Si no, la celebración era pasar el resto del día con el rap americano que pasaban por Radio Nova. “Yo oía eso y me volvía loco. Quería ser como el tipo que cantaba, pura formación de calle”.
Sin embargo pasaste por el conservatorio...
Por la insistencia de mis tíos. Me pusieron a estudiar armonía y hasta violín, pero todavía tengo que silbar una melodía o tocarla en el piano para que alguien me la transcriba. Lo que tenía en la cabeza era el hip hop.
Con el hip hop en la cabeza, Rocca se hizo amigo de un tipo que había ganado un tornamesa en un concurso. Se hacía llamar Daddy Lord Clark. Antes de los 18, lograron hacer algunas apariciones en su admirada Radio Nova. Lo que Rocca ahorró en dos años de toques mal pagos lo gastó en un pasaje a Nueva York. Cuando volvió a París había escuchado un montón de hip hop que nadie conocía. Su siguiente escenario fueron las bloc parties de La Chapelle, un terreno bajo las líneas del metro elevado. Rocca era el más joven de los MCs que se presentaban en ese lugar.
Allí “Gallegos”, otro amigo de calle, le habló de La Cliqua, lo más importante que le había pasado al rap francés mientras Rocca estaba en Nueva York.
Las malas compañías, las buenas amistades
Se sabe que los fundadores de La Cliqua fueron los tipos de Arsenal Records, que el primer MC fue Daddy Lord y que entre los inversionistas había productores musicales, criadores de pitbulls y miembros de los Dragons, la pandilla negra de París. La idea era agrupar los mejores breakdancers, músicos y grafitteros. El casting se hizo en la calle. Al final eran necesarios ocho carros para mover toda la banda. A fuerza de verlos tocar en todas las ciudades del norte cercano de París, en menos de un año todo mundo estaba pidiendo en la radio los temas del colectivo.
La primera compilación, Conçu pour durer, apareció en el 95. El EP de treinta minutos les permitó subir a escenarios de Bélgica y Canadá y abrir para Afrika Bambaataa en Nueva York. El sencillo más pedido fue Comme une sarbacane. La crítica musical, que comenzaba a interesarse, festejaba la fluidez del tema y la inteligencia de la letra. La voz era del menor de los cuatro cantantes principales de La Cliqua, el colombiano que rapeaba en francés.
La eleccción natural para el primero miembro de La Cliqua que debía grabar un disco solista era Daddy Lord, pero entonces, cuando gracias a la película La Haine el hip hop francés saltaba a los círculos intelectuales donde nunca había pensado estar, a Daddy le dio por dedicarse al boxeo semiprofesional. Entre deux mondes apareció en 1997 y vendió cien mil copias. La carátula mostraba a Rocca en primer plano. El fondo era una figura precolombina sobre el cielo de París.
Rocca-Cliqua, Rocca-Solista
Chatêlet-les-Halles es la estación de metro más grande del mundo. Cada viernes en la noche se dan cita allí decenas de grupos de decenas de amigos unidos hip hop. Los más veteranos, los anciens, ni siquiera salen. Les basta bajarse para encontrar a los demás, hablar un par de horas y tomar el tren de regreso. Rocca dice que no hubiera imaginado que el centro de París estaría lleno de almacenes de indumentaria hip hop. Entramos a un Starbucks. La cuenta está por los veinte euros, pero el cajero es un caleño o tulueño que nos escucha hablar en colombiano y nos cobra como si sólo hubiéramos pedido dos tintos.
Luego de ‘Entre Deux Mondes’ llevaste en paralelo La Cliqua y tu carrera solista
En La Cliqua habíamos vivido y peleado juntos. La gente venía de movidas duras pero veía el hip hop como una vía para sacar algo bueno. Las cosas cambiaron cuando el bistec estuvo sobre la mesa y todos quisieron meter muela no de la manera más honesta. En el 99 hicimos un pacto. Discos Barclay nos ofrecía lo suficiente como para que cada uno hiciera sus cosas. Dijimos “Vamos a hacerlo bien. Al menos nos quedará la plata”. Fue una lástima que el dinero nos separara como había pasado con el hip hop americano cuando la industria se dio cuenta que más fácil que matar a los cantantes, era matarles la rebeldía con dólares.
Pero musicalmente hay una diferencia entre el hip hop americano y el francés...
Los dos son música de inmigrantes, pero allá llegaron como esclavos hace siglos y formaron su cultura. Aquí no están cortados de África, tienen su familia allá, le envían dinero y por eso la manera de pensar africana está viva. Allá hay un mensaje de éxito, que fue lo que degeneró en el hip hop de millonarios. Aquí es de rebelión; Mi primer disco se llamó “Entre dos mundos” porque me sentía entre la cultura colombiana y la cultura parisina, que no es la misma francesa.
¿Cuál es esa cultura parisina'?
África.
¿Y si estabas tan atado a África-París, por qué te fuiste a Nueva York?........
Dos raperos en Corona Avenue.
La errancia de Guajiro entre Bogotá y Nueva York, le había durado hasta los doce años. Desde entonces vivió en el barrio Gaitán; pero con la mayoría de edad regresó al norte a hacer “trabajos de inmigrante”. La meta era pagarse el disco donde quería meter lo que había aprendido rapeando en los buses con los parches del Sur de Bogotá. En algún momento le comentó la idea a Lorenzo Rocca, que le dijo que en París su hermano hacía algo parecido. En el siguiente desembarco de Rocca en Nueva York estaban improvisando juntos. En el cuadernillo de Elevation, el álbum solista de Rocca en el 2001, podía verse una fotografía de los dos. El pie de foto decía: “Próximamente, Alma y Dolor, el primer álbum de Tres Coronas"
El álbum no se llamó así, pero el grupo quedó establecido. Rocca haría un último álbum en francés, Amour Suprème, que terminó en el 2002; pero cuando Gloria Uribe mostraba a sus amigos que era su hijo el que aparecía en los afiches de los corredores del metro, ya él se había instalado del todo en Brooklyn.
Ahora vive a seis calles de la casa de Guajiro. A tres calles del estudio donde trabajan casi todas las noches. Cerca de Corona Avenue. Rocca dice que le gusta el verbo “coronar” en colombiano “cumplir una meta” que su grupo se llama así porque ha coronado/corona/coronará en Estados Unidos, Suramérica y Europáfrica. Que el número “tres” no tiene nada que ver con los tres MCs que hicieron parte de Nuestra Cosa, el primer álbum del grupo. “Mi parcero es Guajiro. Hemos trabajado juntos desde hace casi diez años. Reychesta ni existía en esa época” dice Rocca.
Ya que lo mencionas...
Cuando vine a Francia a hacer la gira de Elevation, Poncho conoció al dominicano ese. Grabamos en el 2005. Hicimos algunos conciertos. Lo echamos porque sólo le interesaba la plata.
La muerte del disco
En los estudios Poomka de París, Rocca trabaja en la mezcla de La música es mi arma, el álbum cuyo primer sencillo se presentó a finales de Junio. Rocca saca comida de una bolsa de mcdonald's. Guajiro ha regresado a Nueva York. Sumando violines, flautas y congas, algunas canciones llegan a tener ciento cincuenta pistas. Los instrumentos se grabaron en Bogotá. Rocca dice que “el sabor de los gaiteros colombianos en Nueva York no es el mismo sabor de los gaiteros en su tierra”.
¿Se alejan de la tradición del hip hop al recurrir a instrumentos folclóricos y al no utilizar nada electrónico aparte del beat?
En la vida no he hecho otra cosa que hip-hop y el disco ya murió porque sabiendo que puedes tener una canción en Internet prefieres gastarte los dólares en mercado, pero el hip hop no se limita a un tipo que hace ruido para sus cinco parceros. Quiero hacer un álbum que suene bien. A partir de allí esta bien que sea gratis y el músico vuelva a ser como los trovadores y los jazzistas, un tipo que toca cinco noches por semana en vivo, que es capaz de subirse a un escenario y mostrar lo que es.
Rocca y Guajiro saltan al escenario del Zenith, el repertorio incluye temas de Tres Coronas, de La Cliqua y de los discos solistas de Rocca, la presentación los bailarines de cumbia y algunos invitados, todos negros y altos. Rocca es colombiano en su fisonomía al punto que nadie que en su vida hubiera visto un colombiano lo tomaría por un árabe. Tiene acento del sur de Bogotá cuando habla en español, de parisino más bien clase media cuando habla en francés. En una canción que grabó por primera vez a los viente años, dijo había llegado a salvar el hip hop de Francia. El riesgo de definirse en una canción es que se puede forzar el destino. Tres estrofas le bastan para demostrar que no ha perdido la forma.
“El reggaetón es una mezcolanza”
Guajiro: He venido varias veces a Francia y nos tratan bien, pero España me gusta más. A Colombia hemos ido menos. ¿Sí o no, Rocca, que en Colombia no aprecian lo que hacemos?
Rocca: No es que no nos aprecien. Son los empresarios.
Guajiro: Prefieren llevar a Calle 13. ¿Acá conocen el reggaetón? Yo nunca he podido entender a los que les gusta de todo.
Rocca: El hip hop choca con un público que piensa que la música latina son cosas como “Masa que mece la mesa, masa que mece la mesa”. ¿La conoce?
R.A.: ¿Es la de “Mesa que más aplauda”?
Rocca: Esa. No tenemos nada que ver con el reggaetón, una mezcolanza de ritmos de discoteca, reggae mal cantado y letras idiotas.
R.A.: Sin embargo, a ustedes los distribuye Machete, una disquera asociada al reggaetón...
Rocca: Machete es como un banco, ponen la plata y recogen las ganancias. Si alguien no ve la diferencia entre lo que yo hago y lo que hace Don Omar, la culpa no es mía.