En temporada hasta el 14 de octubre en Casa E

De Krapp para Joe Broderick

“La última cinta de Krapp”, de Samuel Beckett, con la interpretación del experimentado actor australiano Joe Broderick, es un repaso por las artes escénicas en su versión más pura. Aquí algunas contemplaciones de Camilo Carvajal, su director.

Joe Broderick, quien nació en Melbourne (Australia) en 1935, comenzó en las artes escénicas recitando fragmentos de William Shakespeare. / Cortesía Casa E

Por donde iniciemos será un camino fascinante e infinito: quizá en Australia (Melbourne), recitando fragmentos de Shakespeare; en el seminario consagrado hasta hacerse sacerdote; ensayando y grabando sermones, haciendo las veces de cura ante el púlpito; como padre y campesino en las montañas de La Calera, gestando cultivos de papa; dibujando mamarrachos —hojas y hojas llenas de caricaturas hechas de su puño y letra—, o enseñando, alertando y criticando.

Podríamos arrancar por la aventura del Ulises: nos encontraríamos con Joe Broderick en la sala de su casa, saboreando textos de Joyce, traduciendo el humor, el guiño y el detalle para nosotros, cautivos. También se podría arrancar nombrando a Camilo Torres y el libro comisionado que lo trajo hasta Colombia y que hoy cuenta con ocho ediciones: Camilo, el cura guerrillero ha sido trampolín para su pluma y para su voz. Hoy, años después, cuando hay que referirse a Camilo Torres es inevitable convocar a Joe Broderick. Tal vez por el valor de su voz, porque a riesgo de su vida no hace concesiones de su criterio, porque adular o congraciarse a costa de su opinión no pertenece a su naturaleza.

Si abrimos la puerta de El guerrillero invisible, la historia del cura Pérez, recientemente reeditada, tendremos que reconocer que Joe Broderick carga en sus labios y en sus páginas una certera lectura de este territorio que hizo suyo hace más de cuarenta años. Por el que ha trasegado como escritor, biógrafo, agricultor, caricaturista, traductor, actor y, últimamente, guionista.

Si a alguno le apetece, podría partir de Shakespeare en Colombia y llegaría hasta él como traductor y adaptador, desde su versión de Hamlet a Medida por medida, Otelo y Macbeth. Sus versiones de Shakespeare han pasado por las voces de grandes actores de este país. Ha puesto en sus traducciones el rigor del escritor al servicio del actor, permitiéndonos a nosotros, los intérpretes en la escena, tocar a un Shakespeare más latino, más cercano, más comprendido y sentido.

O conocerlo a través de Samuel Beckett, como me tocó en suerte; entre las páginas de la biografía que escribió de este autor, Samuel Beckett como tragicomedia de la vida: reconocer su genio, su sensibilidad, su carácter. Su buen humor y el profundo amor que nos une en torno a su grandeza.

Así, sin más ni menos, conocer al actor de la obra Primer amor de Samuel Beckett, un espectáculo que ha dado la vuelta al país y al mundo, traducido y adaptado por Joe mismo, y en el que Manuel Orjuela tuvo el placer de dirigir.

Finalmente podemos iniciar el encuentro conociéndolo en Casa E por nuestra versión de La última cinta de Krapp, también de Beckett, una de las piezas maestras de este dramaturgo irlandés y que tengo el placer de dirigir por error o, quizá, por coherencia: busqué a Joe Broderick años atrás solicitándole que me dirigiera como actor en esa misma obra. Hizo una pausa, sonrió y no dijo una sola palabra; días después me citó y me dijo: “Estuve pensando en tu propuesta, pero es que Krapp ¡soy yo! Mejor tú me diriges a mí haciendo de Krapp; cuando tú te tengas la edad para Krapp, yo te dirijo a ti”. Lo que quiere decir que en el año 2049, cuando yo tenga 69 años, estaremos estrenado La última cinta de Krapp bajo la dirección de Joe Broderick.

Ese es Joe Broderick. Difícilmente estas palabras puedan describirlo, o quizá sirvan de inspiración para acercarse a su obra, para acercarse al teatro y verlo en una de sus últimas y, tal vez, primeras vocaciones: la de actor.

Es muy complejo hacer recomendaciones odiosas o autoelogios publicitarios en mi calidad de director, pero aun así, y al margen de los gustos y criterios, creo que ver a Joe Broderick en el escenario es un ritual. Es una consagración de la vida ser testigo de la forma que él encuentra para mirarnos a los ojos y decirnos: “Sí se puede… y siempre se puede”.

Que sea entonces esta la oportunidad para encontrarnos en este rito por la vida. Durante cinco semanas el viejo Krapp comerá sus bananos y buscará entre sus cintas el amor perdido.

Los más cercanos y afortunados lo hemos conocido en su confesionario, como él mismo lo nombra: postrado en su sillón rojo junto a un vaso de whisky, paladeando el misterio y viéndolo festejar la vida. Hemos sabido escuchar de su voz una palabra de aliento. Así, cuando me habita el tiempo de las sombras, me gusta escuchar una de sus frases: “¡Dios está en el buen humor!”.

¡Salud!

Joe Broderick, nos vemos en el teatro.

Joe Broderick en “La última cinta de Krapp”, de Samuel Beckett. En temporada hasta el 14 de octubre en la sala Mayolo de Casa E, avenida (carrera) 24 Nº 41-69, en Bogotá. Información y boletería: www.tuboleta.com.

 

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