Desde niño se mostró inquieto y decían que era la oveja negra de la casa. ¿Qué recuerda de eso?
Recuerdo querer ser un espadachín, un Robin Hood, un pirata, un sacerdote, un astronauta, un bombero, siempre queriendo ser una persona distinta a mí.
¿Por qué alguien distinto?
Porque mi vida ha sido un intento de huir de Carlos Mario Aguirre para encontrarme con Carlos Mario Aguirre y tratar en esa medida de no pertenecerme. Todavía me estoy buscando.
¿Podría decir que cada personaje que interpreta es una cara distinta de Carlos Mario?
Sí, en alguna medida soy una caricatura de mí mismo. No soy muchos personajes y soy inmensidad de personas, trato de tener un registro alto sin lograrlo, siempre caigo en el mismo demonio o en el mismo ángel.
El Águila Descalza tiene un gran repertorio de obras teatrales. ¿Cómo prepara cada una?
No preparo las obras, ellas me preparan a mí, somos recipientes de las mismas, cada obra elige incubarse. Es cierto que existe una investigación profunda, una lectura intensa y un acopio fundamental de historias, de estrategias, de luces, de sentidos, de objetos y de cosas, de pinturas y de música para marcar una obra en el alma de un personaje o viceversa.
De todas, ¿a cuál le tiene más cariño?
Me inclino a pensar que las más queridas son las que han constituido “fracasos” en nuestra vida teatral. Obras que nos han dejado al borde del abismo, que nos han producido escozor y llanto, con las que de pronto en un momento hemos sido estigmatizados, señalados y controvertidos por contestatarios.
¿Qué tanta dosis de improvisación hay?
Las obras son cuidadosamente preparadas y precisamente eso es lo fundamental, que lo aprendido siempre aparezca como improvisado, que lo sabido siempre aparezca como desconocido. Es la gran virtud del amante: ser sorpresivo noche a noche. El público es nuestro amante.
¿Hasta qué punto combina la dramaturgia con la realidad?
La realidad es una cosa abrumadoramente bella, insoportable, alguien diría que porque todo es el paraíso en este infierno. Yo creo que me refugié en un principio en la ficción para huir de mí mismo, pero uno de mis fundamentos de la recuperación, además, de la droga y el alcohol es tratar de acentuarme y aceptar la realidad como viene.
¿Cómo describiría su forma de hacer humor?
Antes que nada, yo hago tragedia, que es el caldo de cultivo de la comedia. Lo nuestro se nutre de tragedia y de comedia, de profundidad y superficialidad, de procacidad y de brillantez, no es de una sola forma.
¿De dónde saca la inspiración para escribir, dirigir y actuar cada obra?
Del amor por Cristina.
Tiene una historia de vida marcada por los excesos. ¿Cómo logró superarlo?
Con la ayuda de Dios. Soy afortunado, estuve sumido en el alcohol y la droga. Es esa sumatoria de asuntos y la posibilidad de la renuncia, de no pecar contra la diferencia, de estribar en el vacío, de desinflar el ego, lo que me permitió iniciar, hace ya casi 25 años, una vida sin droga. Lo más importante no es en definitiva dejarla, porque todo el mundo puede hacerlo, sino que de ahí en adelante hay que construir una persona.
Si ya no toma y ya no fuma, ¿cuáles son sus vicios ahora?
Sería inmoral si lo contara.
Dicen que tiene un corazón argentino.
Siempre que voy a Buenos Aires me siento de allá. Desde chiquito, cuando perseguía a los futbolistas argentinos. Empecé a descubrir la literatura y llegaron Cortázar, Borges, Alfredo Martínez, tantos, y la música argentina, Ginastera y Fito Páez y Calamaro, y entonces me jodieron la vida y nunca había ido a Buenos Aires... el tango y Gardel y toda esa joda. Cuando fui por primera vez, supe que era de allá.
Ha dicho en repetidas ocasiones que Cristina es su otro dios. Descríbanos ese amor.
La vida nuestra, los dos, cosas así son escasas. Después de casi 30 años de estar juntos, de haber pasado por éxitos y fracasos, estar con ella y saber que es lo más importante de la vida es lo más lindo que ha sucedido, de todo me podría faltar y a todo podría renunciar menos a Cristina. Me paga la entrada al mundo.
¿Cómo se mantiene un amor tan puro después de tanto tiempo y con bastantes altibajos?
Porque vivimos separados. Pero hablamos todo el día, salimos a almorzar los domingos. Ella tiene su vida y yo tengo la mía, que es fundamental en una relación. Nos casamos una vez en la iglesia del corazón hace muchísimos años, un día nos divorciamos y hace como tres años nos dijimos “nosotros por qué es que estamos separados”, y nos volvimos a casar.