Lanzó su quinto disco

“Difícil ser leyenda en un país sin memoria”: Alcolirykoz

La agrupación nació en el barrio Aranjuez de Medellín hace dos décadas y está integrada por Gambeta, Kaztro y Fazeta. Acaban de presentar “Servicios Ambulatorioz”.

Los integrantes del grupo de rap colombiano Alcolirykoz quisieron hacer en su quinto disco, “Servicios Ambulatorioz”, un homenaje a sus influencias. / Julián Gaviria

Servicios Ambulatorioz, el quinto trabajo discográfico de Alcolirykoz, es un encuentro con la historia del rap colombiano. Un viaje de 14 canciones en el que este grupo antioqueño demuestra su evolución y la del rap en el ámbito nacional, y que incluye varias colaboraciones con músicos que se han erigido como pilares del género en nuestra geografía.

Alcolirykoz nació en el barrio Aranjuez de Medellín hace dos décadas. Desde el principio, Gambeta, Kaztro y Fazeta, sus integrantes, han apostado por un sonido auténtico, una propuesta estética particular y una narrativa cargada de humor y creatividad que se mantiene alejada de los prejuicios que recaen sobre los barrios de la capital antioqueña.

Esa combinación los ha convertido en una de las caras más visible del rap en Colombia. Su trayectoria los ubica en un punto medio entre la vieja y la nueva escuela, un puente entre aquellos que le abrieron camino al rap y los que hoy están construyendo una escena que trascienda las fronteras de los barrios.

La identidad de Alkolirykoz se expresa en este nuevo registro musical. Sus integrantes conciben su música como un híbrido entre aquello que crecieron escuchando y un estilo que, simultáneamente, aprehenden de las propuestas de sus múltiples influencias.

“Vi la necesidad de hacerlo porque empecé a darme cuenta de que casi ningún grupo habla de las influencias. Todos se quieren guardar eso. Pero no sólo en el hip hop sino en la cultura colombiana. La tendencia es a hacernos los locos con lo que ha pasado, con la historia propia. Entonces empezamos a hablar de eso en las letras, de la deuda y el respeto por la gente a la que empezó esto y le tocó más duro que a uno”, dice Gambeta.

La primera colaboración que se gestó fue con La Etnnia, otro de los colectivos precursores del género en Colombia. Se sentaron a hablar y escucharon sus anécdotas: lo que les tocó, cómo se conocieron, cómo hicieron algunas canciones. “Para mí, eso fue una chimba. Ese día sentí que eso era lo que faltaba: no hacernos los locos. Como que había un muro que nos separaba, a esa época y a la de nosotros. Como si fuéramos la misma familia y ninguno se quisiera”, comenta el rapero Gambeta.

Después vino la de Rulaz Plazco, a quien ellos siempre han reconocido como su influencia directa. La canción, que incluye apartes de dos temas emblemáticos en Medellín, Niña de La Zorra y Nororiental Guazas de Tribu Omerta, se burla de esa ambigua categoría que es el género urbano. Ellos, entonces, prefieren identificarse como un sonido rural.

“Ese tema con Rulaz Plazco era como un pago por lo que le debemos. Ese loco se inventó un estilo que era coger la música guasca y mezclarla con el rap. Ha sido de las propuestas más originales y autóctonas que yo he escuchado acá y que nadie volvió a hacer”, sostiene Gambeta.

Después vino la cereza que adorna el pastel: la colaboración con Sadat X, de Brand Nubian. La intención era incluir a un rapero gringo de la década del 90, uno de esos que los hizo enamorarse del rap, pero con una condición adicional: que su sonido siguiera vigente. Y así quedó en Música para planchar: Brooklyn y Aranjuez en una misma canción.

Y por último apareció Rocca, de Tres Coronas, para rapear con Alcolirykoz sobre un beat violento acompañado de ese sample y ese tumbao salsero tan característico de Tres Coronas.

Las colaboraciones y las letras que componen el trabajo discográfico resultan ser un homenaje a los clásicos y un regaño para quienes niegan o no han explorado suficientemente el pasado. Pero también una especie de documento histórico musical que da cuenta de la evolución de este género.

“El cambio es que ahora hay mucho más acceso a cosas que antes, y sería un descaro no mejorar. Lo mínimo que podemos hacer es eso, mejorar cada vez más. Evolucionar no necesariamente es sonar como un extraterrestre para decir que esto es el futuro”, explica Gambeta.

Hoy hay mejor sonido, mejores beats, mejores flows, mejores estructuras en letras y fraseos más sólidos. Pero lo fundamental del legado, más allá de lo musical, es que ellos, los que están en esto desde el principio, han mantenido vivo el rap. “Si aquí no hubiera habido un inicio y esos manes no hubieran construido un público, no habría entrado nada, no habría gente que se hubiera enamorado del rap. Pero es como si hubieran trabajado para otros, y esos otros a veces no les reconocen lo que hicieron”, dice Gambeta.

Ese público, que se está gestando desde hace más de 30 años, cuando el rap llegó al país, es cada vez más masivo. “Lo que hizo que esto fuera un hit, fue que hicimos a todo el mundo parte de este cuento. Una amiga me decía que le parecía una chimba cuando Alcolirykoz en un concierto le hablaba a la gente y a todos les decía ‘neas’. Y es que el que paga una boleta puede ser lo que sea, pero si ya está ahí, ya es como nosotros y lo tratamos como tal. Antes nadie quería ser una nea, ahora es al revés. La gente quiere hablar nea, usar ese lenguaje, está bien. Eso se legalizó. Ahora hasta Rigo (Rigoberto Urán) dice nea. ¿Si pilla hasta donde llega el rap?”.

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